La tortura del reflujo ácido. ¿Qué hacer cuando la acidez regresa a la boca?
El reflujo gastroesofágico puede considerarse una de las "enfermedades del siglo", dada la gran cantidad de personas en todo el mundo que se quejan de este trastorno tan molesto. Afortunadamente, existen numerosas medidas y tratamientos para aliviar a los pacientes cuando el líquido gastroesofágico asciende por el esófago y, a menudo, llega a la boca.
Por: Aude Rambaud - Le Figaro Santé
El reflujo ácido, o ERGE (enfermedad por reflujo gastroesofágico), es el retorno de los alimentos consumidos desde el estómago al esófago y a la boca, causando dolor e inflamación. Esto ocurre cuando el músculo que debería impedir la salida del ácido estomacal no funciona correctamente. Este fenómeno suele ser muy molesto y suele estar relacionado con una comida excesivamente copiosa u otros factores como una hernia de hiato. En estos últimos casos, el reflujo suele ser persistente, frecuente y doloroso. La persona afectada debe consultar a un especialista que le recomiende el tratamiento adecuado.
El flujo ascendente de jugos ácidos se debe a una falla de los mecanismos fisiológicos antirreflujo, con una apertura prematura del esfínter esofágico inferior, particularmente en casos de presión excesiva en el abdomen (debido a la obesidad o el embarazo). También puede deberse a defectos anatómicos como una hernia de hiato (cuando la parte superior del estómago se desliza hacia el tórax). Existen otros factores que favorecen el reflujo: ciertos medicamentos (progesterona, derivados del nitrato, inhibidores del calcio, etc.) y el consumo de alcohol o tabaco.
La principal prevención contra el reflujo se basa en la observación de las normas higiénicas y dietéticas: evitar las comidas excesivamente copiosas y grasas, y el abuso de alcohol, café y bebidas carbonatadas.
Para dormir, se recomienda una posición inclinada, por ejemplo, colocando cuñas debajo de los pies en la cabecera de la cama. Mantener la parte superior del cuerpo ligeramente más alta que el abdomen y las piernas suele dar buenos resultados. Si estos métodos no son suficientes, existen medicamentos antiácidos en gel, jarabe o polvo que pueden ayudar a reducir las molestias. Tomados al inicio de la acidez, bloquean la acidez del jugo gástrico. Los alginatos (que se toman al final de las comidas) pueden, en casos de reflujo, proteger la mucosa que recubre el esófago. Estos productos suelen venderse sin receta y pueden tomarse cuando se presenta reflujo.
Para controlar la presencia de lesiones en la mucosa esofágica.
Si las molestias y el dolor persisten, es importante consultar a un médico para controlar el estado de la mucosa esofágica. Es necesario comprobar si el reflujo ha causado lesiones. En este caso, el médico puede recomendar el uso de inhibidores de la bomba de protones, pero esta terapia requiere receta médica. Estos medicamentos bloquean la producción de ácido por las células del estómago. Sin embargo, su acción es lenta. Se necesitan varias horas, a veces varios días, para obtener algún efecto. Tomarlos en ayunas, mucho antes de las comidas, aumenta su eficacia. Suelen ser bien tolerados, pero, como todos los medicamentos, no deben convertirse en rutina ni usarse con poca frecuencia. Su uso se asocia a un ligero aumento del riesgo de diarrea infecciosa y enfermedades pulmonares debido a cambios en la flora intestinal.
Finalmente, las formas graves, cotidianas y dolorosas de reflujo que persisten durante meses o incluso años pueden requerir intervención quirúrgica, que consiste en la colocación de un clip antirreflujo en la base del esófago. Esta cirugía casi siempre se realiza por laparoscopia, aunque a veces produce efectos secundarios indeseables.
En la laparoscopia, se realizan pequeñas incisiones en la pared abdominal, eliminando la necesidad de cortes grandes y dejando cicatrices mínimas. Esto resulta en poco o ningún dolor después de la cirugía, con una hospitalización de solo un día, y la reincorporación laboral puede ocurrir en una semana (hasta 14 días si no hay complicaciones).
La cirugía consiste en reducir la abertura del diafragma por donde pasa el esófago (hernia hiatal) y crear una válvula (funduplicatura) que previene el reflujo. Después de la cirugía, es necesaria una dieta especial durante 30 días. Inicialmente, durante dos días, solo se deben consumir alimentos líquidos (como agua, té, leche, jugo de fruta natural, caldo de sopa, gelatina y helado). Luego, además de los alimentos anteriores, se pueden consumir alimentos ligeramente más semisólidos, como batidos de frutas, caldo de frijoles, sopa con verduras y carne licuada, gachas de avena, pudines y yogur. Después, se pueden introducir alimentos como pan, frutas cocidas o guisadas, arroz, verduras cocidas, polenta blanda, carne molida o desmenuzada, pasta y puré de papas. Generalmente, después de 30 días, se puede retomar una dieta normal, evitando frituras, carnes grasas, dulces y condimentos muy condimentados como pimienta, mostaza, kétchup, etc.
Aunque la cirugía se considera muy segura, ningún procedimiento quirúrgico está completamente exento de riesgos. Si bien son poco frecuentes, pueden presentarse algunas complicaciones después de la cirugía, como sangrado, lesiones e infecciones que afecten la herida, los órganos o el abdomen; incapacidad para vomitar; dificultad para tragar.