Estados Unidos está intentando politizar el Covid-19 con una teoría sobre una "fuga de laboratorio".
“Estados Unidos está politizando el rastreo del origen del nuevo coronavirus”, declaró recientemente Michael Ryan, director del Programa de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La comunidad internacional también ha criticado a Washington por revivir la obsoleta teoría de la “fuga de laboratorio”.
Radio Internacional de China - Hace un año, el departamento de inteligencia estadounidense ya había anunciado que coincidía con el consenso científico de que el nuevo coronavirus no fue creado artificialmente ni modificado genéticamente. Tras varias investigaciones realizadas en China, la OMS también emitió un informe en marzo de este año, indicando que es extremadamente improbable que la COVID-19 provenga de un laboratorio e infecte a personas.
Sin embargo, el 26, el presidente estadounidense Joe Biden ordenó al departamento de inteligencia que investigara el origen del nuevo coronavirus y presentara un informe en un plazo de 90 días. Esta es una decisión absurda. Científicos de todo el mundo llevan más de un año trabajando y aún no han podido descubrir el origen del Covid-19. ¿Cómo es posible que el departamento de inteligencia estadounidense descubra la verdad en tan solo tres meses?
Además, Michael R. Gordon, excorresponsal militar jefe de The New York Times, publicó un artículo que menciona el laboratorio de Wuhan. Cabe recordar que fue él quien reveló la información de que Irak poseía armas de destrucción masiva, lo que llevó a Estados Unidos a iniciar la guerra contra Irak.
Estados Unidos hará cualquier cosa que pueda difamar o dañar a China, porque Washington considera a Pekín su mayor adversario.
Durante el último año, China no solo ha controlado eficazmente la propagación de la epidemia, sino que también ha impulsado la recuperación de su economía. Además, el país ha proporcionado materiales y vacunas antipandémicas a otros países.
El gobierno de Estados Unidos ha cometido muchos errores en el control de la pandemia y está aplicando el nacionalismo de las vacunas, lo que no sólo perjudica los intereses de sus propios ciudadanos sino que también obstaculiza la lucha contra el nuevo coronavirus en todo el mundo.
Algunos políticos estadounidenses no han reflexionado sobre sus fracasos ni se han arrepentido; en cambio, atacan implacablemente a China, intentando culpar a Pekín y aliviar su propia presión. Sin embargo, China no es Irak. Los estadounidenses deben comprender y ser plenamente conscientes de este hecho.