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Trastornos de ansiedad: ¿qué significa esto?

Los estados neuróticos corresponden a un conjunto de diversos estados psíquicos en los que la ansiedad aparece como el síntoma más prominente; sin embargo, es perfectamente posible llevar una vida "normal" a pesar de un trastorno de ansiedad neurótica; generalmente, un seguimiento regular permite que el trastorno se estabilice y, en una etapa posterior, remita; la desaparición total del trastorno es posible e incluso frecuente después de un tratamiento bien realizado.

Los estados neuróticos corresponden a un modo de organización de la psique humana en torno a mecanismos de defensa que, cuando están equilibrados, permiten al individuo disfrutar de una psique estructurada y ser capaz de adaptarse, o, cuando un modo de defensa domina sobre los demás, elegir este camino para afrontar acontecimientos transversales (de forma puntual o permanente), sin que la psique esté necesariamente "en sintonía" con la situación (de ahí la impresión de trastorno mental que siente el observador o las personas de su círculo social).

Es en este segundo caso (cuando un mecanismo de defensa domina sobre los demás) que los estados neuróticos pueden corresponder a estados adaptativos transitorios y no patológicos, cristalizando el sufrimiento (a veces con cierto retraso) que no necesariamente es identificado por el paciente (el llamado conflicto "inconsciente"), o cuando este estado neurótico tiene un carácter permanente, puede ser un estado patológico que domina la vida psíquica del individuo.

Al agregar un término que especifique el mecanismo de defensa preferido, podemos usar términos como neurosis de "ansiedad" o trastorno de pánico (ya sea que esté o no entrelazado con la ansiedad generalizada), neurosis "fóbica" o fobia, neurosis "obsesiva" o trastorno obsesivo-compulsivo y neurosis "histérica" ​​o personalidad histriónica.

¿Cómo funciona esto?

Los trastornos de ansiedad neuróticos son trastornos de origen psíquico.

Su origen psíquico, es decir, sin origen orgánico, significa que los trastornos de ansiedad corresponden a la expresión simbólica (a menudo corporal) de contradicciones psicológicas.

Los síntomas constituyen un intento patológico de resolver un conflicto entre el método habitual de defensa y el robo de un deseo inesperado.

El origen de este conflicto se remonta a la infancia, donde encontramos una cristalización de un mecanismo de defensa dominante en torno a una etapa particular del desarrollo infantil.

Los trastornos de ansiedad neuróticos también pueden representar un mecanismo de defensa en casos de trastornos psicóticos subyacentes.

En este caso, es la enfermedad más grave (la esquizofrenia, por ejemplo) la que debe tratarse como prioridad, y no su manifestación externa, que es una forma de estructuración, imperfecta, pero no obstante parcialmente efectiva para estos pacientes.

¿Qué siento?

El diagnóstico es exclusivamente clínico y se basa en el relato de la persona que sufre ansiedad.

Este informe se expresa durante una sesión con un terapeuta (de ahí la imposibilidad de que personas cercanas al paciente establezcan un diagnóstico).

No es necesario utilizar términos técnicos al hablar con su médico, ya que cada paciente tiene su propia manera única de expresar su conflicto psicológico, y esta peculiaridad es la esencia misma de las diferencias entre cada uno de nosotros.

Permitir que esta singularidad se exprese es esencial para preservar las posibilidades de mejoría. Se considera que los pacientes con ansiedad neurótica pueden presentar síntomas extremadamente variados, cuya lista nunca podría ser exhaustiva.

Las quejas del paciente se organizan en torno a problemas de ansiedad. La ansiedad se define como su expresión psíquica y el malestar como su manifestación corporal. Estos pacientes pueden presentar todas las formas de malestar, incluyendo ataques de pánico o un malestar de fondo persistente (ansiedad generalizada).

Las sensaciones corporales inesperadas (que corresponden a un efecto de "somatización de la ansiedad") preocupan a los pacientes que acuden a médicos, a veces a varios diferentes, en una búsqueda insaciable de una explicación racional y científica (estrictamente médica) de la causa de sus trastornos de origen psíquico pero con expresión corporal.

Estos pacientes se caracterizan por una fatiga crónica, que los agota debido a su lucha psíquica interna. Esta fatiga se presenta especialmente por la mañana y se acompaña de dificultad para conciliar el sueño. Siempre que pueden, duermen voluntariamente durante largos periodos, pero su sueño se ve interrumpido con frecuencia por despertares nocturnos y pesadillas.

En este contexto de noches interrumpidas, la intimidad suele verse afectada y son frecuentes los trastornos sexuales en estos pacientes, tales como impotencia y eyaculación precoz en hombres, y dispareunia y vaginismo en mujeres. El impacto en la vida de la pareja puede ser significativo tanto para el paciente como para su cónyuge.

El cuadro clínico de estos pacientes, complejo, fluctuante y muy variado, refleja una angustia profunda a la que el paciente aún no comprende en el momento de la consulta. Sin embargo, es consciente de la naturaleza «anormal» de sus trastornos. Permanece conectado con la realidad, mantiene una buena integración socioprofesional y, en la mayoría de los casos, sigue siendo un candidato para recibir atención médica.

Cada tipo de trastorno de ansiedad neurótica también tiene síntomas específicos que se detallan en el capítulo correspondiente.

¿Qué pruebas?

No existen pruebas adicionales que permitan diagnosticar los trastornos de ansiedad neurótica. Este diagnóstico se basa principalmente en el interrogatorio.

Ante la duda, estos pacientes deben ser remitidos a su médico de cabecera para descartar una patología orgánica.

Es posible realizar una evaluación específica de la función tiroidea, descartar el asma, por ejemplo, y, en casos excepcionales, realizar una evaluación más avanzada con un escáner cerebral.

