INICIO > ideas

Venezuela: Estados Unidos contra la soberanía del pueblo

Estados Unidos está decidido a apoderarse del petróleo de Venezuela, que posee las mayores reservas del mundo.

Ataque de Estados Unidos contra Venezuela (Foto: Reuters)

Salim Lamrani - El 3 de enero de 2026, a las 2:00 a. m., Estados Unidos declaró la guerra a Venezuela bombardeando varios sectores estratégicos de la capital y secuestrando al presidente electo, Nicolás Maduro. Este último, víctima de una traición de alto nivel, fue capturado por tropas de élite de las fuerzas especiales estadounidenses durante una intervención que duró solo media hora. Fue trasladado a Nueva York, acompañado de su esposa, Cilia Flores, quien también fue secuestrada durante la operación. Resolución absoluta.

Esta flagrante agresión contra la soberanía de Venezuela viola las normas más básicas del derecho internacional, en particular el Artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas, que establece que los Estados miembros deben "mantener la paz y la seguridad internacionales", "reprimir todos los actos de agresión" y "preservar el respeto al principio de la igualdad de derechos de los pueblos". El Artículo 2, que prohíbe cualquier recurso a "la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado", también queda sin efecto.

La aventura militar emprendida por la administración Trump, que constituye un acto de guerra según el derecho de los conflictos armados de la Convención de Ginebra, también contraviene la Constitución de los Estados Unidos, que especifica en su Artículo I, Sección 8, que solo el Congreso tiene la facultad de declarar la guerra. Al eludir esta obligación legal, el presidente estadounidense ignora las leyes de su propio país y demuestra su desprecio por el Estado de derecho, prefiriendo la ley del más fuerte.

El pretexto utilizado para justificar este gravísimo acto —la presunta participación del presidente Maduro en el narcotráfico— no resiste ni el análisis más básico. En primer lugar, según la DEA, Venezuela no es un país productor de drogas, sino simplemente una nación de tránsito por la que solo pasa una parte marginal de los cargamentos de cocaína con destino a Estados Unidos, del orden del 8 %. En segundo lugar, Washington no ha presentado ninguna prueba que demuestre la participación del gobierno venezolano en dicha red. Finalmente, en diciembre de 2025, Trump indultó al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien había sido condenado por la justicia estadounidense a cuarenta y cinco años de prisión por exportar 400 toneladas de cocaína a Estados Unidos, lo que revela la naturaleza falaz de la acusación.

En realidad, Estados Unidos está decidido a apoderarse del petróleo venezolano, que posee las mayores reservas del mundo. Desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Caracas ha recuperado el control de sus recursos naturales, redistribuyendo la riqueza de forma más justa y desarrollando relaciones comerciales con otras potencias emergentes, principalmente China. Decidido a derrocar al gobierno bolivariano, Washington ha impuesto drásticas sanciones económicas a Venezuela durante más de una década.

En los últimos meses, la administración Trump ha impuesto un bloqueo petrolero, confiscando ilegalmente numerosos buques y millones de barriles de petróleo. Esto se ve agravado por el despliegue de una poderosa fuerza militar estadounidense frente a las costas venezolanas —un portaaviones, siete buques de guerra, más de cien aviones de combate y 15 soldados—, lo que ha multiplicado los ataques ilegales contra embarcaciones civiles en el mar Caribe, junto con una serie de ejecuciones extrajudiciales. Esta demostración de fuerza sin precedentes posibilitó el secuestro de Maduro.

El presidente Trump, quien reactivó la Doctrina Monroe, complementada con el "Corolario Trump" y rebautizada como "Doctrina Donroe", expresó claramente su deseo de "restaurar la preeminencia estadounidense". En un retorno al imperialismo descarado, enfatizó que el continente americano es la esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos. También declaró que la era de la igualdad soberana entre los estados había llegado a su fin para América Latina y que los recursos del continente debían destinarse principalmente a los intereses estratégicos de Estados Unidos.

Respecto al futuro de Venezuela, la administración Trump expuso formalmente sus intenciones depredadoras: «Gobernaremos el país hasta lograr una transición segura. Incorporaremos a nuestras grandes corporaciones». En cuanto al petróleo venezolano, sería «propiedad» de Estados Unidos: «Construimos la industria petrolera venezolana con talento, determinación y experiencia estadounidenses, y el régimen socialista nos la robó». Estas declaraciones resumen la lógica imperial que sustenta esta intervención militar.

En la comunidad internacional, países como China, Rusia, Brasil, México, Chile, Cuba, España, Uruguay y Colombia condenaron la agresión militar orquestada por Estados Unidos contra Venezuela y su presidente. A su vez, la Unión Europea, Francia e Italia, entre otros, se negaron a condenar esta flagrante violación del derecho internacional e incluso apoyaron este golpe, revelando al mundo su duplicidad y servilismo. El contraste entre estas reacciones pone de relieve la profunda fractura geopolítica actual.

Una cosa es cierta: el orden internacional surgido después de 1945 está definitivamente enterrado en favor de la ley del más fuerte, que a partir de ahora prevalece como norma implícita de las relaciones internacionales.

Artigos Relacionados