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"La izquierda en las redes sociales ha adoptado a Moraes como héroe y ha abandonado el análisis frío de los hechos", dice Altman.

La búsqueda de un “héroe” en plataformas digitales dificulta el debate sobre las investigaciones que involucran al ministro y al Banco Master.

"La izquierda en las redes sociales ha adoptado a Moraes como héroe y ha abandonado el análisis frío de los hechos", afirma Altman (Foto: Cortesía | REUTERS/Adriano Machado)

247 - La reacción de sectores de izquierda en las redes sociales a noticias e investigaciones que mencionan al ministro Alexandre de Moraes ha seguido un patrón de movilización y confrontación que, según el periodista Breno Altman, reduce el espacio de análisis y aumenta la intolerancia hacia la disidencia, incluso dentro del propio campo progresista.

Altman presentó su evaluación en una entrevista con Bom dia 247, al hablar sobre el entorno digital y las controversias en torno a los informes e información relacionados con Banco Master y Moraes. Según él, parte de la izquierda comenzó a actuar desde una lógica de defensa personal del ministro, sin esperar la consolidación de los datos y sin separar la investigación periodística del juicio político.

Altman atribuyó este comportamiento a lo que denominó el "fenómeno del héroe" en redes sociales, donde las grandes controversias se resuelven eligiendo a una figura que se convierte en el foco de identificación y disputa. "Hay un furor en estas redes sociales (...) en torno a la figura del ministro Alexandre de Moraes", afirmó. Añadió: "Es normal que la gente intente resolver situaciones importantes buscando un héroe. El héroe que se encontró es Alexandre Moraes".

Según el periodista, esta dinámica genera un tipo de activismo digital centrado en la confrontación, no en la verificación de datos. «Llegó a encarnar la figura del héroe por el que la gente lucha con uñas y dientes, atacándose mutuamente (...) sin analizar fríamente la situación», afirmó. Para explicar este mecanismo, Altman trazó un paralelismo con la derecha de los últimos años: «De la misma manera que hace unos años la derecha adoptó a Sérgio Moro como héroe».

La consecuencia, según él, es la dificultad de sostener un debate que acepte preguntas incómodas y preserve los criterios periodísticos básicos. Al comentar sobre las repercusiones de las noticias, Altman insistió en que no es apropiado sacar conclusiones sin acumular pruebas: «Hay una investigación periodística en curso, ¿es cierta? No lo sé. ¿Es falsa? No lo sé. (…) desde un punto de vista periodístico, tenemos que esperar a que se esclarezcan los hechos».

En este punto, el periodista citó un dato que, en su opinión, no puede ignorarse mientras la investigación avanza. «Hay información (…) de que en el celular de Vorcaro (…) hay un contrato entre el Banco Master y la esposa de Alexandre de Moraes por un monto de 129 millones», afirmó. Y añadió, justificando por qué el asunto sigue en disputa: «Esta información (…) no ha sido desmentida ni por la esposa de Alexandre Moraes, ni por él mismo, ni por nadie más».

Altman argumentó que la polarización en redes sociales tiende a convertir cualquier mención del tema en un ataque o defensa automáticos, lo que, según él, empobrece la comprensión del caso y presiona a los periodistas. Proponiendo una prueba de consistencia de la reacción pública, afirmó: «Reemplazar a Alexandre de Moraes por André Mendonça. La misma historia. (…) ¿Y se generaría el mismo furor contra la periodista, o se convertiría en una heroína de las redes sociales?».

El periodista también señaló que los traumas políticos recientes se utilizan como único filtro para evaluar cualquier informe publicado por los medios tradicionales, lo que, en su opinión, conduce a un atajo peligroso. «Debemos ser cuidadosos con nuestros traumas, porque no podemos asumir que, con base en lo sucedido en el pasado, el presente será una simple repetición», afirmó, mencionando la historia de la Operación Lava Jato y la desconfianza en la prensa. Para él, el resultado es una norma que prescinde de la verificación de hechos y reemplaza el análisis por la alineación: «No podemos asumir que, debido al papel que la prensa de derecha (...) desempeñó en la Operación Lava Jato, todo lo que publica en ella sea inherentemente falso».

Altman intentó separar la prudencia de la adhesión a las narrativas de ataque. Afirmó que no aboga por una "ola de ataques" ni "juicios precipitados", pero también criticó la defensa automática del ministro. "Pero tampoco debería haber una defensa incondicional. Alexandre Moraes no es Lula", declaró, explicando por qué, en su opinión, activistas e influencers deberían adoptar una postura diferente ante información que aún se investiga.

En la entrevista, el periodista argumentó que la función del periodismo no es producir pruebas según los estándares del sistema judicial, sino presentar hechos y pruebas al debate público, activando los mecanismos institucionales cuando sea necesario. En respuesta a las críticas sobre la "prueba" en el periodismo, afirmó: "El periodista no es, no es su función, presentar pruebas. El periodismo no cuenta con los instrumentos del Estado para presentar pruebas". Continuó: "La función del periodismo es sacar a la luz pública historias que alguien quiso mantener ocultas (...) El periodismo expone una historia".

Al mismo tiempo, Altman indicó que, más allá del conflicto digital, el episodio reabre el debate sobre la conducta y los conflictos de intereses en torno a la Corte Suprema. "Dado que el bufete pertenece a la esposa de un juez de la Corte Suprema, existe un claro conflicto de intereses", afirmó, refiriéndose al contrato citado. A continuación, abogó por restricciones más estrictas: "La Corte Suprema debe ser esterilizada".

Sin embargo, la crítica principal se centró en cómo se procesa la política en las plataformas: un entorno donde los símbolos sustituyen la verificación y donde el desacuerdo se convierte en ruptura. Según Altman, mientras el debate siga organizándose en torno a la necesidad de "salvar" o "condenar" a las cifras antes de que se resuelvan los hechos, la izquierda en redes sociales seguirá siendo rehén del mismo mecanismo que, en otras ocasiones, impulsó las movilizaciones del bando contrario. Ver: 

 

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