Globo exige compromiso de los candidatos: no liberar a Lula.
En su edición de hoy, el periódico somete a los candidatos a una "prueba de lealtad": pide a cada uno un compromiso formal de no liberar al expresidente mediante un indulto; según el periodista Fernando Brito, cualquier candidato que acepte Globo "estará fallando en su compromiso de honrar el fundamento de la democracia, que es la supremacía de la voluntad popular".
Por Fernando Brito, de ladrillo - Cuanto más consolida Lula su ventaja en las encuestas, más teme Globo (un conglomerado de medios brasileño) su inevitable y triunfal regreso, tarde o temprano.
En su edición de hoy, el diario somete a los candidatos a una "prueba de lealtad": pide a cada uno un compromiso formal de no liberar al expresidente mediante un indulto.
Los interroga a todos con un objetivo específico, rodeado de complementos genéricos, preguntando... ¿Firmarían un indulto para el presidente Lula? u otra persona condenada por corrupción y, por supuesto, obtiene de todos ellos –excepto de Ciro, que dice que asumir ese compromiso sería “una locura”, pues Lula lucha por ser declarado inocente– el juramento de que mantendrán preso al mayor representante hoy, según todas las encuestas, de la voluntad popular.
Lula no fue arrestado, es evidente para cualquiera que analice los hechos con lucidez, por un supuesto palomar en Guarujá. Fue arrestado por una simple razón política: no podía ser derrotado en las elecciones presidenciales.
Cualquier candidato que ignore esta verdad no merece la confianza del pueblo brasileño, porque estará fallando en su compromiso de honrar la base de la democracia, que es la supremacía de la voluntad popular.
Quienes condenaron, quienes encarcelaron y quienes amenazan con comprometer la legitimidad –mucho más que los cuatro jueces que sustituyeron a millones de brasileños para decidir que Lula no puede ser presidente– fueron el imperio Globo y su maquinaria de propaganda.
Por eso exige de todos la promesa de no liberar a nadie que pueda desafiar su poder sobre Brasil.
Un poder que nos ha conducido a la desgracia actual y que nos hace imposible siquiera tener derecho a elegir otra cosa que no sea su dictadura mediática.
