Vladimir Safatle: PT tira la toalla antes del combate.
Un filósofo opina que la izquierda ya no cree en sí misma y advierte sobre las posibles consecuencias de un frente amplio. Véanlo.
Ópera Mundi - En el programa ENTREVISTA DE 20 MINUTOS Este miércoles (26 de enero), el periodista Breno Altman entrevistó al filósofo, músico y profesor Vladimir Safatle sobre las estrategias electorales y gubernamentales de la izquierda brasileña, así como sobre la dirección del nuevo gobierno chileno.
Safatle destacó que, a pesar de la "gran responsabilidad" de evitar otros cuatro años de gobierno de Bolsonaro, la estrategia de un frente muy amplio contra el fascismo podría convertir las elecciones de 2022 en "un mero juego simbólico".
“Dado que no ha surgido ninguna otra coalición de izquierda, el PT puede hacer lo que quiera, porque quienes se identifican con la izquierda no tienen otra alternativa de voto. El PT debería explicar a la sociedad qué constituye un programa de izquierda efectivo para Brasil. Si lo presentara en la primera vuelta, podría negociar en la segunda, pero si se presenta con un programa de propuestas reducido, el PT se está rindiendo antes de empezar la contienda”, argumentó.
Safatle dijo que entiende los cálculos electorales que se están haciendo, pero advirtió que la izquierda brasileña podría simplemente estar ganando tiempo, ya que "existen riesgos en varios niveles y estamos cambiando uno por otro".
«Están ganando tiempo. La bomba iba a estallar ahora con el riesgo de elegir a Bolsonaro, pero con el amplio frente estallará más tarde y podría ser políticamente catastrófico para la izquierda. El riesgo es no poder gobernar, que todo se paralice por tantos pactos, o formar un gobierno de centroderecha porque es lo que tenemos ahora. Tenemos que prepararnos para esa posibilidad», advirtió.
El filósofo enfatizó que Brasil es un país sin ala izquierda y afirmó que, en general, en América Latina, "la izquierda ya no cree en sí misma".
Evaluación de la oficina de Gabriel Boric
Para ilustrar su punto, Safatle habló del gabinete recién nombrado por Gabriel Boric en Chile, que sorprendió a muchos al distanciarse de su aliado de izquierda, el Partido Comunista, para "convocar a figuras del establishment".
“En Chile, un proceso de insurrección popular llevó al poder, lo que significa que el marco institucional no es el protagonista. El presidente no necesitaba al Congreso, sobre todo porque este será reemplazado una vez aprobada la nueva Constitución. La izquierda optó por una vía segura que, al final, no lo es tanto”, reflexionó.
Por otro lado, el profesor no cree que ya se pueda decir que Boric haya abandonado su proyecto gubernamental incluso antes de comenzarlo, aunque, "de hecho, ya hay una reacción interna".
Históricamente, recordó que en Chile existe una tendencia a reconfigurar siempre la senda chilena hacia el socialismo, orientándola hacia un capitalismo "con un rostro más humano", abandonando ciertos paradigmas del neoliberalismo e implementando políticas como la educación pública para todos, una de las principales causas de Boric, dicho sea de paso.
“Creo que la estrategia consiste en presentar demandas que realmente puedan cumplir, pero el proceso chileno es más complejo de lo que parece, porque existe un elemento de dinámica insurgente que escapa al control del gobierno y que, junto con el Partido Comunista, puede ejercer presión sobre él. A esto se suman las dinámicas históricas, que también tienen peso. Chile conserva en su memoria a Salvador Allende, un verdadero socialista que nacionalizó el sector bancario, por ejemplo. No era un reformista puro. Así que tendremos que observar qué sucede”, explicó.
Presión popular
De hecho, según Safatle, la presión popular es la única manera de evitar un gobierno de centroderecha o centroizquierda, tanto en Brasil como en Chile. Y, en el caso brasileño, «es una estrategia que aún no se ha intentado».
“Tenemos un historial de enormes levantamientos que no resuenan en la arena política. Esto no sucede porque la configuración de la estructura de liderazgo de la izquierda es una clase media radicalizada que busca su radicalismo no en conectar con la población, sino en defender el discurso de la legalidad”, explicó.
Así pues, argumentó que la institucionalización de los procesos de democracia directa debía integrarse en los programas de izquierda, incluyendo la transferencia de funciones a la población. El filósofo sugirió, por ejemplo, que el Ministerio de Educación fuera gestionado por un consejo de docentes, reconocido por el Estado como un órgano interno.
“Falta una estructura institucional que permita al pueblo gobernar de forma colectiva. Es responsabilidad del gobierno crear las condiciones para que surja dicha estructura. El problema es que Brasil es ingobernable. El país fue diseñado de tal manera que resulta imposible gobernar con el Congreso y llevar a cabo cambios estructurales e institucionales”, enfatizó.
