La Corte Suprema de Brasil reconoce el racismo estructural y ordena revisar las políticas públicas.
Corte Suprema reconoce persistentes violaciones a los derechos de la población negra y obliga al Poder Ejecutivo a reformular el plan nacional de igualdad racial.
247 - El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil reconoció este jueves (18) la existencia de racismo estructural en Brasil y determinó que los poderes públicos adopten medidas concretas para enfrentar las violaciones históricas de los derechos de la población negra, informa el Folha de São PauloLa decisión se tomó en el juicio de un caso que discute la inacción del Estado ante la desigualdad racial, tema que venía siendo analizado por la Corte desde finales de noviembre.
El caso se analizó en el marco de la ADPF 973, una acción interpuesta por un grupo de partidos políticos que denuncia violaciones sistemáticas de los derechos fundamentales de la población negra, como el derecho a la vida, la salud, la seguridad y la alimentación adecuada, además del aumento de la letalidad de las personas negras como consecuencia de la violencia policial e institucional. La acción fue incluida en la agenda plenaria por el presidente de la Corte, Edson Fachin, en el marco del programa de la Semana de la Conciencia Negra.
El juicio comenzó con el voto del relator, el ministro Luiz Fux, quien inicialmente defendió el reconocimiento del llamado "estado de cosas inconstitucional", caracterizado por la violación generalizada y persistente de derechos fundamentales. Sin embargo, esta interpretación no prevaleció del todo. En la sesión del jueves, Fux ajustó su postura, reconociendo la gravedad de las violaciones, pero entendiendo que las medidas ya adoptadas o en curso por el Estado impedirían, en ese momento, la configuración formal del estado de cosas inconstitucional.
Esta opinión fue apoyada por los ministros Cristiano Zanin, André Mendonça, Nunes Marques, Alexandre de Moraes, Dias Toffoli y Gilmar Mendes. Según este grupo, si bien existen graves deficiencias, existe un conjunto de políticas públicas en marcha que demuestran el esfuerzo estatal para abordar el problema, aunque insuficiente.
Por otro lado, los magistrados Flávio Dino, Edson Fachin y Carmen Lúcia argumentaron que el Tribunal Supremo debería reconocer explícitamente la omisión sistémica del Estado en la lucha contra el racismo estructural e institucional. En su voto emitido este jueves, Fachin detalló los criterios necesarios para caracterizar la situación inconstitucional: violación masiva y generalizada de derechos fundamentales, persistencia de la situación en el tiempo, insuficiencia de soluciones aisladas y la necesidad de una acción coordinada de múltiples organismos estatales.
Según el presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), estos cuatro elementos están presentes en el caso brasileño. Afirmó que el país sustenta un mito de democracia racial que, en la práctica, obstaculiza la lucha contra el racismo e impide el pleno ejercicio de la ciudadanía por parte de la población negra. «Estas violaciones no son episódicas ni circunstanciales, sino continuas y resultado de un proceso histórico de largo plazo, que se remonta al régimen esclavista y a la consolidación de un imaginario de 'democracia racial' que, en la práctica, sirvió para invisibilizar el racismo, dificultar su adecuada identificación y enfrentamiento, y silenciar el debate sobre cualquier política reparadora», declaró Fachin.
El ministro añadió que este modelo fue decisivo en la construcción de una sociedad jerárquica. «Este mito fue crucial para el modelo social jerárquico que se construyó intencionalmente, ya que pretendía evitar el debate sobre el tema e inhibir la organización de la población negra para plantear demandas. Esta decisión estatal se refleja en la actual realidad socioeconómica de estratificación social», afirmó.
A pesar de los desacuerdos sobre la clasificación legal del problema, el Supremo Tribunal Federal (STF) definió medidas obligatorias. El Poder Ejecutivo debe revisar el Plan Nacional para la Promoción de la Igualdad Racial (Planapir) o desarrollar un nuevo plan para combatir el racismo institucional, con objetivos claros y plazos definidos. El trabajo debe completarse en un plazo de 12 meses y será supervisado por el Consejo Nacional de Justicia (CNJ).
En la votación que prevaleció, Luiz Fux destacó que las políticas públicas orientadas a la igualdad racial aún son insuficientes para abordar la complejidad del problema. Citó las cuotas raciales como ejemplo, afirmando que, si bien relevantes, no atacan las raíces históricas y estructurales de la desigualdad. Según el ministro, es necesario ampliar las acciones estatales a áreas como la salud, la seguridad alimentaria, la seguridad pública y la protección de la vida, además de adoptar políticas reparadoras y preservar la memoria de la población negra.
En el ámbito educativo, la decisión prevé la formación de docentes para la enseñanza de la historia y la cultura afrobrasileñas, incluyendo la cooperación con universidades del continente africano. En cuanto al sistema judicial, Fux sugirió la creación de protocolos específicos para la atención a personas negras en tribunales, ministerios públicos, defensorías públicas y fuerzas policiales.
Para contextualizar el tema, el relator ofreció un panorama histórico, desde la abolición de la esclavitud hasta las consecuencias actuales de la ausencia de políticas de reparación. «Las generaciones posteriores a la abolición han quedado atrapadas en un ciclo de pobreza derivado de la persistente incapacidad del Estado para promover condiciones favorables para el progreso social de los menos favorecidos», afirmó Fux.
La decisión del Supremo Tribunal Federal consolida, a nivel institucional, el reconocimiento de que el racismo estructural sigue produciendo efectos profundos en la sociedad brasileña e impone al Estado la obligación de enfrentar esas desigualdades de forma coordinada y continua.


