Petrobras ha registrado el mayor volumen de derrames de petróleo en los últimos dos años desde 2013.
Entre 2019 y 2020, Petrobras experimentó 23 derrames de petróleo y productos derivados del petróleo equivalentes a casi 4 barriles de petróleo.
Del Observatorio Social de Petrobras - Petrobras sufrió 23 derrames de petróleo y derivados entre 2019 y 2020, con un volumen total de 631,8 metros cúbicos, equivalentes a casi 4 barriles de petróleo. Este volumen superó la suma de los derrames registrados en el sexenio 2013-2018, que ascendió a 434,81 metros cúbicos. Según una encuesta del Instituto Latinoamericano de Estudios Socioeconómicos (Ilaese) para el Observatorio Social de Petrobras (OSP), basada en el informe anual de sostenibilidad de la empresa estatal, 2019 registró el peor índice de la compañía en los últimos diez años. Se produjeron 17 derrames, con un volumen total de 415,3 metros cúbicos, lo que representa 2.613 barriles de petróleo.
Con el mayor crecimiento de la década, el índice de 2019 interrumpió la tendencia a la baja que la empresa venía siguiendo desde 2015. En cuatro años, las fugas disminuyeron un 74 %. En 2020, el número de incidentes se redujo casi a la mitad en comparación con el año anterior (216,5 metros cúbicos). «El porcentaje, sin embargo, siguió siendo significativo ante el modesto crecimiento de la producción bruta de Petrobras», afirma Gustavo Machado, economista de Ilaese y OSP.
Según él, en la última década, la producción de Petrobras creció apenas un 5,84%, mientras que los derrames se han multiplicado en los últimos dos años. “El daño ambiental es consecuencia directa de la actividad realizada, especialmente en el caso de una industria extractiva. Una empresa que multiplica su producción en un período determinado tendrá un impacto ambiental equivalente a la expansión de sus actividades. Y en los últimos 15 años, sobre todo en la última década, no ha habido un aumento significativo en la producción total de Petrobras, particularmente en el caso del petróleo”, argumenta.
Según el economista, la problemática ambiental se ha agudizado en los últimos dos años, con una profundización sin precedentes en la privatización de Petrobras. “Los impactos ambientales no solo son resultado de la actividad directa de Petrobras, sino también de sus decisiones de inversión. La privatización de las reservas presalinas y de las distintas unidades de la compañía tiende a incrementar los accidentes en alta mar, con impactos ambientales incalculables”, advierte.
Otro punto destacado en el estudio es la drástica reducción de las inversiones de Petrobras en proyectos socioambientales. Estas inversiones totalizaron 495 millones de reales en 2013, cifra que se redujo a 89 millones de reales el año pasado, sin considerar la corrección monetaria.
Reducción de costes y beneficios
Según Machado, en el proceso de privatización, la prioridad es obtener ganancias rápidas con la menor inversión posible. “Por ello, una de las primeras medidas que se adoptan es la reducción de costos. Y el sector ambiental es uno de los primeros en sufrir esta consecuencia. En este escenario que involucra una industria extractiva, los impactos ambientales derivados de la negligencia y la reducción de costos tienden a ser enormes”, enfatiza.
Como ejemplo, el economista cita dos casos de accidentes notorios que involucraron a la empresa Vale: uno en las ciudades mineras de Brumadinho en 2019 y otro en Mariana dos años antes. Según él, Vale fue vendida por US$3 mil millones en 1998 y, desde entonces, la empresa ha obtenido más de US$90 mil millones en utilidades netas, de los cuales aproximadamente la mitad se transfirió a las cuentas bancarias de sus accionistas en forma de dividendos. “Dos años después de la ruptura de una represa que causó casi 300 víctimas mortales e impactos ambientales sin precedentes, Vale registró el mayor dividendo de su historia. Se distribuyeron R$18 mil millones entre sus accionistas”, enfatiza. Esta fue la mayor proporción de dividendos distribuidos entre todas las empresas privadas de Brasil. Petrobras ocupó el tercer lugar.
Según el economista, la producción presalina tiene una de las tasas de rentabilidad más altas del mercado, y la empresa se esfuerza por explotar estas reservas al máximo, al tiempo que vende sus participaciones en unidades de energía renovable que producen biocombustibles y energía eólica. “La participación de Petrobras en el sector de la energía eólica, el de mayor crecimiento en el país durante la última década, terminó con la venta del parque eólico Mangue Seco 2 en Rio Grande do Norte. Simultáneamente, la empresa está presionando para vender Petrobras Biocombustíveis (PBio), precisamente cuando se volvió rentable gracias a los incentivos fiscales para el sector. Algo sumamente contradictorio”, concluye.
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