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"La vida da golpes muy fuertes..."

La mera presencia antropológica de Pedro Castillo en la casa de Pizarro constituía una afrenta a la aristocracia racista de Lima.

Pedro Castillo (Foto: REUTERS/Francisco Vigo)

Por Itzamná Ollantay, en Al Carajo Así comienza el poema titulado "Los Heraldos Negros", del peruano César Vallejo, publicado en 1919. El poeta del norte del Perú quizá nunca imaginó que un siglo después su poesía seguiría retratando la dura prueba que vivía el pueblo del país, especialmente acelerada por el "desorden estructural" impuesto por sus élites políticas y empresariales.

Con la instauración del régimen neoliberal a principios de la década de 90, a través del autogolpe de Alberto Fujimori, el Perú inició su doloroso calvario actual, que dura ya más de tres décadas continuas, con consecuencias todavía inesperadas.

El neoliberalismo no solo desmanteló el Estado en sus capacidades económicas y políticas, sino que también desmanteló la capacidad de "agencia sociopolítica" de la población y transformó las organizaciones políticas en empresas electorales fraudulentas. Finalmente, en las últimas elecciones generales de 2021, el país, especialmente el empobrecido e indignado "campo popular", indignado por la "podredumbre política", optó por Pedro Castillo, campesino y maestro rural, como presidente. ¡Una disrupción electoral audaz y servil para un país diseñado por los patrones, para los patrones!

Como presidente, Castillo nunca representó una amenaza política para el sistema neoliberal hegemónico. Sin embargo, su mera presencia antropológica en la Casa de Pizarro constituyó una afrenta a la aristocracia racista limeña, que corría el riesgo de ser suplantada culturalmente. Por ello, lo destituyeron del poder, incluso violando las formalidades procesales legalmente establecidas para el juicio político presidencial.

El impeachment ilegal de Castillo dio paso al gobierno de facto deslegitimado y sangriento de Dina Boluarte, quien reprimió cruelmente a los sectores movilizados que exigían respeto a los resultados de las elecciones generales de 2021. Estas masacres resultaron en más de 60 muertes, la mayoría durante protestas sociales, cientos de heridos y numerosos presos políticos. Las investigaciones sobre estos crímenes no avanzan, y Boluarte asiste a eventos internacionales.

Consecuencias del desorden político en el Perú:

Institucionalismo sepultado. El Perú oficial, hasta cierto punto, había avanzado, al menos en la narrativa, en el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Ahora, incluso esa narrativa se desmorona con la cooptación de instituciones públicas frágiles por parte del régimen violento de turno. Esto resulta en el repudio popular a las instituciones públicas y a las autoridades que las representan.

La violencia como mecanismo de seguridad. En ausencia del Estado, o ante la violencia estatal, amplios sectores de la población desean contener la violencia mediante más violencia. El Instituto de Estudios Peruanos (IEP) indica que el 60% de los peruanos ignoraría el respeto a los derechos humanos para garantizar su seguridad.

Aumento de la presencia militar estadounidense. Actualmente, se habla de 10 bases militares estadounidenses en Perú. El gobierno actual, a través del Congreso de la República, ha autorizado el ingreso de más de 1000 militares estadounidenses a territorio peruano para combatir el narcotráfico, cuyo envío de drogas a Estados Unidos sigue en aumento. Perú se está convirtiendo en el hangar de la narcotráfico estadounidense.

El racismo explícito trasciende el folclore cultural. El bicentenario oficial del Perú fue y es constitutivamente racista, hasta el punto de padecer la esquizofrenia de la identidad cultural como Estado-nación. En los últimos años, la sociedad limeña, acomplejada, y la oligarquía patronal han mantenido cierta compostura diplomática ante la diversidad cultural de los pueblos, buscando aprovechar los beneficios de la floreciente industria turística multicultural. El tenso desorden político que vive el país revela lo que, en esencia, el Estado-nación bicentenario y sus gestores clasistas siempre han sido: racistas. La diferencia ahora radica en que ya no hay forma de ocultar esta enfermedad, ni cuentan con los mecanismos para subyugar a los "otros" que exigen existir como son y para sí mismos.

Evidencia de la colonialidad de la izquierda. Si bien la "diferencia ideológica" entre izquierda y derecha ya ha sido borrada por el neoliberalismo en Perú, los acontecimientos sociopolíticos de 2022 y el apoyo de la izquierda en el Congreso de la República al régimen de Dina Boluarte demuestran que tanto la izquierda como la derecha son herramientas de dominación y/o anulación de los pueblos masacrados y movilizados. En este sentido, una de las grandes tareas de los pueblos y sectores populares del Perú es liberarse política e ideológicamente de la izquierda y la derecha neoliberales, y con suerte, encontrar o construir un camino sociopolítico con sus propios horizontes y dinámicas.