La bravuconería de Guedes era una forma de intimidación contra el país.
“La cuestión es si, ante el primer signo de dificultad en el proceso natural de negociación de la reforma de las pensiones, el ministro insistirá en intimidar al país, como hizo en la entrevista con la revista Veja”, señala un editorial en el sitio web de BR2pontos.
Do Puntos Br2 – Si el ministro de Economía buscaba tensión, eso es todo lo que consiguió. Tras amenazar con dimitir, una medida que Marcelo Ramos, presidente de la comisión especial de reforma de pensiones, calificó de «chantaje» y que el presidente Jair Bolsonaro rechazó rotundamente —«nadie está obligado a seguir siendo mi ministro», declaró—, Paulo Guedes cedió.
En un comunicado difundido a primera hora de la tarde, Guedes reafirmó su "compromiso total con la reanudación del crecimiento económico del país" y subrayó que "rechaza cualquier insinuación de que pueda desviarse de este propósito".
La cuestión es si, ante el primer signo de dificultad en el proceso natural de negociación de la reforma de las pensiones, el ministro insistirá en intimidar al país, como hizo en la entrevista con la revista Veja.
Tras leer declaraciones como «Me subiré a un avión y me iré a vivir al extranjero», el presidente de la comisión especial de Seguridad Social, el diputado Marcelo Ramos, fue directo al grano: «Esto roza el chantaje». En la práctica, la declaración pretende negar una posible crisis con el presidente Jair Bolsonaro tras sus polémicas declaraciones sobre el futuro de la reforma de la Seguridad Social. Y, por supuesto, calmar los ánimos en el mercado, que Guedes agitó de forma infantil e irresponsable aquel viernes 24.
El país no necesita esta inmadurez.
