Un analista geopolítico chino-canadiense explica por qué está terminando el imperio estadounidense y predice la gran crisis de 2026.
Jiang Xueqin dice que Washington ha cambiado la estrategia por el espectáculo, sembrando malestar global y acelerando un declive que podría terminar en colapso social.
247 - El educador, investigador y teórico geopolítico chino-canadiense Jiang Xueqin, residente en Pekín, argumenta que el mundo ha entrado en una fase en la que Estados Unidos ya no es capaz de implementar una estrategia a gran escala a largo plazo y, por lo tanto, recurre cada vez más al uso ostentoso de la fuerza para generar "imágenes" de poder. Para él, este cambio —de la diplomacia y el "poder blando" a acciones militares espectaculares— no es un signo de fortaleza, sino de agotamiento: el típico retrato de un imperio en decadencia.
La evaluación fue realizada en una entrevista con el profesor Glenn Diesen, en la que Jiang presentó una serie de predicciones para 2026 y describió lo que él llama la aceleración del fin del Imperio estadounidense, impulsada por contradicciones económicas internas, coerción externa y pérdida de capital diplomático.
¿Quién es Jiang Xueqin?
Jiang Xueqin (nacido en 1974 o 1976) es un educador, investigador y teórico geopolítico chino-canadiense radicado en Pekín, reconocido por su trabajo en la reforma educativa y, más recientemente, en el análisis predictivo global. En la entrevista, afirma que su enfoque principal no es ideológico, sino estratégico, basado en la teoría de juegos.
Él define directamente su propio método: Utilizo la teoría de juegos y, básicamente, veo la geopolítica como un juego en el que diferentes actores intentan maximizar sus propios intereses. Por lo tanto, no me fijo mucho en la ideología. Me centro básicamente en el interés propio.
La predicción central: el Imperio ha entrado en la fase del "micromilitarismo".
La principal predicción de Jiang no es un hecho aislado, sino un proceso: Estados Unidos está acelerando su declive al transformar la política exterior en performance, reemplazando el cálculo por el espectáculo y generando, a su vez, resistencia regional y desconfianza global.
Utiliza el caso venezolano como símbolo de este patrón. Al describir el secuestro de Nicolás Maduro y su exhibición pública esposado, Jiang argumenta que la operación puede parecer "victoriosa" a corto plazo, pero es estratégicamente autodestructiva porque humilla a poblaciones enteras, destruye cualquier base de negociación y une a los adversarios.
En su formulación el cambio es claro: Así, sacrificó la estrategia por las apariencias. Y eso es señal de un imperio en decadencia, cuando ya no es capaz de grandes estrategias ni de predecir el futuro.
La consecuencia, dice, es que el Imperio empieza a acumular enemigos y a incitar incluso a sus aliados a la desconfianza. Jiang argumenta que este tipo de gesto no es una mera agresión externa: demuestra que el centro ha perdido su capacidad de coordinación racional y ha comenzado a operar con impulsos a corto plazo.
El efecto bumerán: “semillas de una revuelta global” contra Washington
Jiang insiste en que el mayor daño no reside solo en el objetivo inmediato, sino en el mensaje que se envía al planeta. Al actuar como un "matón", Estados Unidos amplificaría la percepción de que se han abandonado las reglas. Y cuando las reglas caen, la confianza también cae.
Argumenta que, históricamente, el poder estadounidense ha preferido las operaciones discretas, la propaganda, la infiltración y los instrumentos financieros, precisamente para evitar verse sometido al uso permanente de las fuerzas armadas. Al cambiar esto por acciones abiertamente militares, Washington se vería atrapado en una escalada continua y más costosa.
El punto crucial de la predicción aparece cuando describe el resultado político del espectáculo: "Sembraste las semillas del descontento global, de una revuelta mundial contra el poder estadounidense. Y, básicamente, creo que el imperio estadounidense está acabado."
La entrevista también sugiere que, incluso cuando ciertas acciones parecen "funcionar" durante algunos años, el balance histórico tiende a ser negativo: la coerción se convierte en resentimiento, el resentimiento se convierte en coalición defensiva y la coalición, tarde o temprano, limita el poder del agresor.
