José Martí y la Segunda Guerra de Independencia de Cuba
En 1892, Martí creó el Partido Revolucionario Cubano para unir al pueblo en la lucha por la independencia.
Por Salim Lamrani (*) - El 29 de enero de 1895, el héroe nacional cubano firmó la orden de levantamiento general contra España, iniciando la batalla decisiva por la liberación de su patria.
Colonia española desde el siglo XV, tras la conquista de América por Cristóbal Colón, Cuba siempre ha aspirado a la independencia y a tomar las riendas de su destino. A principios del siglo XIX, el pueblo haitiano, guiado por el ejemplo de Toussaint Louverture, rompió las cadenas de la esclavitud y derrotó al ejército de Napoleón en el campo de batalla, infligiendo la primera derrota colonial de Francia. Así, el 1 de enero de 1804, se estableció la primera república independiente de Latinoamérica. Inspirado por esta gran victoria, todo el continente se alzó en armas contra España para finalmente lograr su libertad.
Solo Cuba y Puerto Rico permanecieron bajo dominio español, y la isla más grande del Caribe atrajo el interés de Estados Unidos debido a su posición geoestratégica en el Golfo de México. Ya en 1805, Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos, mencionó la necesidad de anexar Cuba. En 1823, John Quincy Adams, entonces secretario de Estado y futuro presidente, desarrolló la teoría de la "fruta al alcance de la mano", enfatizando que tarde o temprano, lo quisiera o no, la isla se convertiría en parte de la Unión Americana. De hecho, cuando Colombia y México consideraron una expedición para liberar a Cuba en la década de 1820, se enfrentaron a una férrea oposición de Washington.
En 1868, bajo el liderazgo de Carlos Manuel de Céspedes, el pueblo cubano, siguiendo el ejemplo de Haití, proclamó la abolición de la esclavitud y se alzó en armas para conquistar la soberanía. Durante la década de conflicto, Estados Unidos ofreció su apoyo político y militar a España y se opuso firmemente a cualquier idea de emancipación para la isla. Debilitado por las divisiones internas en las fuerzas independentistas, el Movimiento del 10 de Octubre se vio obligado a firmar el Pacto del Zanjón en 1878, un armisticio que no otorgaba ni libertad ni soberanía.
José Martí, nacido en 1853 y ferviente seguidor de la epopeya de 1868, comprendió bien la principal razón del fracaso de la Primera Guerra de Independencia: la falta de unidad patriótica. En 1892, decidió crear una estructura federativa, el Partido Revolucionario Cubano, que uniría a todos los cubanos comprometidos con el destino de la nación, con el fin de preparar la "guerra necesaria" contra el dominio español. Para liderar el Ejército Libertador, contó con la ayuda de Máximo Gómez, general internacionalista dominicano y veterano de la Guerra de los Diez Años. A él, Martí le dirigió un poderoso llamado: "No tengo otra recompensa que ofrecerte que el placer del sacrificio y la probable ingratitud de los hombres. He venido a pedirte que abandones a tus hijos y a tu esposa para ayudar a Cuba a conquistar su libertad, a riesgo de muerte".
El 29 de enero de 1895, Martí y Gómez firmaron la orden de un alzamiento general contra España, fijando el 24 de febrero como fecha de la insurrección. Tres expediciones armadas partieron hacia Cuba: José Martí desde Nueva York; Máximo Gómez desde la República Dominicana; y Antonio Maceo desde Costa Rica. Martí, hombre de ideas, no podía exigir el máximo sacrificio de su pueblo sin tomar las armas él mismo. Así, desembarcó en la isla en abril de 1895 como mayor general del Ejército Libertador.
El 18 de mayo de 1895, Martí escribió su última carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, en la que denunciaba el afán de dominación de Washington. Enfatizaba la necesidad de impedir la anexión de Cuba a Estados Unidos. Al día siguiente, el 19 de mayo, Martí murió en combate a la edad de 42 años durante un enfrentamiento con tropas españolas en Dos Ríos. Negándose a permanecer en la retaguardia, se separó de sus tropas y avanzó contra el enemigo, resultando mortalmente herido.
Impulsado por el sacrificio de su líder moral, el pueblo cubano intensificó su lucha, infligiendo una derrota tras otra al ejército ibérico. En 1898, tras tres años de intensos combates, España estuvo al borde de la capitulación, y los patriotas cubanos finalmente vislumbraron la victoria tras tres décadas de lucha, iniciadas en 1868. Sin embargo, justo cuando el triunfo parecía inminente, Estados Unidos intervino militarmente en Cuba para impedir que la isla lograra su legítima emancipación. El Tratado de París, firmado en 1898 entre Madrid y Washington, selló el destino de la guerra sin la presencia de los cubanos, que habían derramado su sangre para conquistar la libertad.
Tras tres años de ocupación militar, Washington obligó a Cuba a incorporar la Enmienda Platt a su nueva Constitución, impidiendo así cualquier posibilidad de independencia genuina. La enmienda autorizó a su poderoso vecino a intervenir militarmente en la isla en cualquier momento para proteger sus intereses y exigió a las autoridades cubanas obtener la aprobación estadounidense antes de firmar cualquier acuerdo con una potencia extranjera. Así, Cuba dejó de ser una colonia española y se convirtió en un protectorado estadounidense, frustrando así el sueño de soberanía.
Fue sólo el 1 de enero de 1959, con el advenimiento de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, que el pueblo cubano finalmente logró su verdadera independencia.
(*) Salim Lamrani es doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos por la Universidad de la Sorbona y profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad de La Reunión, especializado en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.


