Suecia reduce el tabaquismo y muestra el camino para políticas de reducción de daños en Brasil
La experiencia sueca demuestra que la regulación de alternativas de menor riesgo a los cigarrillos y las políticas públicas pueden reducir eficazmente el tabaquismo.
247 - Suecia está a punto de ser reconocida como "libre de humo" por la OMS, título otorgado a países con menos del 5% de fumadores diarios. Entre 2004 y 2024, la tasa de tabaquismo se redujo del 16,5% al 5,4% gracias a políticas públicas, educación y la promoción de alternativas reguladas y de menor riesgo. La Ley de Cigarrillos Electrónicos, aprobada en 2017, creó un marco regulatorio claro y consolidó el consumo de productos de menor riesgo, mientras que las campañas educativas impulsaron el cambio de comportamiento en el país.
Entre 2021 y 2024, el consumo de vapeo en Suecia aumentó del 1,2 % al 4 %, mientras que el tabaquismo disminuyó del 9,9 % en 2015 al 5,4 % en 2024, lo que confirma la tendencia a sustituir los cigarrillos tradicionales por alternativas a la nicotina. Para el ministro de Salud, Jakob Forssmed, la reducción de daños debe entenderse como una herramienta que salva vidas, ya que ofrece a los fumadores opciones menos dañinas que los cigarrillos tradicionales.
Escenario brasileño y desafíos regulatorios
Mientras Suecia avanza y alcanza las tasas de tabaquismo más bajas, Brasil enfrenta retrocesos. Tras años de descenso, la tasa de tabaquismo aumentó del 9,3 % en 2023 al 11,6 % en 2024, según el Ministerio de Salud. Este es el primer aumento desde 2007, lo que sitúa al país en niveles cercanos a los de 2013, cuando el 11,3 % de la población fumaba. El aumento también coincide con la expansión del contrabando, que representa alrededor del 32 % del consumo nacional, llegando al 43 % en algunas regiones del Nordeste.
Un obstáculo clave para la reducción del tabaquismo es la prohibición de Anvisa, que, desde abril de 2024, prohíbe la fabricación, importación, venta, transporte, almacenamiento y publicidad de todos los dispositivos electrónicos para fumar (EDS), incluidos los cigarrillos electrónicos o vapeadores, como se les conoce popularmente. La decisión actualizó la normativa vigente desde 2009 e incluso se aplica a las importaciones para uso personal. Esta restricción impide a los fumadores brasileños acceder a alternativas reguladas a la nicotina, lo que fortalece el mercado ilegal y limita las estrategias de reducción de daños.
El riesgo es que la estrategia de prohibir los dispositivos electrónicos no logre frenar el aumento del consumo, mientras crece la percepción de que la lógica de reducción de daños —ya adoptada por Suecia y alrededor de otros 100 países— podría ser más eficaz. Según Tikki Pangestu, profesora visitante de Políticas Públicas en la Universidad Nacional de Singapur y exdirectora de la OMS, factores como la aceptación social de los productos y el apoyo regulatorio son esenciales para replicar el éxito de Suecia.
La experiencia de Suecia, si bien es un caso particular, tiene algunos factores comunes que creo que pueden aplicarse a todos los países del mundo con un problema importante de tabaquismo: primero, los fumadores deben aceptar que estos productos ayudan a reducir el tabaquismo. Segundo, la sociedad también debe aceptarlos. Y tercero, y más importante, los organismos reguladores y los ministerios de salud también deben aceptarlos como herramientas importantes para reducir el tabaquismo. Si lo hacen, cualquier país puede utilizar estas alternativas más seguras al tabaco», explica.
El profesor también cree que el acceso a productos alternativos regulados es importante para una política pública eficaz. «Suecia ha creado un entorno donde los fumadores tienen acceso a alternativas más seguras con regulaciones claras. Por ejemplo, se puede establecer una restricción de edad, al igual que con los cigarrillos convencionales. Esta es una forma de permitir el acceso a los adultos que desean dejar de fumar, a la vez que se garantiza que los jóvenes no tengan acceso al producto».
La experiencia sueca inspira políticas sobre la nicotina
La toxicóloga brasileña Ingrid Dragan Taricano enfatiza que la regulación es crucial para reducir los riesgos. "A diferencia de Brasil, la regulación en Suecia ha brindado a la población fácil acceso a un producto de calidad, con toda su evidencia conocida y regulada. Por lo tanto, todos saben lo que consumen y pueden ser monitoreados por los médicos que atienden a pacientes que desean dejar de fumar", afirma.
El toxicólogo enfatiza que en Brasil no existen regulaciones para los productos con nicotina, salvo los cigarrillos tradicionales, lo que limita la efectividad de las políticas de reducción de daños que, con base en evidencia científica, tienen un impacto directo en la salud pública. "No tenemos regulación alguna para ningún producto que contenga nicotina, salvo los cigarrillos de combustión. Y lo increíble es que la nicotina está regulada en Brasil porque los cigarrillos de combustión están regulados".
El experto concluye que la regulación y la educación son esenciales y que Brasil podría hacer avances significativos si aprendiera de la experiencia sueca.
Caminos hacia el futuro
La semana pasada, Suecia fue sede del Foro Nórdico sobre Nicotina, un evento internacional dedicado a discutir estrategias de reducción del tabaquismo utilizando productos alternativos de nicotina, como los cigarrillos electrónicos.
El ejemplo sueco demuestra que las estrategias integradas —regulación de alternativas menos dañinas y campañas educativas— pueden reducir drásticamente el tabaquismo. En Brasil, superar las barreras legales, como la prohibición impuesta por Anvisa (Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria), e invertir en políticas de reducción de daños puede salvar vidas y combatir el crecimiento del mercado ilegal. Los expertos señalan la adopción de medidas consistentes y con base científica como la principal oportunidad del país para recuperar décadas de progreso en la lucha contra el tabaquismo.