Fernando Brito señala cómo Temer y Meirelles rompieron a Brasil.
Lo que el "ala política" del gobierno le está diciendo al gobierno es que aumentar la meta en R$ 20 mil millones –para llevarla al mismo nivel del año pasado– es una jugada arriesgada, porque puede forzar una nueva solicitud de aumento del déficit este año, en noviembre o diciembre, lo que dejaría a Temer completamente rehén de la presión parlamentaria sobre el presupuesto de 2018; lea el análisis del editor de Tijolaço.
Por Fernando Brito, editor de ladrillo
Tres reuniones consecutivas con el presidente y la cúpula política y económica del Gobierno, la última (¿la última?) el sábado por la noche, muestran que el reajuste de la meta fiscal, aumentando el déficit proyectado en las finanzas públicas, se ha convertido en una gran reunión de "cuentas por ajustar", donde el rigor técnico es lo de menos.
En primer lugar, porque se desconoce el monto exacto del gasto, pues ya se ha concluido que será necesario flexibilizar los recortes de gastos aplicados en marzo y reforzados el mes pasado. El aparato público no puede funcionar más allá de septiembre sin esto. El gobierno puede ordenar su funcionamiento, pero los gestores intermedios, sin fondos disponibles, dejarán de trabajar o solo fingirán hacerlo.
En segundo lugar, porque los ingresos que son seguros –o relativamente seguros– son los que han mostrado un desempeño débil, precisamente durante un período en que los planes presupuestarios preveían su recuperación.
En tercer lugar, porque los ingresos extraordinarios, que deben repetir este año el resultado "salvavidas" del programa de repatriación de capitales del año pasado –que inyectó R$ 36 mil millones a las arcas federales (además de R$ 11 mil millones a las arcas estaduales y municipales)– ni siquiera alcanzarían ese monto si todo fuera perfecto de ahora en adelante, y las señales son de que no será así: el programa Refis no avanza como el gobierno proyectaba, las subastas de hidroeléctricas pueden estar paralizadas por cuestiones judiciales y las subastas de petróleo son de pequeño valor.
Lo que el "ala política" del gobierno está diciendo al gobierno es que aumentar la meta en R$ 20 mil millones -para llevarla al mismo nivel del año pasado- es una jugada arriesgada, porque puede forzar un nuevo pedido de aumento del déficit este año, en noviembre o diciembre, lo que dejaría a Temer completamente rehén de la presión parlamentaria sobre el presupuesto de 2018.
Lo que el Tesoro le está diciendo al Gobierno es que un aumento mayor que los R$ 20 mil millones ya "tragados" por el mercado puede generar turbulencias si significa un segundo paso atrás, seguido por el antiguo "dream team" de la economía, y que eso tendrá un costo mayor que permitir que la maquinaria pública se paralice.
Entonces, el ejercicio que están haciendo ahora es tratar de encontrar espacio para reordenar lo que queda del presupuesto, quitando de unos y dando a otros, de forma que aún quede algo para que Temer negocie con los diputados en caso de una segunda acusación sólida de Rodrigo Janot.
Así es como, con ese "rigor técnico", se manejan las finanzas públicas ahora mismo, en los salones del Palacio del Planalto.