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Mourão ignora orden de silencio y habla de trabajo sin seguridad social y tropas en Venezuela.

"El día que se conoció la orden de silencio del presidente electo Jair Bolsonaro, el general Hamilton Mourão abrió la palabra a Valor Econômico para discutir dos temas que generarán mucho debate y tienen pocas posibilidades de concretarse, debido a la torpeza con la que se están manejando y el significado obtuso que encierran", dice el periodista Fernando Brito de Tijolaço, citando la defensa de Mourão de un permiso de trabajo "verde y amarillo" y la participación de Brasil en una "fuerza de paz" de la ONU.

Mourão ignora orden de silencio y habla de un trabajo sin seguridad social y tropas en Venezuela (Foto: REUTERS/Paulo Whitaker)

Por Fernando Brito, de ladrillo - El día que salió a la luz El presidente electo Jair Bolsonaro le ordenó callarse.El general Hamilton Mourão lo abrió Valor Económico para discutir dos temas que generarán mucha discusión y que tienen pocas posibilidades de concretarse, por la torpe forma en que están siendo manejados y el obtuso significado que contienen.

La primera es la “tarjeta de trabajo verde-amarilla”, que “competiría” con la tarjeta de trabajo convencional, dando al empleador el privilegio de no contribuir a la seguridad social del empleado y permitiendo que éste, si lo desea, organice su propio plan de jubilación.

La idea es absolutamente estúpida, partiendo de una impracticabilidad jurídica que sólo podría prevalecer en un sistema de justicia pésimo como el brasileño, por la simple y evidente afrenta al principio de igualdad.

Pero la cosa se pone aún peor. Es evidente que, dada la opción de contratar a un empleado al que tendrá que cobrar impuestos y a otro que no, el empleador no dudaría en contratar a este último. Es tan evidente que incluso Mourão reconoce que no hay ningún "plan" para evitar este "detalle" ruinoso para todos.

Para el sistema de la Seguridad Social, esto se debe a que dejará de recaudar cotizaciones para acumular los recursos que ya le faltan para pagar sus obligaciones. Esto sin contar a quienes, recontratados bajo el nuevo sistema y con su tiempo de cotización anterior, podrían en algún momento solicitar la jubilación por edad, tras haber dejado de cotizar.

Para el trabajador, considere lo que conllevarían los accidentes laborales o, peor aún, las situaciones de discapacidad. Sería la famosa actitud de "¿a quién le importa?", o la Seguridad Social tendría que pagar a quienes ni siquiera cotizaron, aumentando así las prestaciones continuas —si es que se mantienen— que no se corresponden con ninguna rentabilidad.

La excusa de que la "tarjeta de trabajo verde y amarilla" sería opcional es ridícula. Las personas mayores recuerdan la "opción al FGTS" (Fondo de Indemnización por Cesantía) que sustituyó a la antigua institución de la estabilidad laboral. Al momento de la contratación, ya era obligatorio ser "opt-in", porque quien se atreviera a notar la paradoja ni siquiera firmaba el contrato.

La segunda idea revelada por Mourão es igualmente desastrosa: dice que "habrá un golpe de Estado" en Venezuela y que Brasil ya debería estar preparándose para liderar una "fuerza de paz" de la ONU.

Dejando de lado lo absurdo de involucrarse en los asuntos de otros países de esta manera, y de que la ONU elija quién lideraría una fuerza de intervención militar extranjera —actuando con un sesgo que equivaldría casi a una invasión—, ¿considera Mourão que eso sería un "campo de juego" para las tropas brasileñas? ¿Cree que los soldados venezolanos, tras años de cooperación militar con Rusia y China, están armados con hondas y pistolas de perdigones?

Es difícil y doloroso coincidir con Bolsonaro en su decisión de callarle la boca a Mourão. Más aún sabiendo que fue él quien lo eligió como vicepresidente.