Estadão pide la cabeza de Janot en editorial.
En consonancia con Michel Temer, el diario O Estado de S. Paulo defendió el miércoles 6 la renuncia del Fiscal General de la República, Rodrigo Janot. «En su imprudente actuación, Janot ignoró las sospechas que recaían sobre el fiscal Marcelo Miller, quien presuntamente ayudó a Joesley a preparar el acuerdo de culpabilidad contra Temer», señala el diario. «Ante hechos como estos, cualquier persona con sentido común debe cuestionar las intenciones de Joesley Batista y la competencia de Rodrigo Janot. El Fiscal General careció de perspicacia profesional y sentido común. Y de nada sirve ahora decir que todo se hizo de "buena fe". No se juega así con el país».
247 - El diario O Estado de S. Paulo defendió este miércoles 6 la renuncia del Fiscal General de la República, Rodrigo Janot, tras las revelaciones del audio entre los denunciantes de JBS, Joesley Batista y Ricardo Saud, en el que afirmaban haber recibido instrucciones ilegales del fiscal Marcelo Miller, entonces mano derecha de Janot en la PGR, para elaborar el acuerdo de negociación de la pena.
"En su acción temeraria, Janot hizo caso omiso de las sospechas que rodean al fiscal Marcelo Miller, quien supuestamente ayudó a Joesley a preparar el acuerdo de culpabilidad contra Temer", afirma el Estado de S. Paulo.
Ante hechos como estos, cualquier observador sensato debe cuestionar las intenciones de Joesley Batista y la competencia de Rodrigo Janot. El Fiscal General carecía de perspicacia profesional y sentido común. Y de nada sirve ahora decir que todo se hizo de "buena fe". No se juega así con el país.
Lea el editorial completo:
Janot debería dimitir.
El fiscal general de Brasil, Rodrigo Janot, debería haber dimitido ayer, sin esperar al plazo oficial del 17 de septiembre. Con este gesto, Janot habría demostrado que por fin conservaba algo de prudencia, tras comportarse de forma tan imprudente —por decirlo menos— durante el lamentable episodio del acuerdo de culpabilidad del empresario Joesley Batista.
Anteayer, Janot declaró públicamente que Joesley omitió deliberadamente información crucial de la Fiscalía General en su acuerdo de culpabilidad, especialmente el hecho de que el empresario se valió de la asesoría ilegal de uno de los colaboradores de Janot, el fiscal Marcelo Miller, para lograr el acuerdo contra el presidente Michel Temer y obtener el valioso pacto que le garantizaba inmunidad total. En ese mismo momento, el Fiscal General tuvo la obligación de reconocer que había sido engañado por un delincuente confeso y que no estaba a la altura del cargo que ostentaba.
Sería una forma de reducir un poco el terrible daño que Janot causó al trabajo de quienes se toman en serio la lucha contra la corrupción. El caso es que el Procurador General de la República se dejó seducir por la posibilidad de atrapar nada menos que al Presidente de la República, cuya cabeza le ofreció el famoso Joesley Batista. Sin tomar las debidas precauciones, Janot consideró que la acusación de Joesley y el acto del empresario contra Temer eran prueba suficiente de que el Presidente de la República, según sus palabras, “engañó a los ciudadanos brasileños”. Ahora podemos ver quién fue engañado.
En su temeraria actuación, Janot ignoró las sospechas que recaían sobre el fiscal Marcelo Miller, quien presuntamente ayudó a Joesley a preparar el acuerdo de culpabilidad contra Temer. En aquel momento, el Fiscal General incluso afirmó que no había nada contra Miller, aun después de que se supiera que su asistente había renunciado a su cargo de fiscal para trabajar en el bufete de abogados que negociaba el acuerdo de clemencia para la empresa de Joesley, JBS. La renuncia se hizo pública el 6 de marzo, un día antes de la reunión entre Joesley y Temer en la que el empresario intervino el teléfono del presidente.
Cuando Janot presentó la denuncia contra Temer, quedó claro que el fiscal general no tenía más que lecciones. Entonces quedó claro que la increíble generosidad del acuerdo con Joesley, que en sí mismo ya era injustificable, no resultó más que una dulce impunidad para el astuto carnicero.
Aun así, Janot llegó a decir, en un evento reciente, que "lo haría todo de nuevo", queriendo decir que le concedería a Joesley inmunidad total a cambio de lo que el empresario tuviera que decir contra Temer, incluso si se trataba solo de medias verdades, conversaciones en clave y frases fragmentadas que pudieran interpretarse según los deseos del cliente.
No fue casualidad, por lo tanto, que Joesley se sintiera tan cómodo. La Fiscalía General, con la aprobación del Ministro Edson Fachin, descuidó las precauciones básicas antes de que se presentaran los cargos contra Temer. Ni siquiera se realizó un análisis pericial de las grabaciones que supuestamente incriminaban al presidente. Cuando quedó claro que las maniobras de Joesley no producían las pruebas que Janot había proclamado a los cuatro vientos, incluso dos meses después del escándalo, el Tribunal Supremo Federal le concedió al empresario otros 60 días para entregar los anexos prometidos que supuestamente corroboraban sus declaraciones. Era evidente que ocurría una de dos cosas: o Joesley no contaba todo lo que sabía, protegiendo a unos cuantos, o lo contaba todo y, ante los escasos resultados, parecía querer mantener al país en vilo con la promesa de más información, justificando así la inmunidad penal que había recibido como un regalo de Janot.
La situación se complicó aún más cuando se supo que Joesley tenía otras 40 horas de grabaciones que había borrado del dispositivo que entregó a la Policía Federal (PF) para su análisis forense. Al difundirse la información de que la PF había comenzado a recuperar estos archivos, Joesley se apresuró a entregar las grabaciones de audio faltantes.
Ante estos hechos, cualquier observador sensato cuestionaría las intenciones de Joesley Batista y la competencia de Rodrigo Janot. El Fiscal General carecía de perspicacia profesional y sentido común. Y es inútil afirmar ahora que todo se hizo de "buena fe". No se juega así con el país.