Alexandre de Moraes, Ronaldo y Lula el día en que se levantaron las sanciones.

La exclusión de Moraes de las sanciones estadounidenses es una gran victoria para la soberanía brasileña.

Gracias a la actitud resiliente de Lula al frente del gobierno brasileño, el país está superando con éxito esta prueba de fuego.

El anuncio del gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, de suspender las sanciones basadas en la Ley Magnitsky contra el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes representa una victoria histórica de la postura soberana adoptada por el presidente Lula frente a la que fue la más grave agresión directa y abierta que sufrió el país en su historia moderna.

Gracias a la actitud resiliente de Lula al frente del gobierno brasileño, el país superó con éxito esta prueba de fuego, lo que servirá de ejemplo para esta y las futuras generaciones.

Esto es lo que sucede cuando el Poder Ejecutivo está dirigido por un estadista consciente de su misión principal: defender los intereses del país y su gente.

Lula supo rechazar las sanciones en el momento adecuado, negociar cuando surgieron las oportunidades y afirmar el peso y la presencia de Brasil sin dejarse llevar por las demostraciones de poder.

También fue una gran victoria para la justicia brasileña, atacada directamente a través de Moraes, su esposa y su empresa. Las sanciones impuestas contra ellos, ahora levantadas, no solo les prohibían la entrada a Estados Unidos, sino que también les impedían tener cuentas bancarias o usar tarjetas de crédito de empresas con sede en ese país. Estas restricciones, que entraron en vigor el 10 de julio, buscaban presionar a Moraes, relator del caso de los intentos de golpe de Estado de 2022 y 2023, para que no continuara su investigación de los crímenes de Jair Bolsonaro y los demás acusados.

Alimentado por el clan Bolsonaro de traidores a la nación, el acoso inaceptable de Donald Trump al Poder Judicial no tuvo éxito.

Por el contrario, el episodio sirvió para demostrar que este Tribunal Supremo —o al menos su mayoría— no cede ante ningún intento de coerción, por amenazante que sea. El juicio por el golpe procedió con firmeza en el Tribunal Supremo, incluso bajo las sanciones, con el resultado que todos conocen. El Poder Judicial brasileño se ha convertido en un ejemplo para el mundo. Así es como deben actuar las instituciones cuando la democracia se ve amenazada. No hubo retroceso, lo cual es motivo de orgullo y aprecio para la nación.

De ahí también el ambiente de alegría general que reinó el viernes, día en que se anunció la suspensión de las sanciones, en la ceremonia de inauguración del canal SBT News. Entre otras personalidades, sobresalió la alegría del presidente Lula por la victoria que representaba el fin de las sanciones contra Moraes, así como su discurso, que enfatizó la firmeza del Tribunal Supremo y agradeció a Lula su compromiso.

Con la decisión de la Corte Suprema, su pilar, la Constitución democrática de 1988, también logró una gran victoria, cuya vigencia el imperialismo estadounidense pretendió anular mediante amenazas y fuerza.

Ahora bien, es imperativo comprender que la victoria dista mucho de ser definitiva. Se avecinan graves sanciones contra otros miembros de la Corte Suprema, ministros de Estado y funcionarios del gobierno. También hay aranceles que negociar. El mayor peligro, sin embargo, reside en las llamadas directrices de sentencia aprobadas en la Cámara de Diputados y ahora en trámite en el Senado. Se trata de una forma insidiosa de sabotear la Constitución y las leyes que sustentaron las condenas de los golpistas. Esta monstruosidad legislativa pretende vandalizar las decisiones del máximo tribunal, decisiones tomadas con el debido respeto al más amplio derecho de defensa de los involucrados.

La audacia de esta iniciativa no puede subestimarse. Defender la justicia y la democracia no puede ser tarea exclusiva de la Corte Suprema ni del Poder Ejecutivo. Mantener las condenas es el objetivo de las manifestaciones que hoy se llevan a cabo en varias ciudades contra cualquier forma de amnistía. Para romper definitivamente con la tradición golpista que marca la historia del país, es necesario castigar con todo el rigor de la Constitución a los autores del intento de golpe que culminó el 8 de enero de 2023.

Equipo editorial de avatares de Brasil 247
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