"Es difícil sentirse orgulloso de ser brasileño", dice Martinho da Vila en París.
En París para una actuación que celebra sus 50 años de carrera, el cantante Martinho da Vila afirma, sin embargo, que "los cambios en el mundo fueron obra de optimistas"; "Brasil siempre ha sido visto como el país del futuro. Y eso se mantuvo hasta 2010, con el gobierno de Lula. Ahora hemos sufrido un retroceso, pero sigo creyendo que lo lograremos", declara a RFI.
Por Andréia Durão, en RFI - «Los cambios del mundo los hicieron los optimistas», profetiza, a sus 81 años, el cantante de samba Martinho da Vila. Y como ocho décadas de vida no han mermado su optimismo, este es el mensaje que transmite en su gira europea, con la que celebra sus 50 años de carrera. Tras pasar por Irlanda y Portugal, Martinho llega a Francia, donde actuará este viernes 17 en La Cigale, en París. En el programa, grandes éxitos y canciones de su nuevo CD, Bandeira da Fé.
El artista explica que la "fe" en el título del nuevo álbum no tiene connotación religiosa, sino más bien la idea de "creer que las cosas pueden cambiar". "El pesimista no hace nada, no tiene fe. Yo soy positivo y creo que Vasco da Gama, a pesar de estar en el último lugar del Campeonato Brasileño, será campeón de este torneo", afirma el cantante, dando un gran ejemplo de pensamiento positivo.
Pero el nuevo álbum de Martinho no se centra únicamente en el optimismo. Bandeira da Fé también celebra el Carnaval, a las mujeres de su vida y la cultura negra, revelándose como un testimonio de la carrera y la vida del cantautor.
Las celebraciones en torno a su cumpleaños comenzaron el año pasado con el lanzamiento del libro "2018 - Crónicas de un año atípico", en el que Martinho relata la derrota de la selección brasileña en el Mundial, las elecciones presidenciales, el asesinato de la concejala Marielle Franco y su visita, junto a Chico Buarque, al expresidente Lula en prisión en Curitiba. Un panorama muy distinto al que el cantante de samba esperaba encontrar a estas alturas de su vida.
"Brasil siempre ha sido visto como el país del futuro. Y eso continuó hasta 2010, con el gobierno de Lula. Ahora hemos sufrido un revés, pero sigo creyendo que lo lograremos", revela, sin mostrar el menor desánimo.
Ya sea en discos, en libros o en la vida misma, la samba ocupa un lugar fundamental en la vida de Martinho. Es la música de las favelas, de los marginados. Y, en su opinión, el ritmo sigue desempeñando este papel en la lucha social de las minorías. «La samba es música de sentimiento. Las composiciones más tradicionales siempre transmiten un mensaje; hablan de la realidad de la favela, del desempleo, de la vida difícil, de los problemas para mantener a la familia, dando siempre cuenta de la vida social de los brasileños», explica.
En 1974, diez años después del golpe militar, fue Martinho quien propuso Aruanã-Açu como tema para su escuela de samba, Vila Isabel. La temática giraba en torno a la tribu Carajás y la amenaza que enfrentan los pueblos indígenas. El músico lamenta que, 45 años después, la censura y esta amenaza a los pueblos indígenas hayan vuelto a la escena nacional. «Justo cuando creíamos que las cosas habían cambiado, que todo progresaba, surge una tristeza generalizada; es difícil sentirse orgulloso de ser brasileño», lamenta.
Candidato habitual a la Academia Brasileña de Letras.
A pesar de celebrar su 81 cumpleaños con buena salud, en otra gira internacional y haciendo lo que más le gusta —tocar samba, cantar y hacer bailar a los demás—, el músico aún no ha renunciado a su sueño de ingresar en la Academia Brasileña de Letras. Explica que quizá ya haya alcanzado la inmortalidad gracias al reconocimiento y la admiración de su público, pero conseguir un puesto en la academia significa garantizar la representación de la población negra en todos los ámbitos.
Como diría Candeia, un músico de samba no necesita una academia. Pero la Academia de Letras (brasileña) es importante porque necesitamos ocupar espacios, tenemos que estar en todas partes. Ya sea a nivel estatal o nacional, la imagen no representa a Brasil, porque no hay personas negras en ella —enfatiza Martinho da Vila, también escritor—.
