"La prisión de Bolsonaro inaugura una nueva relación entre Brasil y la ley", afirma el psicoanalista.
Luciano Elia afirma que la condena del expresidente y los generales rompe con la tradición de impunidad y marca un punto de inflexión histórico para la democracia.
247 - La detención del expresidente brasileño Jair Bolsonaro y de altos mandos militares involucrados en el intento de golpe de Estado tras las elecciones de 2022 marca, según el psicoanalista Luciano Elia, un punto de inflexión sin precedentes en la historia nacional. Estas declaraciones se hicieron en... Chat con curvasEn entrevista con TV 247, Elia argumentó que el país vive un momento muy raro, capaz de redefinir la relación institucional y subjetiva de los brasileños con la ley.
Según el psicoanalista, la confirmación de penas superiores a 20 años y el inicio del juicio contra Bolsonaro y los generales representan un acontecimiento que rompe una larga cadena de indulgencia estatal frente a las rupturas institucionales.
Al repasar la larga secuencia de golpes de Estado, intentos de ruptura y amnistías que han marcado a la República desde 1889, el psicoanalista afirmó que la convicción actual rompe un patrón profundamente arraigado. Según él, el país siempre ha vivido bajo una lógica en la que el poder militar prevalecía sobre las instituciones civiles. «En Brasil, los militares dictan la ley», afirmó, destacando la persistencia del autoritarismo armado como fuerza definitoria del Estado brasileño durante más de un siglo.
Elia cree que castigar a los implicados en la conspiración golpista —incluidos Bolsonaro y los generales condenados a más de 20 años de prisión— tiene efectos que trascienden el ámbito jurídico. Según él, se trata de una transformación simbólica significativa, capaz de alterar la relación de la sociedad con la ley. "Condenas reales, más de 20 años de prisión por delitos que las ameritan. Esto nunca ha ocurrido en el país", afirmó, enfatizando la excepcionalidad del momento.
El psicoanalista también observó que el Supremo Tribunal Federal (STF), frecuentemente criticado por decisiones controvertidas en el pasado, ha asumido ahora un rol de firme defensor de la legalidad democrática. En su opinión, el Tribunal ha llegado a ejercer una función simbólica esencial: imponer límites al autoritarismo. «Alexandre de Moraes está haciendo que la ley funcione como un límite al goce desenfrenado, un goce fascista», afirmó, destacando la importancia de evitar que sectores extremistas operen por encima de las normas constitucionales.
Elia insistió en que la gravedad de la conducta debe ser precisa. Para él, los implicados constituyen una "organización criminal", y suavizar esta caracterización sería renunciar a llamar a la realidad por su nombre. "Es necesario enfatizar que esto es un delito. Estas palabras no deben ser atenuadas", declaró.
Al abordar los intentos de atribuir la conducta de Bolsonaro a supuestos trastornos psiquiátricos, el psicoanalista rechazó cualquier tesis que utilice diagnósticos para relativizar la responsabilidad penal. Calificó de errónea la interpretación que busca explicar la conducta política a través del campo de la psicopatología. «El crimen es cosa de neuróticos», afirmó, señalando que patologizar el acto delictivo termina por desviarlo de su naturaleza y de su necesaria responsabilidad.
El impacto simbólico del castigo a los militares también fue destacado por Elia, quien discrepó parcialmente de la tesis de que los oficiales de alto rango se han vuelto políticamente prescindibles para la reproducción del capital en el país. Si bien considera plausible que no sean estratégicos para los intereses económicos, el psicoanalista ve un efecto que trasciende el análisis estructural. Para él, la imagen de generales llevados a prisión remueve la memoria colectiva y el imaginario sobre la autoridad y el poder. «Concentran a innumerables militares torturadores y golpistas», afirmó, argumentando que no debe subestimarse el efecto simbólico.
El psicoanalista concluyó que Brasil atraviesa un momento de profunda transformación, cuyos significados aún se están desarrollando, pero cuyas consecuencias serán perdurables para la democracia, la cultura política y la propia percepción social del derecho. En sus palabras, la detención de los responsables del intento de golpe de Estado no solo rompe una tradición de impunidad, sino que redefine el horizonte político e institucional del país. Ver:


