Un experto en medicina complementaria señala la inercia de los planes de salud durante la pandemia.
"La lucha contra la pandemia debería haber sido coordinada entre las acciones de los sectores público y privado", afirma Marcos Patullo, abogado especializado en derecho sanitario.
Por Paulo Henrique Arantes, para 247 La lucha de los profesionales de la salud contra la pandemia de Covid-19 y la negación gubernamental careció del apoyo que podría haber sido decisivo a su favor y a favor de la vida de millones de brasileños. Las aseguradoras de salud no mostraron ninguna sensibilidad ante la gravedad de la nueva realidad sanitaria. El sector complementario de la salud ni siquiera intentó colaborar ante las circunstancias excepcionales, permaneciendo socialmente inerte y centrado en los aspectos comerciales de la prestación de sus servicios.
“Las aseguradoras de salud podrían haber sido más proactivas, por ejemplo, en lo que respecta a las pruebas de detección del coronavirus, un tema que generó considerable controversia al inicio de la pandemia, ya que la ANS (Agencia Nacional Suplementaria de Salud) solo incluía pruebas PCR en su lista de procedimientos, no pruebas serológicas. Esto fue objeto de una acción civil pública y, posteriormente, de una audiencia pública, tras la cual la Agencia determinó la inclusión de las pruebas serológicas”, recuerda Marcos Patullo, abogado especializado en derecho sanitario e investigador del Cepedisa (Centro de Estudios e Investigación en Derecho Sanitario).
“La gran mayoría de las pruebas de Covid no fueron cubiertas por los seguros de salud”, denuncia Patullo. Señala que, hasta octubre de 2020, solo el 7% de las pruebas de Covid-19 habían sido realizadas por aseguradoras, mientras que la negativa a realizarlas generó quejas de pacientes ante la ANS (Agencia Nacional de Salud Complementaria). “El sector de la salud complementaria podría haber actuado con mayor diligencia en materia de pruebas, no solo facilitando el reembolso de estos exámenes, sino principalmente facilitando el acceso de los beneficiarios a las mismas, sin recurrir a negativas injustificadas”, afirma.
Patullo afirma conocer casos de pacientes que tienen dificultades para encontrar una prueba de Covid-19 dentro de la red de su proveedor de seguro médico, además de planes que requieren un informe médico detallado para realizar la prueba, una práctica que en la práctica impide que el beneficiario se someta al examen, que es un procedimiento urgente.
“Las aseguradoras de salud deben ser conscientes de que el seguro médico complementario forma parte de una política pública más amplia; deben saber que son parte del sistema de salud, que debe entenderse como un todo. La lucha contra la pandemia debería haber sido coordinada entre las acciones de los sectores público y privado”, afirma Patullo, candidato a doctorado en el Departamento de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina de la USP.
Esta semana, la ANS (Agencia Nacional de Salud Complementaria de Brasil) anunció que los planes de salud individuales tendrán un ajuste negativo en 2021, lo que significa que el precio mensual disminuirá un 8,19% debido a una baja en las reclamaciones (en 2020 hubo un aumento del 8,14%). Sin embargo, menos del 20% de los planes de seguro de salud en el país son individuales. Los planes colectivos, por su parte, ajustan sus precios libremente, sin ninguna regulación. “Los contratos colectivos no están regulados; la ANS no controla el ajuste de los planes colectivos. Este índice negativo que publicó la Agencia terminó por revelar la realidad de dos mercados que operan de maneras completamente diferentes: por un lado, el mercado de planes individuales, que está regulado; por otro, el mercado de planes colectivos, que opera de manera no regulada y ha aplicado aumentos del 15%, 16% e incluso 20% a las cuotas mensuales”, explica Marcos Patullo.
Según la legislación, los planes de salud colectivos deben negociar sus ajustes anuales entre las partes contratantes en función de dos factores: la inflación (ajuste financiero) y la siniestralidad, que se mide mediante un índice que relaciona los ingresos por cuotas mensuales y los gastos incurridos con las prestaciones en un periodo determinado. La ANS (Agencia Nacional de Salud Complementaria) es responsable de definir los ajustes para los planes individuales y de supervisar, no de definir, la aplicación de los ajustes para los planes colectivos; en este último caso, la permisividad de la Agencia hacia los operadores es evidente.
El sector de la medicina complementaria parece estar por encima de la ley. Una clara muestra de ello es que adeuda 2,9 millones de reales al SUS (Sistema Único de Salud) y no los ha pagado, según se informó en la prensa esta semana. El reembolso al SUS está estipulado en la Ley 9.656 de 1998 y se creó para equilibrar las cuentas del sistema público y evitar que los operadores obtuvieran doble beneficio: con las cuotas mensuales cobradas y sin invertir en la atención al cliente cuando estos recurren al sistema público.
