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Padura: "Simpatizo con Lula por todo lo que ha hecho por el país".

"Me recibieron en el Instituto Lula como a una estrella de cine... Un amigo me preguntó: '¿Pero cómo conociste a Lula?'. Le dije que si fuera brasileño, quizá no lo habría podido conocer, pero la verdad es que fui feliz. Me solidarizo con él por su historia y todo lo que ha hecho por el país", dijo el escritor Leonardo Padura, autor de 'El hombre que amaba a los perros'; lea la publicación de Miguel do Rosário en Cafezinho.

"Me recibieron en el Instituto Lula como a una estrella de cine... Un amigo me preguntó: '¿Pero cómo conociste a Lula?'. Le dije que si fuera brasileño, quizá no lo habría podido conocer, pero la verdad es que fui feliz. Me solidarizo con él por su historia y todo lo que ha hecho por el país", dijo el escritor Leonardo Padura, autor de 'El hombre que amaba a los perros'; lea la publicación de Miguel do Rosário en Cafezinho (Foto: Leonardo Attuch).

Por Miguel do Rosário. no Cafezinho

La agenda política se está volviendo demasiado pesada y temo que los lectores de Cafezinho, muchos de los cuales evitan la prensa tradicional precisamente porque no soportan su atmósfera negativa, comiencen a evitar ésta también.

Después de reflexionar sobre esto, llegué a la siguiente conclusión: nuestra postura debe permanecer serena, de buen humor y digna.

Desde el momento en que recurran a cualquier tipo de artimaña legal, habrán cometido un terrible error que empañará su historia durante mucho tiempo.

Cualquier victoria política basada en la manipulación mediática, maniobras judiciales, campañas de odio y acusaciones inventadas será una victoria sucia.

En otras palabras, será una derrota moral. Y, en consecuencia, una victoria para nosotros.

Imagínense esta sombría escena: ¿Eduardo Cunha o Aécio subiendo al Palacio Presidencial, sin haber ganado antes un proceso electoral limpio y justo?

Sin contar que la caja de Pandora se abrirá, pero ni siquiera quiero pensar en eso ahora.

A pesar de los sombríos pronósticos del blog, prefiero mantenerme optimista y creer que la democracia superará esta última serie de golpes de Estado.

La derecha padece de una ingenuidad fundamental: cree que si da un golpe de Estado y toma el poder, la izquierda desaparecerá del mapa.

No desaparecerá. Resurgirá mucho más fuerte. Seguiremos aquí, esta vez con una agenda mucho más unificada. Y tendremos la oportunidad de jubilar a todos los mediocres, incompetentes y cobardes.

A diferencia del pasado, no podrán decretar censura ni reprimirnos por delitos de opinión. Como mucho, intensificarán ligeramente la estrategia de censura judicial, como la practican Gilmar Mendes, Aécio Neves y Ali Kamel.

Pero los procesados ​​se convertirán en celebridades más que nunca.

No podrán prohibir las manifestaciones populares, ni las reuniones, ni los seminarios, ni los miles de eventos que organizaremos para discutir política.

Dicho esto, O Cafezinho pide permiso para añadir nuevas secciones al blog. No voy a seguir insistiendo en la última aventura de Gilmar Mendes.

Hablemos de literatura, de Leonardo Padura, que es un tema que disfruto particularmente porque actualmente estoy leyendo la novela El hombre que amaba a los perros.

Padura, para mí, es la prueba viviente de la victoria de la revolución cubana.

Es este el momento en que la revolución adquiere tanta confianza en sí misma que se permite otorgarle a Padura, un escritor crítico con el régimen cubano, su máximo galardón: el Premio Nacional de Literatura Cubana.

El éxito crítico y público de Padura en Cuba revela que el régimen cubano se ha vuelto más sofisticado, más abierto y más moderno.

Padura vive en Cuba con su familia y, en una entrevista con El País, dice que no tiene planes de irse.

