Lo que demuestra el caso de William Waack
TV Globo carga con el peso de un pasado en el que, bajo el mandato de Roberto Marinho, apoyó al régimen militar. Waack y Galvão cargan con otro tipo de peso: el de una arrogancia vacía.
El revuelo en Twitter en torno a William Waack demuestra, sobre todo, el profundo rechazo que le profesa un sector de la sociedad que, para algunos, representa la vanguardia.
Es imposible analizar el caso Waack sin recordar el movimiento, también en Twitter, que intentó —desafortunadamente sin éxito— silenciar a Galvão Bueno durante el Mundial de 2010. Waack es al periodismo político lo que Galvão es al periodismo deportivo.
No son ni queridos ni respetados por los usuarios de Twitter, y el hecho de que pertenezcan a Globo solo agrava la antipatía. Al igual que Globo, Waack y Galvão son vistos, incluso por falta de alternativas, pero no son admirados.
TV Globo carga con el peso de un pasado en el que, bajo la dirección de Roberto Marinho, apoyó al régimen militar, del cual también se benefició enormemente desde sus inicios. Waack y Galvão cargan con otro tipo de peso: el de una arrogancia vacía. Los días de gloria y esplendor de Globo quedaron atrás en esta era digital, pero algunos de sus profesionales aún parecen creerse dueños del mundo. Se comportan como el "1%" al que se refería el movimiento Occupy Wall Street.
A modo de inciso, conviene centrarse en el relato de la embajada estadounidense sobre una reunión con Waack en la que este expresó su opinión sobre los candidatos presidenciales. Según Waack, Dilma era inconsistente y tendría un mal desempeño en televisión. Aécio era —y sigue siendo— carismático. Ciro Gomes era el más preparado.
Parafraseando a Wellington, quien creyera eso, creería cualquier cosa.
Las valoraciones son tan obtusas, y como era de esperar, tan erróneas, llenas de resentimiento de derecha y carentes de razonamiento lógico, que incluso sin ver el programa de noticias de Waack, uno se da cuenta inmediatamente de la pérdida de tiempo que supone escucharlo.
