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Campos Neto fue quemado por los minoristas y las fintechs cuando abrió una discusión sobre terminar con las compras en cuotas y el crédito revolvente.

La propuesta del regulador ha sido interpretada como favorable a los intereses de los grandes bancos.

Roberto Campos Neto. Foto: Adriano Machado/Reuters

247 - Las recientes declaraciones del presidente del Banco Central, Roberto Campos Neto, sobre posibles cambios en la dinámica de las tarjetas de crédito, en particular la eliminación del crédito revolving y la modificación de los planes de pago sin intereses, han generado descontento entre adquirentes, comercios y pequeños emisores de tarjetas. La propuesta del regulador se ha interpretado como una medida que favorece los intereses de los grandes bancos, en detrimento de las complejidades presentes en toda la cadena y los posibles impactos en las prácticas de los consumidores, según el regulador. reportero por Mariana Ribeiro y Álvaro Campos, de Valor Econômico.

Ejecutivos de varias empresas, que prefirieron mantener el anonimato, expresaron a Valor su insatisfacción con la forma en que se ha llevado a cabo el debate. Reconocen la necesidad de eliminar el sistema de crédito rotatorio, pero discrepan de la idea de vincular este cambio a restricciones en los pagos a plazos sin intereses. Este grupo cree que los bancos más grandes, incluido Nubank, están utilizando el debate para reforzar la narrativa histórica del sector de que los pagos a plazos sin intereses generan distorsiones en el sistema y que los riesgos recaen únicamente sobre los emisores.

El presidente del Banco Central, Roberto Campos Neto, declaró el jueves pasado que la estrategia que se está desarrollando para abordar las altas tasas de interés de las tarjetas de crédito implica eliminar el sistema de crédito revolvente. Este se reemplazaría por un plan de pago de deudas con una tasa de interés máxima del 9% mensual, acompañado de algún tipo de comisión para desincentivar las cuotas largas sin intereses. Sin embargo, en declaraciones posteriores, Campos Neto reconoció que sus declaraciones generaron controversia.

Las exorbitantes tasas de interés, con un promedio del 437% anual, del sistema de crédito revolvente han sido motivo de preocupación. Estas elevadas tasas son un reflejo directo de las altas tasas de impago de este tipo de crédito, que superan el 50%. La eliminación del sistema de crédito revolvente se considera una posible solución para mitigar este problema.

En el marco de las discusiones sobre alternativas al sistema de crédito revolvente, un pequeño grupo de participantes se ha centrado en las negociaciones, entre ellos el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, el presidente del Banco Central y los directores ejecutivos de Itaú, Bradesco, Santander y Nubank. Algunos miembros del sector señalan un posible desequilibrio competitivo derivado de este enfoque, con la presión de los grandes bancos sobre las marcas de tarjetas.

Sin embargo, existen desacuerdos sustanciales. Los grandes bancos argumentan que, en los planes de pago sin intereses que ofrecen los minoristas, asumen el riesgo crediticio, mientras que la decisión de financiar al cliente y las condiciones son responsabilidad de los minoristas. Consideran que esta asimetría socava el equilibrio del sector.

La propuesta ha generado rechazo en diversos sectores, incluyendo la Asociación Brasileña de Bares y Restaurantes (Abrasel), que apoya el fin del sistema de crédito rotatorio, pero se opone a la restricción de los pagos a plazos sin intereses. El presidente de Abrasel, Paulo Solmucci, cuestiona la necesidad de compensar a los bancos, dado que muchos de ellos obtienen miles de millones de dólares en ganancias.

La Asociación Brasileña de Internet (Abranet) también se pronunció en contra de la propuesta, alegando que generaba inquietud en el sector. La asociación afirma que los grandes bancos han intentado eliminar los planes de pago sin intereses en el pasado y ahora buscan encarecer y restringir esta opción aumentando las comisiones y reduciendo el número de cuotas disponibles.

El debate involucra una serie de argumentos complejos, incluida la competencia en el mercado de tasas de interés, la necesidad de intervención regulatoria y las implicaciones para los minoristas y los consumidores.