En la misma entrevista, Padura abofetea sutilmente a aquellos derechistas que lo elogian, pensando que es otro Yoani Sánchez.

Eso no es cierto. Yoani estuvo de gira por Brasil junto a Aécio y Ronaldo Caiado.

Padura es un autor leído y apreciado por Dilma, y ​​vino a Brasil para conocer a Lula.

La presidenta Dilma Rousseff leyó y recomendó públicamente El hombre que amaba a los perros. ¿Qué significó eso para usted?

R. Me sentí halagado, por supuesto. Ella también lo recomendó a Lula, y por eso me reuní con él en São Paulo hace unos días. Me recibieron en el Instituto Lula como a una estrella de cine... Un amigo me preguntó: "¿Pero cómo lograste reunirte con Lula?". Le dije que si fuera brasileño, quizá no lo habría logrado, pero la verdad es que me sentí feliz. Me solidarizo con él por su historia y todo lo que ha hecho por el país.

***

A continuación una reproducción de la entrevista publicada en El País.

Leonardo Padura celebra el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba.

El escritor cubano critica el régimen de su país en 'El hombre que amaba a los perros'.

'Este premio es una victoria para la literatura cubana', afirma Padura sobre la Princesa de Asturias.

CAMILA MORAES, de Paraty, para El País.
11 de julio de 2015 - 20:20 BRT

El escritor Leonardo Padura (La Habana, 1955) tardó cinco años en escribir *El hombre que amaba a los perros*, una novela que narra el fin del revolucionario ruso León Trotsky y es muy crítica con el régimen socialista cubano. Mucho menos tiempo tardó en circular por todo el mundo, consiguiendo lectores, críticas positivas y premios. Incluso en Cuba, donde se esperaba que provocara no solo animosidad sino también sanciones, terminó siendo bien recibida, como una señal de los nuevos tiempos.

El libro se publicó por primera vez en España en 2009 y poco después se tradujo a varios idiomas, desde el danés hasta el griego, incluyendo el portugués. En Brasil, se publicó a finales de 2013 y ya ha vendido 50.000 ejemplares a través de Boitempo, la editorial que también publicará Herejes, la nueva novela de Padura, este año. Padura participó en el 13.º Festival Literario de Paraty. En el festival, habló junto a la escritora británica Sophie Hannah ante un público repleto de entusiastas de la novela negra, género en el que ambos son especialistas, a pesar de tener estilos diferentes.

Cada vez más vinculado al país, con el que cultiva relaciones culturales desde los años 80 y donde actualmente trabaja como columnista de Folha de S.Paulo, Padura vive un auge en su obra y por la que recibió en junio de este año el Premio Princesa de Asturias de las Letras en España.

En sus diversas colaboraciones con la prensa, incluyendo EL PAÍS, el escritor no teme expresar opiniones políticas y analizar el contexto social en el que vive. Respecto a la fase actual de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, afirma no poder predecir el futuro, pero se muestra optimista: «Me toca ver caer otro Muro de Berlín».

Pregunta: ¿Cómo fue recibida en Cuba la película El hombre que amaba a los perros?

Respuesta: En la primera reedición del libro, en 2011, se lanzó en Cuba. Fue una sorpresa para mí, pero incluso ganó un premio de la crítica, y eso fue muy importante para mí, ya que posteriormente gané el Premio Nacional de Literatura. Por supuesto, generó diferentes opiniones, desde quienes lo demonizan hasta quienes lo elogian, especialmente en las reacciones escritas. En la calle, la gente, la mayoría de las veces, me dice algo muy gratificante: me agradecen haber escrito este libro porque, de alguna manera, les ayudó a comprender aspectos de sus propias vidas que no habían comprendido hasta entonces.

P. Usted dijo una vez que la realidad que se retrata en sus libros se acerca más a la realidad real que la que encontramos en los periódicos cubanos. ¿Por qué?

