Por: Christophe Doré Le Figaro Santé
Todos hemos experimentado cierta sensación de agotamiento, de síndrome de burnout. Una etapa de la vida con más trabajo y preocupaciones, un resfriado o gripe, o un periodo de insomnio pueden explicar las causas de estas molestias cuando son temporales. Pero a veces la fatiga se instala y persiste durante semanas, meses, sin ceder. ¿Qué significa esto? ¿Cómo encontrar una solución? Le igaro Santé entrevistó al Dr. Jean-Dominique de Korwin, gastroenterólogo en Nancy y especialista en síndrome de fatiga crónica, sobre este tema.
El Fígaro Salud Un dato preocupante: en Francia, y prácticamente en todos los demás países occidentales, el 20 % de las personas que consultan a un médico afirman sentirse fatigadas. ¿Se ha convertido el cansancio en la nueva enfermedad del siglo?

Jean-Dominique de Korwin Estas cifras deben contextualizarse. Es cierto que solo entre el 1% y el 3% de las personas que buscan atención médica por problemas de fatiga la padecen. En cambio, el concepto de fatiga, o síntomas relacionados con ella, se presenta en entre el 10% y el 25% de quienes consultan a un médico. No olvidemos que vivimos en una era que busca el rendimiento a cualquier precio. Los terapeutas atienden a muchos pacientes que dicen: «¡No puedo más, ya no puedo hacer lo que hacía antes!». Por supuesto, la edad y las patologías suelen ser la causa de este malestar. Pero con medidas de higiene y alimentación relativamente sencillas, en la mayoría de los casos la situación mejora.
¿Deberíamos preocuparnos si nos sentimos cansados casi todo el tiempo?
Es necesario distinguir entre fatiga según su duración. Hablamos de fatiga crónica cuando los síntomas persisten durante más de seis meses. La fatiga que se siente tras una infección (un resfriado o gripe, por ejemplo) o relacionada con intervenciones quirúrgicas o médicas debe descartarse, ya que, en teoría, no debería durar más de cuatro o cinco meses. También podemos distinguir entre la fatiga debida a un esfuerzo intenso, una carga de trabajo inusual o temporal. O, incluso más sencillo, si acabas de correr una media maratón, es normal que tu cuerpo esté fatigado y necesite un poco más de tiempo para recuperarse.
¿Cuáles son los diferentes tipos de fatiga?
Para empezar, está la fatiga fisiológica, relacionada con un gasto energético excesivo y una recuperación insuficiente. Luego está la fatiga toxicológica, que resulta, por ejemplo, del uso de ciertos medicamentos, y la fatiga vinculada a la adicción, la dependencia a sustancias como el alcohol y las drogas, y también a actividades como los videojuegos. Estos tipos de fatiga tienen causas relativamente fáciles de detectar.
La fatiga vinculada a causas puramente médicas es menos evidente. La definiremos en términos de causas orgánicas, funcionales o psicológicas. Las causas psicológicas pueden derivar de la ansiedad generalizada, ciertas psicosis como la esquizofrenia (una enfermedad capaz, en ocasiones, de agotar por completo la energía vital de una persona), trastornos obsesivo-compulsivos, depresión, etc. La fatiga de origen orgánico (diabetes, tumores, infecciones, etc.) puede resolverse en el 90 % de los casos tras una entrevista exhaustiva, una exploración clínica y algunos análisis complementarios. La fatiga emocional, en cambio, vinculada a una disfunción de un órgano o sistema, es algo más compleja de detectar. Pueden coexistir diferentes causas.

