Estos y otros temas serán abordados por el Seminario Legislativo “Aguas de Minas III - Los desafíos de la crisis del agua y la construcción de la sostenibilidad”, que tendrá su etapa final del 29 de septiembre al 2 de octubre en la Asamblea Legislativa de Minas Gerais (ALMG).
El "Diagnóstico de los Servicios de Agua y Alcantarillado", basado en datos del Sistema Nacional de Información Sanitaria (SNIS), indica que la tasa de pérdidas de agua por parte de las concesionarias brasileñas sigue siendo extremadamente alta. El promedio nacional registrado en 2013 fue del 37%, prácticamente igual que en 2012, que fue solo un 0,1% superior. La Compañía de Saneamiento de Minas Gerais (Copasa) presentó una tasa del 33,8%.
Según el estudio, solo tres empresas de saneamiento registraron indicadores inferiores al 30% en 2013: Copanor (MG) 23,4%; Caesb (DF), 27,3%; y Saneago (GO), 28,7%. Otros 13 proveedores de servicios registraron pérdidas inferiores al 40%, y nueve superaron el 50% en residuos.
En comparación con otros países, las cifras son aún más alarmantes. Según la presidenta de la Asociación Minas Gerais para la Defensa del Medio Ambiente (Amda), María Dalce Ricas, en Japón la pérdida promedio es del 2 % y en Alemania, del 7 %. «El negocio de las empresas era vender agua, así que el desperdicio no representaba un problema», critica la ambientalista. En su opinión, el consumidor termina pagando por el agua que se pierde en su recorrido hasta el grifo. Pero, con la escasez, el tema vuelve a estar en el centro del debate.
Patrícia Boson, secretaria ejecutiva del Consejo Empresarial para el Medio Ambiente de la Federación de Industrias de Minas Gerais (FIEMG), explica que desde hace más de diez años la institución viene advirtiendo a las empresas sobre la necesidad de mejorar la gestión del agua en los procesos industriales. «Ya no podemos invertir únicamente en gestionar la demanda; tenemos que abordar también la oferta», advierte la experta.
En opinión de Boson, es inaceptable que aún suframos semejantes pérdidas de agua en la distribución por parte de las empresas estatales. También critica el complejo industrial, todavía obsoleto, que requiere grandes cantidades de agua en sus procesos. «Necesitamos producir con menos agua», afirma.
La directora general del Instituto de Gestión del Agua de Minas Gerais (IGAM), Maria de Fátima Chagas Dias Coelho, reconoce la necesidad de mejorar la gestión para reducir el desperdicio, involucrando tanto a empresas como a organismos públicos. "Es necesario sensibilizar a la sociedad para implementar instrumentos que permitan la reducción, la reutilización y la recirculación del agua", afirma.
Pérdida neta – En la distribución de agua existen dos tipos de pérdidas. Las pérdidas aparentes (o no físicas) se refieren al agua consumida por los usuarios pero no facturada por las compañías de servicios públicos. Estas pueden deberse a conexiones ilegales (robo de electricidad), errores de lectura por parte del proveedor del servicio, fraude u otras fallas que impiden la medición del consumo.
Las pérdidas reales (o físicas) representan el agua desperdiciada entre el distribuidor y el consumidor. Estas pérdidas se deben a fugas en las redes, tuberías, conexiones o depósitos. En ocasiones, estas fugas son causadas por una presión de agua excesiva, pero también están relacionadas con la mala calidad de los materiales utilizados, la antigüedad de las tuberías y fallas en el sistema de monitoreo.
En el momento de la publicación, Copasa no había respondido a las solicitudes de entrevista para comentar sobre este tema.
El cinturón verde pierde cultivos de hortalizas
Rio Manso formó parte en su día del cinturón verde de la Región Metropolitana de Belo Horizonte (RMBH), con cultivos hortícolas que abastecían a la capital. Pero hoy, los productores rurales están abandonando sus propiedades o reduciendo sus plantaciones y huyendo debido a la sequía.
La historia de Abílio dos Santos ilustra lo que ha sucedido y sigue sucediendo a los indígenas que siempre han buscado su sustento en la agricultura. A sus 60 años, tras haber dedicado dos tercios de su vida al campo, recuerda la época en que compartía las labores agrícolas con seis o siete aparceros. Actualmente, solo tiene dos empleados, a quienes insiste en mantener por amistad.
“Antes nos llegaban tres camiones al día con los productos que cultivábamos; hoy, cuando llegan, llega uno a la semana. Todos tenían al menos un patio trasero donde sembrar; hoy, muchos no tienen nada”, relata el agricultor con desánimo. Abílio solo cultiva en una de sus cuatro propiedades, lo que ha reducido la producción al 20%. “Sin agua, es imposible producir. Llevo seis meses trabajando a pérdida, solo lo hago para darles trabajo a los muchachos (sus empleados)”, dice.
El ambientalista Fabrício Gato, de Amda, informa sobre casos de productores rurales que han optado por trasladar sus cultivos a otros municipios vecinos de Rio Manso. Quienes recorren la ciudad observan otros ejemplos de tierras abandonadas o subutilizadas. Abílio dos Santos afirma que la ciudad llegó a tener más de 100 horticultores, y que actualmente solo cinco continúan con esta labor. «Muchos jefes de familia ya no dependen de la tierra para su sustento», señala.
Pueblo fantasma – La desaparición de las cosechas en Rio Manso ha preocupado a los habitantes del municipio, cuyo sustento siempre ha dependido de la agricultura. Sin producción, no hay empleo fijo y la población se ve obligada a subsistir con trabajos esporádicos para pequeños agricultores.
“La escasez de agua está pasando de ser un problema ambiental a uno social”, advierte Fabrício Gato. Afirma que la inactividad ha incrementado el consumo de alcohol y drogas en la ciudad, lo que ha a su vez ha aumentado la violencia. Abílio dos Santos fue una de las víctimas de un robo a mano armada, un hecho inimaginable en la apacible localidad de Rio Manso.
“La ciudad no tiene ni oportunidades de ocio ni de empleo. Es una situación realmente preocupante. Rio Manso podría convertirse en un pueblo fantasma”, advierte Fabrício Gato, de Amda.