“Nathalia es ahora la presencia que nos inspira”, dice Thiago Ávila
Nathalia hizo del periodismo su herramienta de resistencia, luchando por la dignidad de los oprimidos.
247 - El activista e internacionalista palestino Thiago Ávila lamentó profundamente la pérdida de la periodista Nathalia Urban, corresponsal de TV 247 en el Reino Unido, quien falleció este miércoles (25) en Edimburgo, Escocia. Nacida el 25 de diciembre de 1987, Urban dedicó su vida a defender los derechos humanos y a luchar por los pueblos oprimidos de todo el mundo. Su incansable labor en el periodismo internacional se caracterizó por su compromiso con la verdad y la justicia social, especialmente en causas como los derechos de las mujeres, los inmigrantes y el pueblo palestino.
Nathalia descansa en paz y en honor a quienes dedicaron la mayor parte de su energía vital a la liberación de los pueblos. Ella fue una luz en este breve tiempo en la Tierra.
Nathalia creó el programa "Veias Abertas" en TV 247, donde abordó las luchas de los pueblos latinoamericanos, aportando una perspectiva crítica y compasiva a los problemas sociales y políticos de la región. También participó regularmente en "Bom Dia 247", ofreciendo análisis profundos y perspicaces de la actualidad internacional. En 2021, participó en la serie "Grandes Jornalistas", donde compartió su trayectoria y su compromiso con el periodismo como herramienta de transformación social.
En un último gesto de generosidad y humanidad, los órganos de Nathalia serán donados, lo que permitirá que su lucha por la vida continúe. Amigos, colegas, políticos y admiradores están de luto y profundamente entristecidos por su prematuro fallecimiento.
Como dijo el propio Thiago Ávila en su homenaje: «Nathalia es ahora la presencia que nos inspira». «Tras el impacto, nos adaptamos a la nueva realidad; el dolor se convierte en valentía, e incluso la ausencia se convierte en otra forma de presencia, diferente, ahora como inspiración».
Primero perdemos el equilibrio. No hay paz ni consuelo inmediato en la idea de partir. Solo dolor y tristeza. Todo lo no vivido, todas las conversaciones no sostenidas, todas las alegrías pospuestas, todo el afecto adormecido por la prisa y el caos de la vida.
El mundo parece más duro y triste cuando perdemos a alguien a quien amamos y con quien compartimos este camino. El dolor de la pérdida también refleja lo importante que fue esa persona para nuestros seres queridos, para la comunidad y para el mundo. Es un doloroso desperdicio de energía que sembró cosas buenas dondequiera que iba.
Cada persona se aferra espiritualmente a lo que cree: que fue a un lugar mejor, que se convirtió en una estrella, que regresará, que está entre nosotros iluminando caminos, que se convirtió en diferentes formas de energía, o al menos que dejó su ejemplo como inspiración para nosotros y para la historia de la humanidad. Estas visiones del mundo nos ayudan a encontrar paz en momentos como estos, pero no son suficientes para neutralizar el dolor de la partida, ya que esto lleva tiempo.
Y, además, en la misión de replantear la muerte, necesitamos hablar de la vida. De la imperiosa necesidad de valorarla plenamente. De nunca subestimar el inmenso don de estar aquí, juntos, con todos los desafíos y misiones inherentes a este tiempo y espacio. Y que la mejor manera de honrar a la persona fallecida es vivir la vida más extraordinaria posible, realizándonos a nosotros mismos y a los sueños compartidos durante tanto tiempo como la vida lo permitió.
Así, después del shock, nos adaptamos a la nueva realidad, el dolor se convierte en coraje e incluso la ausencia se convierte en otra forma de presencia, diferente, ahora como inspiración y consejo a través del ejemplo que nos ayuda a seguir adelante..
Thiago Ávila