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La educación financiera fortalece el aprendizaje y prepara a los estudiantes para la vida.

Las metodologías gamificadas ayudan a las escuelas a cumplir con la BNCC (Base Curricular Nacional Brasileña) y desarrollar habilidades prácticas, socioemocionales y familiares.

REUTERS/Juan Carlos Ulate (Foto: REUTERS/Juan Carlos Ulate)

247 - La educación financiera ha cobrado relevancia en las escuelas brasileñas desde que se convirtió en obligatoria bajo la Base Curricular Nacional Común (BNCC) en 2020. Sin embargo, transformar este requisito regulatorio en un aprendizaje efectivo sigue siendo un desafío. En medio de la planificación para el próximo año escolar, educadores y administradores se enfrentan a la necesidad de ir más allá del cumplimiento formal del currículo y buscar maneras más profundas y significativas de educar a los estudiantes.

Según información de Investeendo, una startup especializada en educación financiera mediante la gamificación, la inclusión del tema en las escuelas se produjo sin la preparación necesaria. "Es muy difícil cuando una obligación se vuelve obligatoria sin una planificación previa. La BNCC (Base Curricular Nacional Brasileña) comenzó a exigir educación financiera, pero las universidades no prepararon a los nuevos estudiantes de grado para ello; prácticamente no se crearon cursos de educación continua para quienes ya estaban en el aula. Ante esto, lo que muchas escuelas finalmente pudieron hacer fue adoptar un sistema o material de enseñanza ya preparado y asignar a un profesor, casi siempre de matemáticas, para que enseñara lo que pudiera", afirma Sam Adam Hoffmann, cofundador y director ejecutivo de la empresa.

Este contexto pone de relieve que la mera presencia de la educación financiera en el currículo no garantiza, por sí sola, una formación sólida. A menudo, el contenido se aborda de forma superficial, desconectado de la realidad de los estudiantes y de las decisiones prácticas que afrontarán a lo largo de su vida. Para los expertos, la diferencia radica en considerar el tema como una oportunidad pedagógica, y no solo como una obligación legal.

Cuando se estructura adecuadamente, la educación financiera contribuye al desarrollo de habilidades que van más allá del dominio de los números y los cálculos. Implica comportamiento, toma de decisiones, planificación, responsabilidad y conciencia social. «Cuando una escuela ofrece una educación financiera verdaderamente significativa, desarrolla habilidades útiles para todos los estudiantes, independientemente de la carrera que elijan. Ya sea medicina, derecho, ingeniería o cualquier otra profesión, todos necesitan saber cómo administrar sus finanzas», enfatiza Sam. Según él, este tipo de educación se convierte en un factor diferenciador percibido por las familias, ya que demuestra que la escuela prepara a los estudiantes no solo para los exámenes de admisión a la universidad, sino también para la vida adulta.

Enseñanza lúdica y práctica

Uno de los principales obstáculos para consolidar la educación financiera en las escuelas es la falta de formación específica del profesorado. A esto se suma el predominio de las metodologías tradicionales, que a menudo no logran despertar el interés del alumnado. En el caso de la educación financiera, la limitación es aún mayor, ya que el aprendizaje depende menos de la teoría y más de las experiencias prácticas, las decisiones y las situaciones concretas.

Fue a partir de esta brecha que Investeendo comenzó a desarrollar juegos y metodologías basadas en la gamificación para la enseñanza de la educación financiera y el emprendimiento. La iniciativa comenzó con un juego físico, que aún se utiliza, y evolucionó hacia soluciones digitales, como aplicaciones instaladas en tabletas o quioscos que simulan cajeros automáticos. Estos recursos incluso permiten la creación de una microeconomía dentro del aula. Más de 6 estudiantes de Paraná ya han participado en las actividades, aprendiendo conceptos como el ahorro, el consumo consciente y el mercado de valores.

La metodología es interdisciplinaria y puede ser utilizada por docentes de diferentes asignaturas. A través del juego digital, los educadores crean misiones vinculadas a actividades pedagógicas, que otorgan a los estudiantes monedas ficticias. Estas monedas pueden canjearse por ventajas dentro del juego o por beneficios concretos, como la posibilidad de realizar una evaluación por pares. La propuesta fomenta la participación y refuerza la relación entre el esfuerzo, la recompensa y la planificación.

Con las generaciones Z y Alfa, el formato de enseñanza tradicional tiende a funcionar cada vez menos, porque ya no se conecta con la forma en que estos jóvenes se relacionan con el mundo. Por otro lado, cuando las escuelas adoptan metodologías activas, especialmente la gamificación, devuelven el protagonismo a los estudiantes, ofrecen opciones reales y crean una experiencia de aprendizaje mucho más atractiva y significativa, explica Sam.

Las escuelas como agentes de transformación social

La escuela desempeña un papel fundamental en el desarrollo humano. Gran parte de la infancia y la adolescencia transcurre en el entorno escolar, lo que influye en comportamientos, valores y perspectivas de futuro. En un país donde más de 80 millones de personas están endeudadas, según datos de Serasa, la educación financiera desde una edad temprana se perfila como una herramienta estratégica para reducir los problemas estructurales.

Además de las deudas, el auge de los establecimientos de juego y los hábitos financieros perjudiciales ha afectado a familias de todo el país. Para Sam, la educación puede cambiar esta situación al formar jóvenes más críticos y conscientes. "La educación tiene el poder de transformar el panorama del país al formar jóvenes más críticos y conscientes, y estos jóvenes pueden convertirse en vectores de desarrollo financiero y social dentro de sus propias familias", enfatiza.

Las propias instituciones educativas también se benefician de invertir en un enfoque estructurado de educación financiera. Además de cumplir con la BNCC (Base Curricular Nacional Brasileña), fortalecen los vínculos con las familias y amplían su rol social. Según el exprofesor de escuela pública, enseñar conceptos básicos de inversión no solo beneficia al alumno, sino también a su entorno familiar, que empieza a ver la escuela como un espacio que contribuye eficazmente al desarrollo de la unidad familiar, y no solo como un lugar para transmitir contenido.