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Greenwald explica el motivo del secuestro de Maduro por parte de Trump: el robo de petróleo.

Un periodista asegura que EEUU no busca "liberar" a Venezuela, sino controlar sus recursos, y señala a Donald Trump como símbolo de la franqueza imperial.

Glenn Greenwald (Foto: Lula Marques)

247 - El periodista Glenn Greenwald publicó un Duro artículo en el periódico FSP En el que desafía directamente la narrativa de que Estados Unidos actúa para "liberar" al pueblo venezolano. Para él, la verdadera motivación detrás de la ofensiva y la operación de cambio de régimen —descrita en el texto como un secuestro del presidente Nicolás Maduro— es la misma: el petróleo.

Al comienzo del artículo, Greenwald señala que, «en los últimos 50 años», Estados Unidos «ha librado más guerras que cualquier otro país, con diferencia», y que, para sostener tantas intervenciones, el país necesita una poderosa maquinaria de propaganda. Según él, esta maquinaria ya está funcionando de nuevo, convirtiendo a una parte significativa de los medios de comunicación occidentales en portavoces de la idea de que los bombardeos y las operaciones políticas contra Venezuela tienen como objetivo «liberar» al país de un dictador represivo.

La "liberación" como pretexto para la dominación

Para Greenwald, la sola idea de que Estados Unidos emprenda una guerra por razones humanitarias es ridícula. Argumenta que Washington no invade países para liberar a nadie, sino para someter gobiernos y explotar recursos estratégicos.

Por lo tanto, el pueblo venezolano no sería el objetivo de ninguna operación. El objetivo sería la apropiación de la riqueza nacional.

Según el periodista, lo más llamativo del caso venezolano es que Donald Trump, actual presidente de Estados Unidos, fue particularmente explícito al presentar el objetivo económico del plan. Al ser cuestionado sobre los intereses estadounidenses en Venezuela, Trump ni siquiera intentó fingir preocupación por la democracia o la libertad.

"Necesitaremos inversiones importantes de las compañías petroleras.“Trump dijo, según el texto.Y las compañías petroleras están listas para comenzar.."

Para Greenwald, esta frase desmonta toda la retórica de la liberación y revela el corazón de la ofensiva: “dominar” a Venezuela y asegurar que sus recursos sirvan a los intereses corporativos estadounidenses.

Trump y la indiferencia hacia la oposición venezolana

Greenwald sostiene que, contrariamente a lo que muchos imaginan, Trump no mostraría un interés real en “empoderar” a los líderes de la oposición venezolana, incluso a aquellos que reciben atención y apoyo internacional.

Menciona a la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, quien supuestamente fue tratada por Trump como una “mujer genial...pero incapaz de gobernar. También cita a Edmundo González, descrito como el "ganador declarado de las últimas elecciones", pero alguien en quien Trump no mostraría ningún interés.

Aún más controvertido es que Greenwald dice que Trump incluso indicó una preferencia por Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana elegida personalmente por Maduro y descrita en el artículo como una "socialista de línea dura", para permanecer en el poder.

El punto central, según Greenwald, es que Trump no le exigía a Rodríguez ningún compromiso con las libertades públicas ni con la democracia. La exigencia era algo completamente distinto, directo y material.

"Lo único que él le exige es..." 'Acceso completo... Necesitamos acceso al petróleo y a otras cosas'“, escribe Greenwald, destacando la frase atribuida al presidente estadounidense.

La política exterior de Estados Unidos y el apoyo a las dictaduras

El artículo pasa a un argumento más amplio: que la política exterior estadounidense no se opone a las dictaduras, sino que a menudo las instaura y las sostiene.

“El gobierno estadounidense, en general, no se opone a las dictaduras ni busca llevar la libertad y la democracia a los pueblos oprimidos del mundo. Es todo lo contrario”, afirma Greenwald.

Argumenta que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el apoyo a regímenes autoritarios se ha convertido en un pilar de la política exterior estadounidense. Según Greenwald, Washington ha contribuido a derrocar muchos más gobiernos electos que a eliminar dictaduras.

El razonamiento del periodista es pragmático: en regiones con un fuerte sentimiento antiamericano —y afirma que ese número está creciendo— Estados Unidos prefiere autócratas aliados, que reprimen al pueblo, a gobiernos democráticos que necesitan responder a las demandas populares.

En este modelo, la exigencia central no sería la democracia, sino la sumisión.

El único requisito que Estados Unidos impone a los líderes extranjeros es la deferencia a sus dictados. El pecado de Maduro no fue la autocracia, sino la desobediencia, escribe Greenwald.

Admiración abierta por los regímenes represivos

Greenwald también afirma que Trump, en particular, tiene una clara afinidad por los líderes autoritarios. Enumera ejemplos y dice que el presidente estadounidense «apenas puede contener su admiración y afecto» por:

  • "Déspotas saudíes"
  • la “junta militar egipcia”
  • autócratas oligárquicos de los Emiratos Árabes Unidos y Qatar
  • “Dictadores despiadados” de Uganda y Ruanda

La crítica es que Estados Unidos no sólo tolera estas dictaduras: ayuda a instalarlas o sostenerlas con apoyo político, militar y económico, siempre y cuando permanezcan "subordinadas" a los intereses de Washington.

Obama, Libia, Siria y la retórica humanitaria.

Al comparar a Trump con administraciones anteriores, Greenwald afirma que el expresidente Barack Obama prefería disfrazar sus intervenciones de retórica moral, pretendiendo que las invasiones y los bombardeos estaban motivados por el deseo de traer libertad.

Para demostrar lo que llama fraude, el periodista menciona a Libia después del derrocamiento de Muammar Gaddafi, que supuestamente estuvo sumida en "derramamiento de sangre y represión", y a Siria, marcada por una guerra de "cambio de régimen" instigada por la CIA, con destrucción masiva y caos prolongado.

El atractivo de la propaganda y el deseo de héroes.

En el pasaje final, Greenwald afirma que, a pesar de décadas de evidencia sobre la verdadera naturaleza de las intervenciones estadounidenses, parte del público y de la prensa todavía muestran una disposición a creer que la "última campaña de bombardeos" será "buena y noble".

Reconoce que este tipo de narrativa puede ser emocionalmente atractiva: la gente quiere héroes y "finales felices" en los que los tiranos son derrotados y los pueblos son liberados.

Pero, según Greenwald, Hollywood y la propaganda occidental explotan este deseo tribal e instintivo, ofreciendo al público una sensación indirecta de poder y propósito. El problema, concluye, es que las guerras y las operaciones de cambio de régimen no están diseñadas para producir liberación y, por lo tanto, nunca lo hacen.

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