R. Creo que los escritores en Cuba tenemos más espacio para ahondar en ciertas realidades y observarlas desde una perspectiva interna y crítica, según nuestros intereses y propósitos. Mientras que la prensa está mucho más cerca de la política oficial, la literatura tiene un espacio mucho mayor para la libertad, conquistado poco a poco, a lo largo de los años, con mucha lucha, debates, acusaciones e incluso intrigas. Fue un proceso que comenzó muy lentamente, inconscientemente, en la década de 80 y se aceleró en la de 90. Creo que hoy la literatura cubana tiene un espectro mucho más abierto a la hora de reflejar la realidad que la prensa.

P. También dijo que, a pesar de haber escrito once novelas, es un escritor con poca imaginación. ¿Cómo es posible?

R: Es cierto. Me cuesta mucho trabajo tener una idea para una novela, y a veces me desespero. Pero siempre hay una luz al final del túnel. Llevo dos años escribiendo guiones y me preocupaba cada vez más porque no se me ocurría nada para una novela. O se me ocurría algo y lo descartaba rápidamente. Pero es increíble, siempre me pasa lo mismo: en algún lugar de mi cabeza se me enciende una luz. Eso pasó, y recordé una historia real de un amigo y dije: "¡Pero eso es una novela!". Cambié el escenario, cambié un millón de cosas, pero la idea estaba ahí, y llegó en el momento justo.

Concibo mis libros como novelas sociales. No me importa quién mató a quién.
Su literatura se enmarca dentro del género de novela negra, pero contiene muchos comentarios sociales.

R. Concibo mis libros como novelas sociales. No me importa quién mató a quién. Empiezo a escribir mis "novelas policiacas", entre comillas, con un asesinato y un muerto, y no sé quién es el muerto. Sigo escribiendo porque me interesa crear una atmósfera, un ambiente, una historia, y luego darle la forma de una novela policiaca. Es un uso utilitario de los recursos del género, más que una novela policiaca propiamente dicha. Esto en nombre de esa perspectiva social que me interesa en toda mi literatura.

P. ¿Qué importancia tiene para usted recibir un premio como el Premio Princesa de Asturias?

R. Me sorprendió este premio, porque es uno de los grandes premios del mundo, especialmente en literatura, pero se extiende a otras categorías como deportes, ciencias, comunicación y artes, y este año premiará nada menos que a Francis Ford Coppola. Es muy satisfactorio recibir un premio que da visibilidad a mi trabajo, pero lo tomo como un reconocimiento a mi trabajo de todos estos años. Me aporta tranquilidad en muchos aspectos de la vida, pero no resuelve mi principal problema como escritor: escribir y escribir bien. Ese problema es tuyo, contigo mismo y con tu ordenador.

P. Regreso a Ítaca, que usted escribió, se exhibe actualmente en Brasil. ¿Es una película autobiográfica en algún sentido?

R. El guion es mío, en colaboración con el director Laurent Cantet y Lucía López Coll, mi esposa. Está inspirado en un episodio de una de mis novelas, titulada La novela de mi vida. Aunque toda la historia transcurre en un ático, el entorno habanero es muy importante para la película. Especialmente un barrio céntrico llamado Centro-Habana, desde donde se puede ver la parte moderna de la ciudad, la parte antigua y deteriorada, y, entre dos edificios, se puede ver el Malecón y el mar. Esta estructura es muy importante para un cubano porque muestra la ciudad como protección, como un entorno envolvente, y el mar como el principio y el fin de la ciudad y de los sueños. De posibilidades, frustraciones, esperanzas... El Malecón es la última frontera de La Habana y de Cuba, en su imaginación. Un poco como dijo Virgilio Pinheiro, en uno de los versos más citados de la literatura cubana, sobre la «maldita circunstancia del agua por todas partes».

P. Aun trabajando tanto, colaboras activamente con la prensa.

R: Sí. Pero en cierto momento me di cuenta de que le dedicaba demasiado tiempo y tuve que renunciar a algunas colaboraciones. Creo que está bien así, porque actualmente tengo diferentes espacios, con diferentes características, que me permiten hacer distintos tipos de periodismo.