¿Puede la fatiga tener un origen genético?
La ciencia aún no ha logrado identificar ni aislar un gen responsable de la fatiga. Sin embargo, algunos grupos familiares son más propensos a ella que otros. La causa suele residir en un contexto funcional con factores genéticos poco conocidos, además de elementos ambientales y psicológicos. En estas categorías podemos incluir síndromes somáticos funcionales, como el síndrome del intestino irritable, la fibromialgia, etc. En resumen, todos aquellos síndromes para los que la medicina aún no ha encontrado explicación, pero cuya causa es esencialmente psicológica, como muchos creen actualmente. Si la sensación de agotamiento, de verdadera falta de energía, persiste durante más de tres semanas, es momento de preocuparse.
Cuales son las senales de advertencia?
Ante todo, use el sentido común. La sensación de agotamiento, de verdadera falta de energía, una sensación de vacío interior debería alertar a una persona si dura al menos de tres semanas a un mes. Es necesario distinguir esto de complicaciones más importantes como el malestar general y la somnolencia. Hemos avanzado enormemente en la comprensión de los trastornos del sueño.
Nos hemos dado cuenta, por ejemplo, de que la apnea del sueño es mucho más frecuente de lo que se pensaba y que no solo afecta a ciertos grupos de población como las personas obesas o con hipertensión. La encontramos en pacientes que no presentan ningún patrón característico. Actualmente, los médicos disponen de pruebas muy sencillas para diagnosticar estos síndromes. La Escala de Somnolencia de Epworth, por ejemplo, es muy eficaz para detectar la somnolencia diurna anormal.
Si tuvieras que elaborar una definición médica de la fatiga como enfermedad, ¿qué dirías?
Una definición sencilla: se trata de una fatiga persistente que no mejora con el descanso, a diferencia de la fatiga puramente psicológica que desaparece cuando la persona se recupera.

Los expertos suelen afirmar que la fatiga es uno de los síntomas más específicos en medicina. ¿Está de acuerdo con esta opinión?
Sí. Es complejo, ya que la fatiga es una sensación psicofísica. La labor del médico consiste en caracterizar con precisión lo que sucede, sobre todo analizando las quejas y descripciones del paciente. Es necesario distinguir entre el cansancio debido al esfuerzo y el simple hecho de que el paciente ya no puede hacer lo que hacía con naturalidad antes. Esto podría manifestarse como cierta dificultad para caminar, en cuyo caso el origen de la fatiga sería neuromuscular, o como una pérdida repentina y rápida de la respiración, cuya causa podría ser cardíaca o respiratoria. Por lo tanto, las causas son diversas y muy dispares. A todo esto se suman las sensaciones, que pueden variar en cada paciente. Una persona muy activa, al notar una disminución en su rendimiento, se sentirá fatigada, aunque su nivel de actividad siga siendo muy superior al de la mayoría de las personas.
¿Debemos aceptar la fatiga e intentar adaptarnos a ella?
Sí, si tiene explicación. Si hago demasiadas cosas, si me estreso, si agoto mis reservas de energía, si como mal o en cantidades insuficientes, si no duermo lo suficiente, es lógico que me sienta fatigado. La mayoría de las veces, la falta de sueño es el factor principal en este círculo vicioso. No dormimos lo suficiente. Esto termina convirtiéndose en una desventaja.
Si una persona está atravesando un período de altas exigencias profesionales, o está lidiando con niños, a veces ambas cosas al mismo tiempo, ¿existen medidas sencillas que pueda tomar para evitar un estado de fatiga que disminuya sus capacidades?
En situaciones de estrés significativo, es crucial prestar atención a las señales que nos envía nuestro cuerpo. Primero, es esencial alimentarse correctamente. Segundo, es fundamental dormir bien y lo suficiente. Esto no significa dormir en exceso, sino asegurar que el sueño sea de buena calidad. Para la mayoría de las personas, esto implica dormir entre 6 y 8 horas diarias. Podemos dormir menos si nos permitimos descansar durante el día.
La relajación es fundamental en nuestra vida moderna, donde vivimos constantemente al borde del estrés. Y, por último, es necesario cuidar el cuerpo. El ejercicio físico puede ser cansado, pero sin duda tonifica el organismo. A partir de los 50 años, el ejercicio físico es indispensable.
Un consejo: presta atención a tu estado al despertar y analízalo. Si te sientes fatigado, con calambres o dolores musculares y articulares, es casi seguro que te encuentras en una situación estresante, cuyo extremo puede ser el síndrome de burnout, lo que en inglés se conoce como... burn-outEn ese caso, tenga mucho cuidado. Y busque ayuda médica.