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El liderazgo de Itaú implosiona tras la elección del nuevo presidente.

Descontentos con el nombramiento, hace siete días, del ejecutivo Milton Maluhy para suceder al actual presidente Cândido Bracher, los dos principales ejecutivos de la institución anunciaron que están fuera de la carrera.

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Del sitio web Brasil 2 Pontos: La sucesión al codiciado puesto de CEO de Itaú daría lugar a un romance típico, un juego de vanidades y egos que moldea el mundo de los ejecutivos del mercado financiero. Con todos los clichés de este guion, incluso hubo un comunicado oficial de Itaú que afirmaba que la salida de los directores que competían por el puesto era "natural", reforzando la idea de que la alta dirección del banco pensaba principalmente en sus propios intereses. Itaú admitió, alegando la crisis corporativa como excusa, que no considera perjudicial para el negocio que sus ejecutivos se peleen entre sí y piensen, sobre todo, en sus propios intereses, poniéndolos por encima de la institución.

Lo que también llama la atención es que este tipo de ambición desenfrenada y reacciones impulsivas ante contratiempos son características de quienes trabajan en banca de inversión, como se muestra en el libro de Tom Wolfe *La hoguera de las vanidades*, un clásico sobre el ego de los ambiciosos ejecutivos de Wall Street. Este no es el caso de Itaú, que tiene entre sus clientes a la llamada "gente común", aquellos que demandan préstamos hipotecarios, cuentas de ahorro y productos de jubilación. La pregunta es: con tantas diferencias entre ellos, ¿en qué entorno tomaban decisiones los ejecutivos pensando en estos clientes?

Insatisfechos con el nombramiento, hace siete días, del ejecutivo Milton Maluhy para suceder al actual presidente Cândido Bracher, los dos principales ejecutivos de la institución anunciaron su descarte. El director general y director de ventas al por mayor de BBA, Caio David, y el director de ventas al por menor, Marcio Schettini, dimitieron tras quedar claro que habían perdido su oportunidad al frente de la institución. Hace unos meses, la vicepresidenta Claudia Politanski fue la primera en darse cuenta de que ella tampoco sería ascendida y también dimitió.

Los dos propietarios de Itaú Unibanco, Roberto Setubal y Pedro Moreira Salles, son señalados en el mercado financiero como los responsables directos de la implosión de la dirección de la institución. No lograron un consenso sobre quién sucedería a Bracher, incluso después de dedicarse al asunto durante los últimos años. Setubal se decantó por Schetini, de 56 años, mientras que Moreira Salles insistió en nominar a David, de 52. Sin consenso, se decidieron por el joven Maluhy, de 42 años, como si estuvieran eligiendo a un "tercero" para la cúpula del banco. Pero no fue así.

Otro pecado original de la sucesión en la presidencia de Itaú recae también sobre Setubal y Moreira Salles. Incluso al momento del nombramiento de Bracher como presidente de la institución, dejaron claro a los principales ejecutivos que su sucesor provendría de ese grupo restringido, despertando un espíritu autodestructivo y suicida. Inmediatamente, la promesa desencadenó un individualismo, en el que cada ejecutivo buscó fortalecerse tomando decisiones políticas personales, cuestionables desde el punto de vista de los intereses generales de Itaú. El anuncio del nombre de Maluhy el 30 de noviembre causó extrañeza en el mercado. Se comentó ampliamente entre bastidores que la nota del anuncio no incluía ninguna cita de Setubal ni de Moreira Salles, un patrón clásico en situaciones de esta importancia.

El ahora dimitido director general de ventas minoristas, Schettini, se sintió más "prestado" por la elección, ya que Maluhy había sido su subordinado. Con un estilo voluble y dinámico, era considerado uno de los favoritos para el puesto, contando con el apoyo incondicional de Roberto Setubal.

David, quien también dimitió y hasta hace poco era presidente de BBA, también dimitió tras descubrir que apoyar a Moreira Salles no le había valido un ascenso. La salida de la vicepresidenta Claudia Politanski, vinculada a Setubal, completa el panorama. Es sabido que internamente era una de las ejecutivas más sólidas del grupo, imponiendo siempre su voluntad con energía y serenidad. Fue la primera en anunciar su decisión de marcharse. 

Para Itaú, esta historia sirve de lección. Este tipo de comportamiento de los jefes sin duda marcará el estilo y la cultura de todos los ejecutivos de carrera en Itaú. En otras palabras, cada uno por su cuenta, sin espacio para valores como la amistad y el trabajo en equipo. Valdría la pena que recordaran la expresión latina: Memento Mori: recuerda que eres mortal.