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Dilma está haciendo lo correcto en Cuba.

Periodistas, académicos, analistas y expertos llevan 22 años cometiendo errores y quieren seguir cometiéndolos.

En 1989, el director del periódico donde trabajaba me comentó que estaba considerando enviar un corresponsal a La Habana para seguir de cerca la inevitable caída del socialismo en Cuba. El Muro de Berlín había caído, y él, como tantos otros periodistas, académicos, analistas y expertos, no dudaba de que Fidel Castro no podría mantener su gobierno y sería asesinado o buscaría asilo en algún país. Por la misma época, en Florida, los exiliados cubanos contrataron abogados para asegurarse de que, al regresar a Cuba, recuperaran sus granjas, industrias y mansiones, confiscadas por los revolucionarios a partir de 1959.

El periódico no envió un corresponsal a La Habana, el sistema político y económico cubano sigue igual, y los exiliados siguen en Florida, sin lo que consideran su propiedad en la isla. Y Fidel sigue vivo, eligió a su sucesor y reside en la capital cubana. Así pues, todos se equivocaron: periodistas, académicos, analistas y expertos. Fueron derrotados por su desconocimiento de la realidad cubana, por la superficialidad de sus análisis y por anteponer, por encima de todo, el deseo político e ideológico de que el socialismo en Cuba no sobreviva.

Durante los siguientes 22 años, el mismo grupo continuó ignorando la realidad cubana, realizando análisis superficiales y deseando el fin del régimen en Cuba. Y se equivocaron. La visita de la presidenta Dilma Rousseff a La Habana les brinda ahora otra oportunidad para demostrar que son malos analistas y que siguen equivocados. Porque no comprenden lo que ocurre en Cuba y siguen basando sus evaluaciones en el deseo de que el gobierno caiga y todo vuelva a ser como antes de 1959.

Cuba tiene muchos problemas inmensos en los ámbitos económico, social y político. Hay situaciones en las que se ignoran los derechos humanos. Pero los problemas de Cuba no difieren sustancialmente de los que enfrentan innumerables países, incluido Brasil. En algunos aspectos, son incluso mucho menores, como la violencia, la pobreza, la educación y la salud. Si bien el país sufre un bloqueo económico y frecuentes agresiones por parte de Estados Unidos, como dijo el presidente brasileño allí, los derechos humanos se ignoran en todo el mundo; deben discutirse en foros multilaterales y no pueden utilizarse como arma política.

Se Cuba, com todos os problemas que tem, fosse o que pintam que é, não estaria em 51º lugar, entre 187 países, no Índice de Desenvolvimento Humano da ONU, que considera indicadores de saúde, educação, renda e longevidade. Cuba é considerada pelo Programa das Nações Unidas para o Desenvolvimento (PNUD) uma nação de “desenvolvimento humano elevado”. A mortalidade infantil em Cuba está entre as menores do mundo, 4,6 por mil, enquanto a dos Estados Unidos é de 6,5 e a do Brasil é 17,3. Ora, como pode ser assim se a população vive na miséria e passa fome, segundo os jornalistas, acadêmicos, analistas e especialistas?

Algunos periodistas brasileños que van a Cuba creen conocer el país porque frecuentan lugares turísticos —donde, en casi todo el mundo, los turistas son explotados por estafadores—, hablan con cubanos en la calle y entrevistan a supuestos disidentes. Según sus relatos, todos están descontentos con todo y odian al régimen. Y Yoni Sánchez, desconocido e irrelevante en Cuba, es el epítome del joven cubano. He aquí otra inconsistencia: si hay tanto rechazo al gobierno socialista, ¿por qué la población no lo derroca, como ocurrió en la década de 1990 en los países socialistas europeos y está sucediendo ahora en tantas naciones? ¿O acaso alguien cree que el gobierno cubano podría resistir un levantamiento popular, sobre todo porque al día siguiente Estados Unidos ya estaría interviniendo en la isla para "proteger a la población civil"?

Como no entienden lo que pasa en Cuba, y a menudo porque no quieren entenderlo, los analistas cometen tantos errores y los periodistas escriben tantas tonterías. Uno incluso dijo que los cubanos no pueden beber Coca-Cola e ir a la playa de Varadero...

Cuba es diferente. Para algunos, esto es bueno, para otros es terrible. Para algunos es un infierno, para otros podría ser el paraíso, pero no es ni lo uno ni lo otro: es un país con problemas, como todos los demás; que tiene un enemigo poderoso justo al lado; y cuyo modelo político no es al que estamos acostumbrados, y que también tiene defectos.

Pero la opción en Cuba, hasta que el pueblo cubano la abandone, es el socialismo, no el capitalismo. Sobre todo porque es un socialismo imbuido de nacionalismo, lo cual se comprende bien conociendo la historia del país. Este socialismo cubano está en proceso de cambio para adaptarse a las nuevas realidades, pero no se vislumbran medidas sustanciales que derroquen el sistema.

La presidenta Dilma Rousseff lo sabe. Y está demostrando, en la práctica, que la diplomacia no es demagogia y que respeta sus dos principios básicos: el respeto a la soberanía de las naciones y la no injerencia en los asuntos internos de otros países. Así, Brasil puede influir positivamente en el futuro de Cuba.