A pesar del aumento de la destrucción del bioma Cerrado bajo la administración de Bolsonaro, esta se dispara un 7,9%, alcanzando su nivel más alto desde 2016.
Difundidos sin fanfarrias, los datos del INPE confirman la tendencia creciente de deforestación observada desde el inicio del mandato.
Brasil en hechos - La destrucción del Cerrado, la sabana más biodiversa del planeta, continúa a un ritmo acelerado en Brasil, aumentando un 7,9% en 12 meses. Se perdieron 8,5 kilómetros cuadrados de vegetación nativa, un área equivalente a casi seis veces el tamaño de la ciudad de São Paulo.
Aunque cubren el período entre agosto de 2020 y julio de 2021, los datos fueron publicados discretamente por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), una agencia del gobierno federal, en la víspera de Año Nuevo, en medio de las festividades.
La superficie deforestada es la mayor desde 2016 y representa otro hito de la devastación ambiental bajo el gobierno de Jair Bolsonaro (PL), un fiel aliado del sector más destructivo del agronegocio.
Según un estudio de Mapbiomas, la ganadería y la agricultura de exportación fueron responsables del 99% de la deforestación en el Cerrado, que ya perdió casi la mitad de su cubierta vegetal original.
Las estadísticas del INPE también revelan que el ascenso de Bolsonaro al poder interrumpió una trayectoria de drástica disminución de la deforestación en el bioma, observada entre 2004 y 2017.

A este ritmo, el algodón, el maíz y, sobre todo, la soja reemplazarán las 12 variedades de plantas típicas de la región. Esta biodiversidad encierra la posibilidad de una economía sostenible sin devastación, conflictos agrarios ni desigualdad social.
Identidad sofocada
Cuando hablamos de 12 especies, hablamos de 12 posibilidades para la bioprospección, productos farmacéuticos, cosméticos, frutas y mermeladas. Es una diversidad gigantesca, y estamos descubriendo todo esto, pero a un ritmo muy inferior al de la deforestación. Con la soja, estamos desaprovechando todas estas posibilidades.
La observación proviene del geógrafo e investigador Yuri Salmonas, director del Instituto Cerrados. Activa desde 2011, la organización es una de las ONG que promueven la preservación del medio ambiente y el desarrollo de la economía regional, centrándose en el fortalecimiento de las comunidades tradicionales.
“Nos parece muy bien importar una variedad de frutas y bebidas de países europeos, principalmente de Francia e Italia, pero nos cuesta mucho reconocer nuestra propia riqueza. Estamos renunciando a nuestra identidad por la soja”, reflexiona el director del Instituto Cerrados.
Distribuido en el 24% del territorio nacional y 11 estados, el Cerrado brasileño ha sido el más devastado en tres de ellos: Maranhão (2,2 km²), Tocantins (1,7 km²) y Bahía (925 km²). Conforman la denominada Matopiba, una combinación de las siglas de los tres estados —más Piauí—, donde el monocultivo ha avanzado con fuerza desde la década de 80.
"Palo de Brasil, caña de azúcar, oro, petróleo, soja y carne. Tenemos un acuerdo que permite a Brasil integrarse en el mercado internacional de la misma manera que lo hizo durante la colonización. La base de la balanza comercial es la exportación de productos básicos de bajo valor añadido", afirma el geógrafo.
La ilusión del desarrollo
A estas alturas, la complicidad del gobierno federal con los delincuentes ambientales es más que conocida. «El problema radica en una falta generalizada de planificación, capacidad de supervisión, acciones de mando y control, y una planificación y ocupación inteligentes del Cerrado», señala Salmonas.
La ausencia de una política económica nacional centrada en el desarrollo sostenible constituye, sin embargo, otro factor decisivo en la proliferación del monocultivo en el Cerrado, cada vez más destructivo.
"La Ley Kandir elimina el impuesto ICMS sobre los productos agrícolas no manufacturados. En otras palabras, esta gran exportación no genera recursos para la inversión en el país. Y la infraestructura que facilita esta exportación se financia con fondos públicos", critica.
El Plano Safra, un programa federal que otorga anualmente créditos a pequeños y medianos productores, también incentiva actividades agrícolas depredadoras al descuidar a los pequeños productores y a los agroextractivistas.
De los R$251,2 millones en recursos del Plan Cosecha 2021/2022, menos de R$40 millones se destinaron a la agricultura familiar. En la edición anterior, la cifra fue un 19% menor. Según el investigador, la falta de incentivos para la economía verde a nivel nacional se repite en los niveles estatal y municipal.
"Tenemos entonces un Estado financiando masivamente ese modo de producción de monocultivos, de grandes latifundios para la exportación de productos de bajo valor añadido", señala.
Como la actividad de monocultivo está desconectada del desarrollo local, cuando llega la frontera agrícola el resultado es desempleo y mayor concentración del ingreso, especialmente en manos de quienes se lucran en dólares con las exportaciones.
“Incluso podría observarse un aumento momentáneo del IDH [Índice de Desarrollo Humano] porque se termina exportando la población a la siguiente frontera agrícola. Porque allí habrá pocos empleos y una mano de obra relativamente cualificada. Y esa masa de personas quedará desempleada”, explica el director del Instituto Cerrados.
Apagón de datos
La deforestación en el Cerrado comenzó en el año 2000, pero su futuro es incierto. Según WWF-Brasil, PRODES Cerrado —un proyecto de monitoreo del INPE que generó los datos presentados en este informe— se ve amenazado por la falta de financiación.
“En este escenario de clara tendencia ascendente de la deforestación en el Cerrado, el riesgo de que el programa PRODES Cerrado se vuelva inviable a partir de enero de 2022 por falta de financiación equivale a un cheque en blanco para los deforestadores”, afirma Mariana Napolitano, gerente científica de WWF-Brasil.
“Es también otro ataque a la producción científica nacional y al rol fiscalizador del Estado, que, sin datos actualizados y confiables, tiene menor capacidad para implementar acciones y políticas ambientales”, añade.
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