Sueños, derecho y justicia
La justicia, como consecuencia natural del Derecho, no solo es posible sino necesaria, porque sin esta interacción la humanidad se pierde en las relaciones intersubjetivas.
Una ceremonia de graduación siempre representa un momento culminante en la vida estudiantil, desde el cual se puede mirar al pasado y soñar con las posibilidades que el futuro depara. Siguiendo esta línea, el pasado viernes 2 de marzo, durante la ceremonia de graduación de estudiantes de Derecho, el hecho de que, casualmente, varios graduados eligieran enmarcar la ceremonia con la canción más conocida del musical "El hombre de La Mancha", en la versión brasileña de Chico Buarque y Ruy Guerra, me brindó la oportunidad de reflexionar sobre los sueños de Derecho y Justicia, en esos breves minutos que separan la vida académica de la trayectoria profesional.
Como bien dijo Schopenhauer en su profunda disertación sobre el establecimiento de una metafísica de la música, el acto de "hacer música" es, en esencia, una forma oculta de filosofar, porque, ciertamente, a través de la música, el alma habla y, a menudo, incluso sin saberlo, filosofa.
En esta lógica, no es sin razón que el poeta, en la primera estrofa de la canción elegida por los jóvenes graduados, nos invitara a soñar otro sueño imposible, a luchar contra el enemigo invencible y a negar en vez de vendernos, porque, entre nosotros, el Estado de Anarquía, ese Estado del que habló Kafka, no es una mera reproducción de la ficción y es más real de lo que se supone.
Mientras las palabras del juramento que acababan de recitar, comprometiéndose a luchar para que la justicia sea una consecuencia natural de la ley, aún resonaban en mis oídos, inspirado por Chico Buarque, en las breves palabras que dirigí a los jóvenes graduados a quienes ayudé a formar, los invité a soñar el sueño de José Saramago de luchar por “Una ley que respete. Una justicia que cumpla”.
No existe un pensamiento correcto fuera de la práctica testimonial que lo reafirme en lugar de contradecirlo; por lo tanto, la graduación es simplemente un punto de inflexión donde la autonomía y la responsabilidad de discernir entre Derecho y Justicia se establecen definitivamente en los profesionales, particularmente en los graduados en Derecho. Estos dos conceptos, a lo largo de la historia, han estado a veces opuestos y otras veces del mismo lado, en la búsqueda de la Justicia dentro del Derecho.
Soy de los que creen que la Ley y la Justicia no tienen por qué ser conceptos distintos o mutuamente excluyentes, y estoy seguro de que la canción de Chico Buarque, "Sueño Imposible", resume perfectamente el deseo de quienes la eligieron como símbolo de su lucha por construir una sociedad mejor, más justa, humana y fraterna, incluso en tiempos de crisis cuando "lo viejo ha muerto y lo nuevo no ha logrado imponerse".
La justicia humaniza la ley. La ley la hace efectiva. Por lo tanto, la justicia, como consecuencia natural de la ley, no solo es posible sino necesaria, porque sin esta interacción, la humanidad se pierde en las relaciones intersubjetivas.
Para concluir, rindo homenaje una vez más a todos los soñadores, licenciados en Derecho o no, parafraseando a Shakespeare, diciéndoles que si la noche de graduación es una noche de ensueño, algunos dicen que todas las noches lo son, así como otros aseguran que no todas, solo las de verano. En definitiva, eso no importa. Lo que de verdad importa no es la noche en sí, sino los sueños. Sueños que siempre soñamos, en todas partes: en universidades, colegios, cuarteles, calles, campos, obras, en todas las estaciones, dormidos o despiertos. Al fin y al cabo, como dijo Raúl Seixas, un sueño compartido es la realidad.
