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Fernando Brito: Miriam Leitão representa la "Lulaificación" de un sector de la derecha brasileña.

"Lo que hizo Miriam es lo que los portavoces de la derecha en el periodismo vienen haciendo cada vez más: aceptar que Lula es el remedio a mano para curarnos de Bolsonaro", afirma el editor de Tijolaço.

Fernando Brito: Miriam Leitão representa la "Lula-ificación" de un sector de la derecha brasileña (Foto: Ricardo Stuckert | Reproducción)

Por Fernando Brito, en Tijolaço – El artículo de Miriam Leitão en O Globo de hoy –“Solo hay un extremista en la carrera de 2022”– es menos importante por lo que escribe que por lo que revela: la tendencia a la “lulaificación electoral” de cierta parte de la derecha, frente a la monstruosidad que, ya anunciada mucho antes, se ha materializado en Jair Bolsonaro.

El texto es pobre y autorreferencial en varios pasajes, pero acaba dando sentido a algo que se viene observando cada vez más en los círculos políticos y económicos que representa el columnista de O Globo: el reconocimiento de que Lula no sólo es la alternativa electoral viable para enfrentar a Jair Bolsonaro, sino también la figura capaz de recuperar la institucionalidad necesaria para la supervivencia de un Estado democrático de derecho en Brasil.

Sin decirlo, es una capitulación ante la realidad de que no hay posibilidad de articular una candidatura alternativa viable para ambos, y que Lula no representa el demonio que Bolsonaro quiere retratar: el de un candidato de “extrema izquierda” contra el que puede blandir la bandera del miedo a un “comunismo” que nadie conoce y nadie ha visto.

Las “terceras vías” –sí, hay varias– se confunden y chocan a nivel microscópico: Tasso Jereissati pretende “aceptar si Ciro se retira”; Luciano Huck compite con Luciano Huck; Nelson Mandetta disputa territorio con Luciano Huck, mientras que João Dória choca con Eduardo Leite, de Rio Grande do Sul, todos ellos atrapados en un circo de pulgas hasta ahora.

Lo que hizo Miriam es lo que los portavoces de la derecha en el periodismo vienen haciendo cada vez más: aceptar que Lula es el remedio a mano para curarnos de Bolsonaro.

Los partidos de otras tendencias políticas deberían esforzarse por ofrecer alternativas al votante brasileño, porque la democracia se compone de diversidad de ideas y propuestas. El error ineludible es decir que esta es la manera de escapar de dos extremos. Eso contradice la realidad. No hay extrema izquierda en el país, pero sí Bolsonaro, que es de extrema derecha. En el gobierno, multiplicó las muertes por la pandemia y siempre deja claro que, si puede, anulará la democracia.

En otras palabras: sus candidatos tienen derecho a, sin gloria, solicitar votos. Pero no pueden decir que serán "París" ante una confrontación real y que, al no estar con Lula, estarán con Bolsonaro.

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