Tijolaço: ¿Qué va bien, Temer?
El editor de Tijolaço, Fernando Brito, señala que «en Buenos Aires, el Sr. Michel Temer no dudó en copiar los versos de Vandré: 'Para decir que no mencioné flores, quiero decir que la reforma previsional va muy bien'. ¿Verdad que sí? Tanto es así que requiere la mayor operación de compra de votos en la Cámara de Diputados, que ha costado, hasta la fecha —según cálculos del intachable periódico Estadão—, la asombrosa suma de 43 millones de reales en 'bondades' con dinero público», afirma. «Temer no es solo un canalla, es una plaga que contamina todo el organismo nacional, arrastrando consigo al parlamento, los partidos, el Poder Judicial, la maquinaria pública y los medios de comunicación», afirma.
Por Fernando Brito, en ladrillo Ayer, en Buenos Aires, Michel Temer no dudó en tomar prestados versos de Vandré: "Para no decir que no mencioné flores, quiero decir que la reforma previsional va muy bien".
Lo harás, ¿no?
Tanto es así que se necesita la mayor operación de compra de votos en la Cámara de Diputados, que ha costado, hasta ahora –según cálculos del intachable periódico Estadão– la asombrosa suma de R$ 43 mil millones en "favores" con dinero público.
Las finanzas públicas, devastadas por la recesión con déficits de R$ 160 mil millones al año, deben, según él y la gran prensa, ser "salvadas" a costa de los jubilados actuales y futuros.
Además de la compra, las amenazas contra quienes insisten en rechazar el saqueo de derechos continúan a toda máquina, obligando a los partidos a imponer a sus afiliados una "votación cerrada". Pero no en palabras de Temer, quien cree que los partidos están "entusiasmados con cerrar filas eventualmente".
¿Entusiasmado? Diría que avergonzado es una mejor manera de describir lo que está sucediendo. En la semana del lanzamiento de su candidatura, el ya de por sí anodino Geraldo Alckmin tiene que soportar la amarga carga de apoyar la reforma, ganándose, como premio, la imagen de "candidato de Temer" y, para desesperación de los "cabezas negras" del PSDB, manteniendo al PSDB en el gobierno.
Todo va tan bien que Temer necesitó movilizar al "hombre de Cunha", Carlos Marun, para que aporte su truculencia a las negociaciones con los diputados.
El juego sucio, por supuesto, cuenta con la complicidad de columnistas de los grandes medios de comunicación, aunque estos conservan un vestigio de vergüenza al encontrarse involucrados en una batalla junto a una compañía tan burda.
Temer no duda en anunciar que, hasta las elecciones, su política será de tierra arrasada. Anuncia que las subastas de privatización se acelerarán y que venderá Eletrobras en pleno proceso electoral. Ante su falta de apoyo en el Congreso, sus agentes incluso hablan de una venta al por menor, como una liquidación para liquidar su gobierno.
La privatización enfrenta resistencia en la Cámara de Diputados y el Senado, incluso por parte de la propia base del gobierno. "Si no se concreta, venderemos las plantas una por una", declaró a Folha Wilson Ferreira Júnior, designado por Temer para liquidar la empresa.
Temer no es sólo un sinvergüenza, es una plaga que contamina todo el organismo nacional, arrastrando consigo al Parlamento, a los partidos, al Poder Judicial, a la maquinaria pública y a los medios de comunicación.
Quien permanezca cerca de él llevará esa complicidad como una herida, quizá peor que la que Sarney dejó en hombres como Ulisses Guimarães y Aureliano Chaves, reducidos a meras baratijas en las elecciones de 1989.