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Insomnio. Los resultados positivos de la terapia conductual.

Uno de cada seis franceses sufre de insomnio crónico. Estos datos provienen del INPES (Instituto Nacional de Prevención y Educación para la Salud) y, hasta donde se sabe, son prácticamente iguales en otros países desarrollados. Alterados en sus actividades diarias por la fatiga que este trastorno causa, los insomnes suelen recurrir a pastillas para dormir o terapias conductuales. La pregunta es: ¿cuál de estas dos opciones es mejor, cuál tiene mayores posibilidades de resolver el problema sin causar problemas secundarios? Un nuevo estudio canadiense aporta elementos para responder a esta pregunta.

Insomnio. Los resultados positivos de la terapia conductual.

 

 

Por: Pauline Fréour - Le Figaro Santé  

 

Investigadores de la Universidad Laval (Canadá) realizaron un estudio con un grupo de 160 personas que padecían insomnio. Durante seis semanas, la mitad participó en una sesión grupal de terapia cognitivo-conductual de 90 minutos cada semana; la otra mitad recibió somníferos (zolpidem y otros) además de esta terapia. La terapia conductual busca cambiar ciertos hábitos relacionados con el sueño: evitar dar vueltas en la cama cuando se tiene dificultad para conciliar el sueño o volver a dormirse; evitar siestas largas durante el día; utilizar técnicas de relajación, etc. Los participantes aprendieron a no dramatizar su condición y a relativizar ciertas creencias (mi salud se arruinará, esto acabará con mi vida, debo recuperar estas horas de sueño perdidas). El objetivo de la técnica es reducir los niveles de ansiedad, ya que estos son un factor que agrava los trastornos del sueño.

 

El insomnio reduce la calidad de vida.

Desde la primera fase del experimento, los miembros del primer grupo mostraron menos fatiga, ansiedad y síntomas depresivos. Los miembros del segundo grupo (quienes tomaron somníferos y también se sometieron a terapia cognitivo-conductual) no mostraron cambios en su comportamiento. 

A continuación, se propuso un tratamiento de mantenimiento de 6 meses a ciertos participantes del estudio: la mitad del primer grupo continuó sus sesiones de terapia al mismo ritmo, mientras que la otra mitad las interrumpió. En el segundo grupo (pastillas para dormir y terapia), una parte continuó sin cambios, mientras que la otra parte dejó de tomar la medicación, pero continuó con normalidad la terapia conductual y cognitiva. 

Evaluación general: Los mejores resultados los obtuvieron los pacientes que continuaron con la terapia, y sólo esa terapia, a largo plazo.

Dado que el estudio no permite comparar la eficacia de las pastillas para dormir de forma aislada frente a la terapia, se está preparando una nueva investigación para aclarar este importante detalle. Sin embargo, los resultados obtenidos hasta el momento muestran que, en términos de sueño, los cambios en los hábitos generales de vida son efectivos la mayor parte del tiempo.

«La mayoría de las personas que sufren de insomnio consultan a un especialista cuando el problema afecta su calidad de vida diaria: su estado de ánimo, energía, concentración y capacidad de atención», señala Charles Morin, autor de la investigación y científico de la Universidad Laval. «Por lo tanto, resulta interesante demostrar que la terapia cognitivo-conductual mejora no solo la calidad del sueño, sino también el bienestar a lo largo del día. Esto es un factor esperanzador para quienes sufren de insomnio».

Nota del Hospital Albert Einstein: 

La mayoría de los casos de insomnio están relacionados con malos hábitos de sueño, depresión, ansiedad, falta de ejercicio físico, enfermedades crónicas o ciertos medicamentos.
Los síntomas pueden incluir dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido, y falta de descanso. El tratamiento del insomnio consiste en mejorar los hábitos de sueño, la terapia conductual y la identificación y el control de las causas subyacentes. También se pueden utilizar pastillas para dormir, pero se deben controlar sus efectos secundarios. El insomnio es muy poco frecuente en niños menores de 5 años, común en adolescentes, adultos y ancianos. Quienes padecen este trastorno deben consultar a un médico.