PIB: la caída sin patada
Un PIB cero en el último trimestre del año es inquietante, incluso aterrador, pero no justifica predicciones catastróficas. Sobre todo porque, en este caso, se conocen las causas externas e internas, así como el remedio. La economía brasileña no está a la deriva.
Un PIB cero en el último trimestre del año es inquietante, incluso aterrador, pero no justifica predicciones catastróficas. Sobre todo porque, en este caso, se conocen las causas externas e internas, así como el remedio. La economía brasileña no está a la deriva, y poco a poco se va tomando conciencia de la necesidad de superar las limitaciones macroeconómicas heredadas de la llamada "era FHC".
De hecho, nos enfrentamos a una paradoja: por un lado, la crisis global centrada en Estados Unidos y Europa contamina a todas las economías, en mayor o menor medida, según la situación y las capacidades de cada país. Es imposible evitar que Brasil se vea afectado. Por otro lado, la inestabilidad internacional y los impasses nos ofrecen una oportunidad, confiando en nuestro potencial, no solo para defender nuestra economía, sino también para fortalecerla.
Y si bien el crecimiento cero de los últimos tres meses es una desventaja, la oportunidad que ofrece para ampliar el apoyo a las intenciones reformistas de la presidenta Dilma Rousseff es, no obstante, positiva. Las tres últimas reducciones de la tasa Selic, mediante un esfuerzo conjunto entre el Ministerio de Hacienda y el Banco Central, bajo la dirección de la jefa de gobierno, señalan un avance en la política macroeconómica.
En los medios de comunicación, se lee y se escucha una especie de celebración de este resultado, utilizado como detonante de las críticas al gobierno, como si la recesión económica fuera producto de una hipotética incompetencia gerencial en lugar de años de privilegio para el sector rentista. Es propio de una oposición sin rumbo ni discurso.
Pero entre quienes abogan, tanto dentro como fuera del gobierno, por una medida audaz para reactivar la actividad económica, si hay algo que celebrar es precisamente la evidencia que respalda medidas que combinan un tipo de cambio infravalorado, una reducción gradual del tipo de interés de referencia y el control de los flujos de capital externos y la inflación. Esto contrasta con los intereses rentistas, cuyos defensores se rehúsan a cualquier señal de cambio en el orden actual. Para ellos, las amenazas externas deberían afrontarse con nuevos recortes en la inversión pública, el retorno a tipos de interés altos, restricciones crediticias y un aumento aún mayor del objetivo de superávit primario.
Por eso, el debate y la búsqueda de soluciones no pueden limitarse a los analistas económicos. El asunto es eminentemente político y debe abordarse como tal. Para que el gobierno se sienta fortalecido y audaz, debe forjar una coalición de fuerzas dentro de su base de apoyo que reúna a empresarios del sector productivo, trabajadores y al propio gobierno.
Retroceder sería fatal. Entonces, nos hundiríamos en una recesión con graves consecuencias para la economía y la vida de la población. Como dice nuestro pueblo, tras la caída viene el rebote.
En un extremo tienen la palabra los sindicatos UNE, UBES y CONAM; y en el otro, convergiendo en la misma dirección, los organismos representativos del empresariado nacional.
