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El discurso político del Che Guevara: notas sobre su validez y relevancia ética

Es importante comprender la vigencia de los aportes del Che al proceso de construcción del socialismo en Cuba.

Che Guevara (Foto: CLODAGH KILCOYNE / REUTERS)

Por Rafael Hidalgo Fernández (*)

“(…) un hombre de completa integridad,

un hombre de suprema honestidad,

de absoluta sinceridad”

(Fidel Castro sobre el Che)1

Han transcurrido exactamente 58 años desde la última batalla militar del Che, librada en la Quebrada del Yuro, en suelo boliviano. El resultado lo convirtió de inmediato en un precursor contemporáneo de la lucha por la segunda y verdadera independencia de Nuestra América. Así, contrariamente a lo que predijeron sus asesinos, su figura emergió como un símbolo ineludible, entre otras razones esenciales por el valor intemporal de sus contribuciones al campo de las ideas políticas y la ética revolucionaria.

Por lo tanto, urge profundizar y difundir mejor sus concepciones teóricas y prácticas políticas, condensadas en una fascinante biografía que inspira estudio, desde el momento en que descubrimos la precocidad intelectual del Che en su adolescencia, hasta la audacia y franqueza reconocidas por sus amigos de juventud, y la forma en que combinó una vasta cultura con un análisis crítico de sus experiencias prácticas en campos como la medicina y la política, la filosofía y la literatura, la guerra revolucionaria y la diplomacia, la administración gubernamental y el liderazgo político. Lo expresado se aplica a Cuba y al ámbito revolucionario internacional. 

En el mundo revolucionario y progresista, sigue siendo considerado con enorme admiración y respeto, pero la profundidad de sus contribuciones a la teoría y la práctica revolucionarias, basadas en su rigurosa aplicación del método histórico y dialéctico de Marx, es en gran medida desconocida. 

En Cuba, una razón adicional refuerza la necesidad de estudiarlo. Esta reside en la importancia de comprender plenamente la validez y relevancia de sus contribuciones al proceso sin precedentes de construcción del socialismo en esta parte del Caribe. Esto se presenta brevemente a continuación a través de un tema clave, especialmente para una Revolución en el poder: el contenido ético del discurso político.

La cuestión requiere estas tres aclaraciones:

1. Socializar implica la necesidad de desarrollar un esfuerzo más integral que simplemente relatar su vida y obra. Enfatiza que lo esencial es comprender e interiorizar plenamente sus planteamientos para construir un socialismo capaz de lograr un progreso material significativo, pero también, y simultáneamente, la formación de una nueva sociedad. Es decir, una sociedad transformadora; caracterizada por la creciente participación de sus ciudadanos en la toma de decisiones a todos los niveles del sistema político; más consciente, solidaria y educada; con un mayor sentido de corresponsabilidad entre cada uno de sus miembros por el presente y el futuro del trabajo colectivo; caracterizada por una correlación menos egoísta entre el "yo" y el "nosotros"; y radicalmente inflexible, entre otras exigencias, ante cualquier desviación de los principios y el respeto a la verdad de los hechos.

2. La historia de Cuba, desde 1959 hasta la actualidad, demuestra que tanto en momentos críticos como en los llamados "normales" del proceso revolucionario, las palabras oportunas, sinceras, críticas y autocríticas de los líderes pueden tener tal "fuerza material" que son capaces de motivar, unir y generar patrones de comportamiento en el pueblo, solo explicables a nivel subjetivo en virtud de la autoridad y la confianza política que se han ganado con su ejemplo y la coherencia entre lo que dicen y hacen, lo que anuncian y lo que llevan a cabo.  

3. La labor del Che al exponer las realidades de la joven Revolución, tanto a sus protagonistas internos como externos, ilustra cómo la adhesión a la verdad puede practicarse con la crudeza de los hechos, pero también con una visión de futuro.  

Dos iniciativas de comunicación política confirman esta afirmación: un discurso a jóvenes extranjeros, pronunciado el 28 de julio de 1960, cuando su pensamiento político estaba en pleno desarrollo. Y una carta personal a Fidel, fechada el 26 de marzo de 1965, en la cúspide de su madurez política, ya un líder revolucionario de gran prestigio nacional e internacional. Por razones de espacio, nos centraremos en el discurso del 28 de julio. 

El 28 de julio de 1960, el Che Guevara inauguró el Primer Congreso Latinoamericano de la Juventud. El evento tuvo lugar en uno de los momentos más tensos del enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos. Este último país intensificaba diariamente la presión económica y diplomática y fomentaba una amplia gama de ataques contra la Revolución. La dirección de la Revolución, encabezada por Fidel Castro, implementó la política martiana de "plan contra plan", basada en esta conocida premisa: una respuesta firme a toda agresión.

El 6 de agosto, el Líder Histórico de la Revolución suspendió la sesión del Congreso. Ese día, anunció que Estados Unidos perdería sus principales propiedades en territorio cubano. Estas propiedades serían nacionalizadas en un acto legítimo y soberano.

Es en este contexto de radicalización revolucionaria que el Che habla. Sabe que los delegados e invitados llegan con muchas dudas, preguntas e incluso desafíos sobre el rumbo de la Revolución. Lo acepta como algo natural y argumenta con serenidad sus puntos de vista.

Desde el principio, afirma: "...los brazos de toda Cuba están abiertos para recibirlos y mostrarles aquí lo bueno y lo malo, lo logrado y lo que queda por lograr, el camino recorrido y lo que queda por recorrer...". Se puede deducir que, con esta "entrada", quienes esperaban una intervención apologética y publicitaria debieron quedar, como mínimo, sorprendidos.

