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Folha critica el "traspié retórico presidencial"

El periódico de Otávio Frias afirma en un editorial que las declaraciones de Dilma sobre la inflación reforzaron la percepción de que el gobierno federal no tiene una estrategia definida para enfrentar los desafíos de la economía. 

Folha critica el "traspié retórico presidencial"

247 Este Viernes Santo, Folha de S. Paulo dedica su editorial a atacar a la presidenta Dilma Rousseff por sus declaraciones sobre la inflación: reforzaron la percepción de que el gobierno federal no tiene una estrategia definida para afrontar los desafíos de la economía. Leer:

Los errores de Dilma

El presidente avergüenza al Banco Central con una declaración desafortunada sobre la lucha contra la inflación, que sigue aumentando, y luego afirma que fue malinterpretada.

Las declaraciones de la presidenta Dilma Rousseff sobre la inflación en la cumbre de los BRICS en Durban, Sudáfrica, perjudicaron la credibilidad de su política económica. Reforzaron la percepción de que el gobierno federal carece de una estrategia definida para afrontar los desafíos de la economía y el régimen de metas de inflación.

Ayer, un día después de las declaraciones de Dilma, el Banco Central publicó su informe del primer trimestre con nuevas proyecciones de inflación, significativamente peores que las de finales del año pasado. El Banco Central prevé que el IPCA (Índice de Precios al Consumidor) aumente un 5,7% este año, muy por encima del 4,9% pronosticado en diciembre. Para 2014, la previsión subió del 4,8% al 5,3%.

El error retórico del presidente comenzó al atribuir la responsabilidad de abordar el tema de la inflación al Ministerio de Hacienda, y no al Banco Central. Parece una cuestión semántica, pero no lo es.

El mandato para controlar la inflación recae en el Banco Central. Desde que el presidente del banco obtuvo rango ministerial, incluso su subordinación formal al Ministerio de Hacienda ha dejado de existir.

La presidenta también afirmó que no estaba de acuerdo con una lucha contra la inflación que implicara una reducción del crecimiento económico. Para ella, el enfoque que "busca matar al paciente en lugar de curar la enfermedad" está obsoleto.

Finalmente, Dilma atribuyó el problema a las fluctuaciones de precios a corto plazo, una opinión refutada por numerosos expertos. El sector servicios, por ejemplo, mantiene un crecimiento constante a un ritmo del 8% anual.

El discurso de Dilma se consideró incompatible con las declaraciones del Banco Central, que en sus comunicados ha manifestado su preocupación por la inflación y la posibilidad de tener que subir los tipos de interés para contenerla. Ante la reacción negativa del mercado financiero, el presidente reiteró que sus declaraciones habían sido manipuladas e interpretadas erróneamente.

Lo crucial no son una o dos palabras desafortunadas del presidente, sino la imprudencia del Banco Central. Aun así, la falta de habilidades comunicativas del gobierno es evidente, dejando una sensación de improvisación. No hay liderazgo que defina una dirección clara y armonice las percepciones del sector privado. A trompicones, el gobierno parece enfrentarse únicamente al reto —o al error— del día a día.

La inflación está aumentando. El crecimiento sigue estancado. La balanza de pagos está empeorando. Y la inversión, que se suponía que sería el sello distintivo del gobierno de Dilma Rousseff, no muestra señales de reactivarse.

¿Cuál es la estrategia? El mosaico de declaraciones de las autoridades sugiere una respuesta sombría: no se vislumbra ninguna.