¿Qué tratamientos?

El tratamiento de los trastornos neuróticos consiste esencialmente en psicoterapia.

Las distintas opciones psicoterapéuticas no compiten entre sí, ya que cada una puede ser una opción eficaz para algunos pacientes pero no para otros, o para la misma persona en diferentes momentos de su vida, según sus necesidades y expectativas.

Los psiquiatras, los psicólogos y algunos médicos generales pueden brindar este tipo de atención.

Se desaconseja encarecidamente la intervención de otros profesionales en el manejo de problemas neuróticos, dadas las dificultades para brindar una atención con la debida imparcialidad, la experiencia clínica que requiere y los riesgos de desviarse de la relación terapéutica. La psicoterapia es un medio para que el paciente comprenda cómo puede superar su malestar.

Las terapias breves, como las terapias conductuales y cognitivas, son muy eficaces para tratar los síntomas y permitir que los pacientes escapen del círculo vicioso de la ansiedad. Se puede superar el bloqueo asociado a la ansiedad, y este enfoque terapéutico ofrece a los pacientes un alivio relativamente rápido, abriendo nuevas posibilidades en sus vidas.

Las terapias de inspiración analítica (cara a cara, incluso después de un período más o menos prolongado de interacción cara a cara, el clásico diván freudiano) forman parte de un marco temporal más amplio y abordan con mayor profundidad los problemas personales e íntimos del paciente que llevaron al desarrollo de sus defensas neuróticas.

Los medicamentos, aunque sean el centro de las recurrentes solicitudes de curas inmediatas que desean los pacientes, aunque puedan ayudar a superar una fase difícil, presentan más riesgos que beneficios en la mayoría de los casos de trastornos de ansiedad neurótica.

Los antidepresivos, sin supervisión psiquiátrica regular, pueden provocar actos suicidas debido a su clasificación como "estimulantes".

Los ansiolíticos benzodiazepínicos pueden proporcionar una sedación superficial, transitoria (que dura unas pocas semanas) y rápida de la ansiedad, pero sin eficacia duradera y, por el contrario, con riesgo de dependencia (y de que se utilicen como droga). De hecho, no actúan sobre la causa de la ansiedad (que reside en la organización de la vida íntima del paciente) ni previenen la aparición de crisis ansiosas. Además, su efecto disminuye con el tiempo, por lo que muchos pacientes con ansiedad intentan aumentar las dosis por su cuenta, hasta llegar a un estado de intoxicación aguda y coma inducido por fármacos, lo que requiere atención de urgencia y una reevaluación de la medicación por un psiquiatra. Es más, la interrupción abrupta de estos medicamentos aumenta considerablemente la ansiedad y genera en el usuario la impresión de que son imprescindibles y que no puede vivir sin ellos.

El tratamiento hospitalario no se recomienda para estos pacientes, salvo en casos de crisis suicida con elementos de gravedad. De hecho, exige que el paciente se adapte a un nuevo entorno con diversos profesionales, lo que implica múltiples relaciones terapéuticas diferentes en detrimento del trabajo personal con un psicoterapeuta.

¿Qué evolución?

Para afecciones crónicas si el tratamiento no es satisfactorio.

La dificultad de los trastornos neuróticos radica en su cronicidad y en su agravamiento si el paciente no encuentra un interlocutor adecuado. Este agravamiento puede manifestarse como exclusión socioprofesional y emocional, llegando incluso a generar riesgo de discapacidad.

Debilitados por sus contradicciones y la ansiedad subyacente, los pacientes pueden experimentar ataques de pánico, episodios depresivos, consumir productos para aliviar su ansiedad (medicamentos tipo benzodiazepina u otros ansiolíticos, o productos como alcohol, marihuana u opiáceos – derivados del opio–), o incluso intentar suicidarse.

En casos de angustia psicológica extrema en una persona que sufre trastornos de ansiedad, es aconsejable buscar rápidamente atención médica de un médico general (que tiene la ventaja de conocer al paciente y contar con su confianza), de un médico privado si es posible (para iniciar una posible terapia) o, alternativamente, buscar atención psiquiátrica de urgencia.

Se trata principalmente de un tipo de tratamiento que puede ofrecerse en situaciones de emergencia, sin que ello implique necesariamente hospitalización. La hospitalización solo se ofrecerá si el regreso a casa resulta imposible debido a la gravedad de la crisis.

Es perfectamente posible llevar una vida normal a pesar de padecer un trastorno de ansiedad neurótica. Generalmente, un seguimiento regular (por ejemplo, cada dos semanas) seguido de un periodo prolongado permite que el trastorno se estabilice y, posteriormente, remita. La desaparición completa del trastorno es posible e incluso frecuente tras un tratamiento adecuado.

El trastorno puede ser particularmente más grave y prolongado en los casos en que el paciente haya tenido síntomas similares (que posteriormente remitieron) durante la infancia.

Sin embargo, es difícil rastrear con precisión la trayectoria de los pacientes y de la mayoría de las personas que sufren trastornos neuróticos desarrollados en la edad adulta, en relación con sus experiencias, y por lo tanto, anticipar la evolución hacia trastornos de ansiedad neuróticos establecidos. Cualquiera puede verse afectado por este tipo de trastorno a lo largo de su vida.

¿Cómo protegerme?

La prevención se basa en establecer apoyo psicoterapéutico tan pronto como un individuo experimenta un sufrimiento insoportable, durante la infancia o la edad adulta.

No es necesario padecer una patología grave para consultar a un psiquiatra, y el seguimiento preventivo tiene un lugar destacado en la práctica de la psicoterapia, para evitar el desarrollo de un trastorno posterior más grave.