Tijolaço: Temer es un canalla, pero cuánto duele.
De desvergonzado, el hombre que nos preside ha pasado a la categoría de mentiroso descarado que se burla hasta de las personas más mínimamente inteligentes al decir que "no sabía" de quién era el avión en el que él, su esposa y los sirvientes iban y venían de Comandatuba, con la evidente intención de negar lo obvio: que su relación con Joesley Batista es cercana, íntima y de larga data; lea el artículo de Fernando Brito.
Por Fernando Brito, editor de ladrillo
Como escribí antes, lo que podría haber sido meramente un problema ético —un vicepresidente de la República utilizando favores de viajes aéreos de un megaempresario— se convirtió en un desastre moral cuando Michel Temer empezó a mentir para ocultar el viaje en jet privado con su esposa y comitiva a un resort de lujo en Bahía.
De desvergonzado, el hombre que nos preside ha pasado a la categoría de mentiroso descarado que se burla hasta de las personas más mínimamente inteligentes al decir que "no sabía" de quién era el avión en el que él, su esposa y los sirvientes iban y venían de Comandatuba, con la evidente intención de negar lo obvio: que su relación con Joesley Batista es cercana, íntima y de larga data.
Por mucho que finjan, ya sea el Congreso diciendo que aprobará las reformas o el “mercado” diciendo que hay una recuperación económica, nada puede impedir que un país sin gobierno, como estamos hoy, se deslice hacia el caos y la degradación.
Los periódicos de mañana aquí serán una vergüenza, llenos de la vulgaridad de los viajes ocultos, negados y repudiados, con los sórdidos detalles de las flores para Marcela y de lo mucho que al microbio-macrobio le molestó la galantería.
No tenemos una rata en el gobierno, tenemos un ratón.
Peor aún, sin embargo, serán los artículos en periódicos extranjeros que retratan una caricatura de Brasil, con gobernantes de pacotilla y con el poder real ejercido por los dictadores del poder financiero. Por ahora, porque las estructuras improvisadas crujen por la decadencia y advierten al público de los necios que, si no se derrumban, permanecerán como un artefacto improvisado de quinta categoría que aprisiona a uno de los países más grandes del mundo.
Pero aún ante todo esto, la jauría policial-judicial no se detiene a mirar a dónde nos ha conducido, tan enloquecidos en sus sueños de destrucción fanática, en su moralismo hipócrita, porque no puede ser moral, ni honesto, ni honorable destruir un país y condenar a su gente a vivir en un caldero de privaciones y odio.
Fueron incitados por los medios de comunicación y el PSDB. El PSDB está siendo devorado —Sérgio Machado fue profético al decir que Aécio sería el primero en ser devorado— y los medios seguirán derramando lágrimas de sangre, como en el período posterior a 64, cuando los perros invaden las redacciones, acaban con las libertades e imponen el orden que desean en sus decisiones: aquellas que no se discuten, sino que se obedecen.