Cuidado con el glaucoma. ¿Cómo protegerse?
En el 80% de los casos, esta grave enfermedad se desarrolla gradualmente, sin síntomas. De ahí la importancia de las visitas al oftalmólogo, especialmente después de los 45 años.
Por Anne Lefèvre-Balleydier - Le Figaro
Sin consultar a un oftalmólogo, es difícil determinar si se padece glaucoma. Esta enfermedad del nervio óptico, la segunda causa principal de ceguera en países desarrollados, suele progresar lenta y silenciosamente, sin señales de advertencia, pero causa daños irreversibles. Solo un pequeño número de pacientes puede ser alertado por dolores de cabeza, ojos rojos, visión borrosa o sensación de agujeros en el campo visual.
Por lo tanto, la mejor manera de protegerse del glaucoma es consultar a un oftalmólogo con regularidad. Especialmente si sabe que está más expuesto que otros, por ejemplo, debido a antecedentes familiares. «En el 60 % de los casos, cuando se detecta glaucoma en un paciente, uno de los dos progenitores ya ha sido afectado», explica el profesor Jean-Philippe Nordmann, jefe del departamento de oftalmología del hospital parisino Quinze-Vingts. «Pero existen otros factores predisponentes para esta enfermedad, como la miopía alta, la diabetes, la hipertensión o una lesión ocular previa. En este caso, el seguimiento debe realizarse con antelación».
La prueba de detección, recomendada para todas las personas a partir de los 45 años, se basa en la medición de la presión intraocular y el examen del fondo de ojo para evaluar el estado del nervio óptico, así como el grosor de las fibras nerviosas mediante un dispositivo llamado OCT (tomografía de coherencia óptica). De hecho, la causa del problema es una presión excesiva del líquido del globo ocular, que daña las células del nervio óptico.
A veces se produce dolor en los ojos.
En circunstancias normales, este líquido (humor acuoso) proporciona al ojo el oxígeno y los nutrientes que sus células necesitan. Secretado continuamente por glándulas ubicadas cerca del cristalino, fluye a través de pequeñas aberturas detrás del párpado inferior: la malla trabecular. Sin embargo, en el glaucoma, este drenaje deja de realizarse correctamente, por lo que la presión del líquido aumenta en el ojo. El nervio óptico se comprime, reduciendo el riego sanguíneo a las neuronas y provocando su destrucción.
Glaucoma: ¿Cómo vivir con él?
En ocasiones, la enfermedad se manifiesta con un dolor insoportable en el ojo, alrededor del iris rojo, y disminución de la visión: se trata del glaucoma agudo, que corresponde a la obstrucción de la malla trabecular cuando el iris se atasca en su parte superior. «La tensión pasa de 15 a 60 en treinta minutos», añade el profesor Nordmann. Sin duda, es necesario acudir a urgencias rápidamente, ya que de lo contrario existe el riesgo de pérdida de visión. Pero, en el caso del glaucoma más común o crónico, la obstrucción de la malla es progresiva, la tensión aumenta lentamente y, si no se consulta a un oftalmólogo, el fenómeno pasará desapercibido.
Glaucoma: ¿y la investigación?
Para evaluar el deterioro del nervio óptico ya comprometido, el oftalmólogo prescribirá una campimetría. Las gotas oftálmicas o la cirugía láser pueden reducir la presión. Finalmente, se puede recurrir a la cirugía para crear una abertura permanente entre la parte interna y externa del ojo o para colocar un pequeño drenaje.