“El Congreso legisla para el agronegocio y los indígenas son las mayores víctimas de esta cruel legislación”, dice antropólogo
Lúcia Rangel analizó las cifras del Informe sobre la Violencia contra los Pueblos Indígenas en Brasil – 2023, que mostró un aumento del 15% en el número de asesinatos
247 - En 2023, el primer año del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, 208 indígenas fueron asesinados en Brasil. Esta cifra es un 15,5 % superior a la del año anterior, el último de Jair Bolsonaro como presidente, cuando fueron asesinados 180 indígenas. Los datos provienen del informe "Violencia contra los Pueblos Indígenas en Brasil", elaborado por el Consejo Indigenista Misionero (Cimi).
Como en años anteriores, los estados que registraron el mayor número de asesinatos fueron Roraima (47), Mato Grosso do Sul (43) y Amazonas (36), que representan el 39% del total.
El informe destaca que el primer año del nuevo gobierno federal estuvo marcado por la reanudación de la inspección y represión de invasiones en algunos territorios indígenas, pero que "la demarcación de tierras y las acciones de protección y asistencia a las comunidades siguieron siendo insuficientes".
Esto ha dado lugar a continuas invasiones, conflictos y acciones violentas contra las comunidades y al mantenimiento de altas tasas de asesinato, suicidio y mortalidad infantil en esta población, señala el informe.
El CIMI critica las acciones de la Legislatura contra la garantía de los derechos indígenas. El año pasado, a pesar de que el Supremo Tribunal Federal (STF) falló en contra de la tesis, el Congreso Nacional incluyó en la ley un plazo para la demarcación de tierras indígenas. Por lo tanto, los pueblos indígenas tienen derecho a ocupar únicamente las tierras que ocupaban o que ya disputaban el 5 de octubre de 1988, fecha de promulgación de la Constitución. En la práctica, la medida "pretende inviabilizar nuevas demarcaciones y abrir las tierras ya demarcadas a la explotación económica depredadora", afirma el consejo.
En entrevista con el programa Brasil Agora de TV 247, la antropóloga Lúcia Rangel, que formó parte del equipo que elaboró el informe, analizó los datos presentados en el informe y criticó la situación actual.
Lo que nos preocupa al sistematizar los datos es precisamente que en 2023 observamos una continuación de la incidencia de la violencia contra los pueblos indígenas. Estas cifras son superiores a las del año anterior. Y, evidentemente, todos deseaban que la violencia fuera menor en 2023, pero no, fue mayor. Y continuó en la misma línea: invasiones de tierras, asesinatos, descuido de la salud, muerte en la infancia.
Seguridad
La falta de una política de seguridad coordinada entre el gobierno federal y los estados fue destacada por Lúcia Rangel, quien destacó la complejidad del problema.
Mire, creo que esta desconexión entre el gobierno federal y los gobiernos estatales es una desconexión que existe. La población indígena está a cargo de la Policía Federal. Y en los estados, la policía militar es estatal. Entonces, para cuando se llama a la Policía Federal y ellos tienen el personal para ir a protegernos, la violencia ya ha ocurrido. Así que este es un problema grave", enfatizó.
El antropólogo también destacó que el actual Congreso Nacional ha perpetuado prácticas legislativas que favorecen intereses específicos en detrimento de los derechos indígenas.
Además de este problema, el Congreso Nacional siguió actuando como el gobierno federal anterior. ¿Cuántos ministros del gobierno anterior son diputados, senadores, y quiénes están legislando para mantener el marco temporal, para eliminar el derecho al reconocimiento de la demarcación de tierras, para eliminar el derecho a proteger las tierras de la minería?, preguntó.
Legislación depredadora
Lúcia Rangel destacó la influencia del agronegocio en el Congreso Nacional, al que considera uno de los principales factores que perpetúan las violaciones contra los pueblos indígenas.
Estamos bajo la égida de un poder legislativo que legisla solo para una categoría, que es la agroindustria, que son las milicias, cuando debería ser el poder más integral y colectivizador, porque legisla para la sociedad. Y los indígenas son las mayores víctimas de esta cruel legislación, destaca.
Rangel advierte que la expansión de proyectos agroindustriales y económicos en territorios indígenas supone una amenaza directa a la supervivencia y los derechos de estos pueblos, una situación que considera insostenible y urge revisar.




