En un editorial, Frías pide la cabeza de Eduardo Cunha.
«Si el pleno del Tribunal Supremo considera que existen motivos suficientes para aceptar los cargos, iniciando así un proceso penal, Eduardo Cunha deberá dimitir como presidente de la Cámara. Se espera que él y sus colegas sean conscientes de ello», declara Otavio Frias de «Folha de S. Paulo».
247 – En un editorial en 'Folha de S. Paulo' de este viernes, Otávio Frías reacciona a la acusación del Fiscal General que pide la destitución de Eduardo Cunha (PMDB):
«Si el pleno del Tribunal Supremo considera que existen pruebas suficientes para aceptar los cargos, iniciando así un proceso penal, Eduardo Cunha deberá dimitir como presidente de la Cámara. Se espera que él y sus colegas sean conscientes de ello», afirma.
Lea a continuación en su totalidad:
La conciencia de Cunha
El presidente de la Cámara pretende permanecer en el cargo incluso con cargos presentados en su contra ante la Corte Suprema; si se convierte en acusado, la situación será insostenible.
Hace diez años, y por mucho menos, el entonces presidente de la Cámara de Representantes, Severino Cavalcanti (PP-PE), renunció a su cargo y a su mandato parlamentario. Fue acusado de exigir un "soborno mensual" al dueño de un restaurante en el Congreso: 10 reales, según la moneda de la época.
Eduardo Cunha (PMDB-RJ) ciertamente no es Severino. En términos de estatura política y capacidad de negociación, sería incluso injusto comparar al miembro del PMDB con el del PP.
Pero también sería injusto para el folclórico "rey del bajo clero" equiparar las estafas de 2005 con los esquemas que, según la Procuraduría General de la República, involucran al beligerante congresista de Río de Janeiro.
Según el testimonio del lobbysta Julio Camargo, dado como parte de un acuerdo de delación compensada, Cunha exigió US$5 millones para facilitar negocios entre la empresa surcoreana Samsung Heavy Industries y Petrobras.
El congresista niega haber recibido sobornos, pero la Fiscalía General de la República ha impulsado el caso. Este jueves (20), Rodrigo Janot presentó ante el Supremo Tribunal Federal su denuncia formal contra Cunha, describiendo en el documento los delitos de corrupción y blanqueo de capitales.
Aunque el expresidente y actual senador Fernando Collor (PTB-AL) también es objetivo de la iniciativa, todas las miradas están puestas en el miembro del PMDB. ¿Perderá aliados? ¿Aumentará la presión sobre el gobierno federal?
Preguntas de esta naturaleza surgen cuando alguien como Cunha está al mando de la Cámara de Diputados. Después de todo, el presidente de la Cámara tiene la facultad no solo de fijar la agenda legislativa, sino también de tramitar solicitudes de impeachment.
Mientras estas preguntas siguen sin respuesta, el diputado carioca abordó otra duda emergente: no tiene intención de renunciar a su mandato ni al cargo que ocupa actualmente.
Sin orden judicial que lo contradiga —ni siquiera se ha presentado una solicitud al respecto—, Cunha puede tomar la decisión que considere más adecuada políticamente. A diferencia de Severino Cavalcanti, el miembro del PMDB no ha perdido influencia sobre la mayoría de sus colegas.
La situación será diferente, sin embargo, si el pleno del Tribunal Supremo considera que hay pruebas suficientes para aceptar los cargos, iniciando así el proceso penal.
En este escenario, para evitar que sus acciones sean siempre objeto de doble interpretación y que la imagen de la Cámara de Diputados se confunda con la de un banquero, Eduardo Cunha deberá dimitir de su cargo de liderazgo. Se espera que él y sus colegas sean conscientes de ello.