Un físico abandona el aula para abrir una escuela de yoga
Rodolfo Lou comenzó a enseñar yoga mientras todavía enseñaba física y, ante la creciente demanda de los estudiantes, abrió su propio espacio.
Beatriz Bevilaqua, 247 - La práctica del yoga existe desde hace milenios, pero aún hoy sigue ganando nuevos adeptos, incluso entre los más escépticos. Rodolfo Lou, físico de profesión, es un ejemplo de cómo este arte puede transformar vidas. Cambió la enseñanza de teorías complejas en el aula por la práctica del yoga y ahora es un exitoso emprendedor en la ciudad de Santa Isabel, São Paulo. Pero su trayectoria no ha sido sencilla: ha enfrentado desafíos, estudiado administración y enfrentado los dilemas de un cambio radical de carrera.
La trayectoria de Rodolfo en el yoga comenzó cuando aún estudiaba Física en la Universidad Estatal Paulista (UNESP), cuando se percató de la interconexión entre cuerpo y mente. Desde entonces, ha profundizado en la práctica y, en 2012, decidió dedicarse a la enseñanza del yoga. Su formación incluye la USP, un posgrado en Biopsicología y una especialización en Anatomía del Yoga.
Pero convertir una pasión en un negocio requería más que conocimientos técnicos. "Solo tenía mentalidad de profesor; nunca imaginé los desafíos del emprendimiento", dice Rodolfo. Cuando empezó a enseñar yoga mientras aún enseñaba física, se dio cuenta del potencial de la práctica. Ante la creciente demanda de los estudiantes, se armó de valor para abrir su propio espacio.
Sin embargo, dirigir un negocio requería habilidades que no poseía. Para superar esta barrera, Rodolfo invirtió en cursos de finanzas, administración y estrategias de mercado. "Emprender no se trata solo de dar una buena lección. Hay todo un universo que descubrí después", reflexiona.
Según el experto, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida moderna han impactado el comportamiento de las personas. También notó un aumento en la demanda de yoga después de la pandemia. "Muchos estudiantes acudieron a mí porque pasaron por momentos difíciles durante el aislamiento. Se sentían solos y se cuestionaban demasiado. Pero al mismo tiempo, veo que la mayoría de la gente busca soluciones rápidas y les falta paciencia", explica.
Para Rodolfo, el yoga es un proceso gradual, no una solución instantánea. "No es algo que se aprende en una sola clase y ya está. Es un proceso", enfatiza. También advierte sobre la importancia de diferenciar el yoga auténtico de los enfoques comerciales y superficiales. "Desafortunadamente, hay prácticas que convierten el yoga en casi una secta. Pero el verdadero yoga es un conjunto de conocimientos antiguos basados en los Vedas. Algunas fuentes incluso señalan sus orígenes en el Antiguo Egipto".
Destaca que la práctica del yoga implica varias etapas y posibilidades, pero uno de los aspectos fundamentales para el mundo actual es el bienestar. «El primer paso es aprender a respirar, comprender el cuerpo y percibir las emociones emergentes. Además, el yoga ofrece herramientas para gestionar estas emociones de forma más saludable», explica. Para él, la práctica es un camino hacia el autoconocimiento y la transformación. «El yoga cuenta con un amplio repertorio de enseñanzas que nos ayudan a comprender y desarrollar nuestro ser».
Rodolfo prefiere limitar el aforo de sus alumnos y valora la interacción presencial en su colegio de Santa Isabel. "Durante la pandemia, utilicé el formato virtual y llegué a más gente, pero el contacto directo y el intercambio que se dan en el aula son irremplazables. En un mundo de hiperconectividad, la interacción presencial es esencial", afirma.
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