Crisis de 2026: Burbujas financieras, oligopolio y riesgo de colapso social
Al hablar de 2026, Jiang vincula el declive externo con las debilidades internas de Estados Unidos. Su predicción es que el país entrará en un período en el que la economía podría verse sacudida por burbujas y distorsiones estructurales, capaces de arrastrar a la sociedad a un escenario de ruptura.
Enumera tres enfoques principales:
La primera es la burbuja asociada a la inteligencia artificial, descrita como un crecimiento impulsado por gigantescas inversiones en infraestructura (centros de datos), con dudas sobre la rentabilidad y sus efectos en el empleo. La segunda es lo que él llama hiperfinancialización, con mercados dominados por la especulación y un apalancamiento extremo en materias primas. La tercera son las criptomonedas, consideradas por él como un circuito especulativo sin beneficio social.
El diagnóstico más duro llega cuando describe la pérdida de los mecanismos de autocorrección: un pequeño grupo de actores controlaría el sistema, el Estado tendría la capacidad de “imprimir” liquidez y, en ausencia de un competidor inmediato del dólar, la burbuja podría extenderse hasta el momento en que estalle.
Y si explota, predice un impacto social devastador. Cuando se le pregunta directamente sobre las consecuencias, responde: "Así que, básicamente, estamos viendo una guerra civil, una guerra civil en Estados Unidos".
El Imperio como “jefe de la mafia” y la lógica del corto plazo.
Otro tema fuerte de la entrevista es la caracterización de Donald Trump, el actual presidente de Estados Unidos, como un líder que opera mediante la lealtad, la intimidación y el beneficio personal, no mediante la coherencia estatal. Jiang argumenta que esto exacerba la tendencia imperialista porque reemplaza la previsibilidad con la arbitrariedad.
Resume esta lectura con una frase deliberadamente provocadora: "Él no es el presidente de los Estados Unidos, es el jefe de la mafia".
A partir de entonces, la predicción sobre el fin del Imperio adquiere un componente de estilo de gobierno: al tratar la política internacional como un reality show, Washington dejaría de generar confianza y, en cambio, exigiría obediencia, alternando entre amenazas y promesas, erosionando así la credibilidad. Para Jiang, un Imperio sin credibilidad necesita más fuerza para lograr el mismo resultado, y esto acelera su declive.
El punto de inflexión: cuando la coerción sustituye al imperio de la ley.
Jiang también sugiere que intentar imponer comportamientos económicos a otros países, en lugar de ofrecer un sistema abierto y predecible, suele generar una reacción negativa. Si el mensaje es "las reglas ya no se aplican", los rivales buscan alternativas.
Resume la contradicción de forma sencilla: no se puede generar confianza y, al mismo tiempo, coaccionar constantemente. Y cuando la coerción se convierte en la norma, el sistema deja de ser un orden y se convierte en una cadena de crisis.
En este sentido, su predicción sobre el fin del Imperio no es meramente moral o retórica: es estructural. Un centro que constantemente necesita violar sus propias reglas para mantener su dominio reduce el atractivo del sistema, empuja a los socios hacia estrategias proteccionistas y aumenta el costo de gobernar el mundo.
¿Qué queda de las predicciones?
La entrevista de Jiang Xueqin con Glenn Diesen gira en torno a una tesis central: el imperio estadounidense se está derrumbando porque ha perdido la capacidad de gobernar a través del consentimiento y la previsibilidad, reemplazándola por la coerción y el espectáculo.
En su opinión, la gran crisis de 2026 no sería un accidente aislado, sino la convergencia de factores: burbujas internas, concentración de poder económico, inestabilidad social y una política exterior que, al intentar demostrar fuerza, multiplica los puntos de fricción y empuja al mundo hacia una reacción sistémica.
En resumen, Jiang predice que el “micromilitarismo” puede producir una imagen y ganancias momentáneas, pero exige un alto precio: desmoraliza la diplomacia, destruye la confianza, alienta coaliciones defensivas y acelera la decadencia, hasta que el Imperio, mediante una coerción excesiva, se encuentra incapaz de sostener el mismo orden que pretende gobernar.


