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Medios de comunicación, libertad y alienación

El gobierno está utilizando parte de los medios de comunicación para respaldar una narrativa de victoria sobre los oficiales amotinados de la Policía Militar de Bahía.

No hace falta ser politólogo para ver cómo la reciente huelga de la Policía Militar de Bahía estuvo vinculada al decidido apoyo dado por los grandes medios de comunicación al gobierno estatal, lo que debilitó la movilización de los amotinados y acabó con la amenaza que la huelga representaba para la celebración de nuestro carnaval.

En la misma línea, basta un simple análisis del contenido y la forma como la cúpula gubernamental evaluó el Carnaval de Salvador este Miércoles de Ceniza para percibir, aunque sea de manera subliminal, la utilización de los medios de comunicación en un esfuerzo más por demostrar que el gobierno salió victorioso del enfrentamiento con la policía militar.

Ciertamente, sin mucha dificultad, el observador más atento podrá percibir, implícitamente o, no pocas veces, muy claramente, que detrás de la justificación de que la "reducción" de aproximadamente el 17% en el número de incidentes y asistencia médica prestada, en comparación con 2011, se debió a la planificación logística de seguridad y al aumento del número de grupos carnavalescos desbocados en los circuitos carnavalescos, se esconde, en verdad, la negación del principal efecto del motín sobre la fiesta: la disminución del número de personas participantes en el carnaval de este año en Salvador.

Obviamente, no pretendo insinuar que todo lo que se ha informado sea mentira, pero, como la mayoría de los brasileños, también veo las estadísticas oficiales con cierto escepticismo. En este sentido, puedo afirmar, con base en lo que la calle le ha enseñado a un profesor y el conocimiento que la academia le ha transmitido a un policía, que, como mínimo, existe una discrepancia entre lo que han visto y sentido todos los participantes del Carnaval de Salvador y los datos presentados por las autoridades gubernamentales. Actualmente, disfrutar de las festividades de forma segura es uno de los principales factores que interesan a los turistas, y no es casualidad que nos esforcemos por protegerlos del dolor y el daño con cuerdas, vigilancia policial y zonas VIP. Al fin y al cabo, la violencia, motivada por diversos factores, forma parte de la celebración y contribuye a definir la imagen y la publicidad de la Ciudad del Carnaval como un lugar seguro.

En este contexto, contradiciendo los datos que nos colocan en una situación bastante desfavorable en el escenario nacional, en términos de índices de violencia y criminalidad, las informaciones divulgadas por el liderazgo gubernamental nos llevan a creer que, cada año, nos acercamos más al día en que, al menos durante el Carnaval, la Bahía real se convertirá en la Bahía de la propaganda oficial: el reino de la seguridad pública ideal.

Así como la sociedad, para legitimar las relaciones de poder, inventa un principio de realidad que se nos impone, los medios de comunicación también forjan una realidad virtual, igualmente autoritaria, no siempre al alcance del ciudadano promedio, quien, a menudo por falta de interés o tiempo, y por no tener la costumbre de profundizar en un tema determinado, forma su visión del mundo basándose en lo que lee en periódicos y revistas, escucha en la radio o ve en internet y la televisión. No en vano, más que nunca, el mundo de la política se ha convertido en un escenario donde se enfrentan diferentes versiones de un mismo acontecimiento, y el poder mediático a menudo se utiliza para imponer una de ellas como si fuera la expresión de la verdad.

Entre el hombre y el mundo se encuentra la tecnología, y gracias a su influencia, los medios de comunicación se han convertido, más que nunca, en uno de los pilares de las democracias occidentales. Porque, al darnos la ilusión de libertad auditiva, visual, de velocidad de información y de conocimiento —convenientemente manipuladas por el poder político—, también generan la sordera y ceguera de nuestra posmodernidad, que nos hace ver y oír solo lo que quienes ostentan el poder deciden que debe verse, leerse y oírse.

El Miércoles de Ceniza suele traer resacas éticas y morales que, si bien no impiden que la vida continúe, nos hacen pensar y reflexionar sobre las festividades, nuestros pecados y sus consecuencias, tanto colectivas como personales. Por lo tanto, para concluir, aprovecho esta oportunidad, al inicio de la Cuaresma, para invitar a reflexionar sobre el Carnaval como campo de disputa política y las implicaciones de unos medios de comunicación manipulados y su relación con nuestra falta de conciencia crítica sobre los elementos que constituyen esta forma posmoderna de alienación.