P. ¿Qué importancia tiene mantener viva tu voz en los periódicos?

R. Es muy importante. Porque en literatura no se puede decir todo. Ni siquiera se pueden explicar las cosas. El periodismo funciona como complemento a una expresión que para mí es fundamental, pero que nunca está completa. En literatura, no se puede seguir el ritmo de los acontecimientos. Alguien me dijo: «En tu nueva novela, ¿vas a hablar de cómo han cambiado las cosas en Cuba, en las relaciones con Estados Unidos?». Primero, nada ha cambiado, respondo. Segundo, no tiene sentido escribir una novela que intente ponerse al día con los acontecimientos. El periodismo, sí, permite eso: hablar de lo que vives y sientes. Tengo la suerte, sobre todo, de hacer periodismo de autor, no periodismo editorial. Sé lo que es eso: el día que menos te apetece, te mandan a entrevistar a Padura.

P. ¿Cómo empezó su relación con Brasil, que hoy parece tan intensa?

R. Mi relación cultural con Brasil es muy antigua. Los años 80, cuando salimos de la universidad, fueron una época muy hermosa para el cine y la música brasileños. En los festivales de cine de La Habana, Brasil causaba sensación. Y músicos brasileños como Chico Buarque, Maria Bethânia y otros viajaban con frecuencia a Cuba. Esto intensificó una relación que también era literaria, porque había autores brasileños que me interesaban: los clásicos de generaciones anteriores, como Jorge Amado, o los más contemporáneos, como Rubem Fonseca. A partir de finales de los 90, comencé una relación editorial con la publicación de mis propios libros.

P. A menudo le piden que hable sobre Cuba. ¿Cómo ve el acercamiento entre su país y Estados Unidos?

R. Tiene que ser algo positivo. Tantos años de tensión, confrontación, agresión verbal e incluso física entre Cuba y Estados Unidos parecían una maldición. Parecía que nunca terminaría. Por eso, el 17 de diciembre, cuando anunciaron la reanudación de las conversaciones, mi esposa empezó a llorar, yo grité... Creo que es mejor que dos países estén en un estado de distensión que de confrontación. Y no hablamos de cualquier país, sino de Estados Unidos. Y nos pasa lo mismo que con México: «Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos». Es un país con el que tenemos una relación histórica y cultural rica y traumática. Y si esto puede afectar las condiciones y la calidad de vida de los cubanos, bienvenido sea. Recuerdo que mi madre, cuando cayó el Muro de Berlín, tenía casi la misma edad que yo. Dijo: «No pensé que vería esto en mi vida. Pensé que el Muro de Berlín era para siempre». Y ahora me toca a mí ver caer este otro Muro de Berlín, el que creíamos que nunca caería.

P. ¿En todos estos años usted y su esposa nunca pensaron en salir de Cuba?

R. En los 90, pensaron en irse de Cuba hasta la saciedad. Los perros estaban demasiado débiles. Pero no, nunca lo planteamos como una posibilidad real. Lo cierto es que para hacer el trabajo que hacemos, necesitamos estar en Cuba, con nuestra familia, en la casa que construimos con tanto esfuerzo, con un sentido de pertenencia cultural. Soy escritor cubano y vivo la realidad cubana como escritor.

La presidenta Dilma Rousseff leyó y recomendó públicamente El hombre que amaba a los perros. ¿Qué significó eso para usted?

R. Me sentí halagado, por supuesto. Ella también lo recomendó a Lula, y por eso me reuní con él en São Paulo hace unos días. Me recibieron en el Instituto Lula como a una estrella de cine... Un amigo me preguntó: "¿Pero cómo lograste reunirte con Lula?". Le dije que si fuera brasileño, quizá no lo habría logrado, pero la verdad es que me sentí feliz. Me solidarizo con él por su historia y todo lo que ha hecho por el país.