Recurre entonces a este tema recurrente en los discursos de Fidel y en los suyos propios: plantear preguntas de interés a sus interlocutores: "¿Qué es la Revolución Cubana? ¿Cuál es su ideología?". Y de inmediato surge la pregunta, siempre formulada por partidarios y opositores en estos casos: "¿Es comunista la Revolución Cubana?".

Comprende la naturaleza controvertida de esta última pregunta. ¿Cómo la aborda, sabiendo que, en algún momento, determinaría el rumbo político e ideológico de la Revolución? Responde así, utilizando un argumento que podría servir de paradigma para la diplomacia y el diálogo político de alto nivel: «...si me preguntaran si esta Revolución que tienen ante sus ojos es una revolución comunista, tras las explicaciones habituales para determinar qué es el comunismo, y dejando de lado las acusaciones banales de imperialismo y potencias coloniales, que lo confunden todo, concluiríamos que esta Revolución, si fuera marxista —y presten atención cuando digo marxista—, lo sería porque también descubrió, a través de sus métodos, los caminos trazados por Marx». Esta respuesta es una de las que no requieren comentario.

Presenta luego ejemplos que demuestran la inseparable interacción entre la política interior y la exterior; demuestra cómo la Revolución se desarrolla y triunfa mediante el continuo aprendizaje mutuo entre la vanguardia revolucionaria y el pueblo, que se convierte progresivamente en su garante cada vez más consciente; e insiste con marcada intención en que la dirección de la Revolución adoptó las medidas que el pueblo necesitaba y demandaba, sin importar los ataques externos del imperialismo ni la resistencia interna de sus aliados.

Enfatiza, como principio, que la Revolución Cubana jamás aceptará humillación de nadie ni de nada. Y en respuesta a las presiones para que Cuba rompiera relaciones con la URSS y otros países socialistas de la época, que le brindaron apoyo material y político, y a las recomendaciones de adoptar medidas "moderadas" para evitar reacciones hostiles del Imperio y sus aliados, responde así: "Y nosotros, con nuestro pueblo, estábamos preparados aquí: para soportar las consecuencias finales de nuestra rebelión".

En virtud del derecho que le otorga la probada capacidad de resistencia y victoria de la Revolución Cubana, el Che llega al tema que da sentido a estas notas: el principio ético de hablar con claridad y verdad.

Lo expresa así: «Cuando la Revolución Cubana habla, puede equivocarse, pero nunca miente. La Revolución Cubana expresa, en todo foro donde debe hablar, la verdad de los hijos de su tierra, y siempre la expresa ante amigos y enemigos por igual. Nunca se esconde para lanzar una piedra, y nunca da consejos que lleven una daga dentro, sino que están envueltos en terciopelo».

A continuación, aborda importantes realidades en Latinoamérica y la sumisión proimperialista de algunos de sus líderes, todos cómplices de la política de la Casa Blanca hacia Cuba. Tras esta discusión, retoma temas relacionados con la Revolución que los delegados e invitados del evento deben conocer.

Argumenta con base en esta lógica: expone logros, pero también errores y, siempre, posibles soluciones. El contenido ético de sus palabras es evidente:  

No quiero contarte lo bueno que tiene, tú mismo lo puedes ver.

Sé que hay muchos problemas; sé que hay mucha desorganización aquí. Probablemente ya lo sepan si han estado en la Sierra. Sé que todavía hay guerrilla. Sé que hay una grave escasez de técnicos aquí, acorde con nuestras demandas. Sé que nuestro ejército aún no ha alcanzado el nivel de madurez necesario, ni los milicianos han logrado la coordinación suficiente para constituir un ejército.

Pero lo que sí sé, y quisiera que todos ustedes sepan, es que esta Revolución siempre se ha hecho con la voluntad de todo el pueblo cubano, y que cada campesino y cada trabajador, aunque maneje mal un fusil, trabaja cada día para manejarlo mejor, para defender su Revolución. Y si ahora no pueden entender los complicados mecanismos de una máquina cuyo técnico ya se fue a Estados Unidos, la estudian a diario para aprender a mejorar el funcionamiento de su fábrica. Y el campesino estudiará su tractor para resolver cualquier problema mecánico que tenga, para que los campos de su cooperativa sean más productivos.

Este estilo de comunicación discursiva, sincero y guevariano, rompe la barrera del tiempo histórico que sirvió de marco a sus palabras. Vistos 65 años después, nos permiten extraer las siguientes conclusiones, relevantes por su utilidad actual (validez) y pertinentes al momento histórico que vive la Revolución (relevancia): el discurso político revolucionario debe asegurar diligentemente que las realidades presentadas sean verificables por todos aquellos a quienes se dirige; proceder con esta honestidad no solo fortalece la confianza política en el líder revolucionario que habla, sino también su autoridad moral; y aumenta la credibilidad de la causa que representa.

Este enfoque confirma además que la ética política no es una abstracción, sino una forma de conducta posible con contenido concreto, capaz de inducir a un pueblo politizado, como Cuba, a afrontar con éxito dificultades y obstáculos aparentemente insuperables. El poder de la conciencia puede multiplicarse en tiempos difíciles. Esto lo confirma la historia contemporánea de la Revolución.

En resumen, el discurso del Che, así como su carta a Fidel del 26 de marzo de 1965, constituyen un monumento a la verdad. Aquí, el Che honra la convicción de José Martí: «Quien dice la verdad mejor sirve a la patria».

Notas

[1] Véase discurso de Fidel Castro Ruz en la Noche Solemne del Che, en la Plaza de la Revolución, La Habana, 18 de octubre de 1967.

(*) Sociólogo y analista político. Artículo publicado originalmente en el sitio web de Partido Comunista de Cuba