Un investigador alemán recuerda cómo Alemania eligió a Hitler.
El investigador alemán y experto en relaciones internacionales Oliver Stuenkel analiza el fenómeno discursivo-social que lleva a poblaciones enteras a adherirse a prácticas de odio; afirma: «Hitler no llegó al poder porque todos los alemanes fueran nazis o antisemitas, sino porque muchas personas razonables hicieron la vista gorda. El mal se arraigó en la vida cotidiana porque la gente era incapaz o no estaba dispuesta a reconocerlo o denunciarlo, extendiéndose entre los alemanes porque estos estaban dispuestos a restarle importancia. Antes de que muchos se dieran cuenta de lo que estaba haciendo la maquinaria fascista del partido gobernante, ya era imposible contenerla. Era demasiado tarde».
247 El investigador alemán y experto en relaciones internacionales, Oliver Stuenkel, analiza el fenómeno discursivo-social que lleva a poblaciones enteras a adherirse a prácticas de odio. Afirma: «Hitler no llegó al poder porque todos los alemanes fueran nazis o antisemitas, sino porque muchas personas razonables hicieron la vista gorda. El mal se arraigó en la vida cotidiana porque la gente era incapaz o no quería reconocerlo ni denunciarlo, y se extendió entre los alemanes porque estos estaban dispuestos a minimizarlo. Antes de que muchos se dieran cuenta de lo que hacía la maquinaria fascista del partido gobernante, ya era imposible contenerla. Era demasiado tarde».
En un artículo publicado en el periódico El PaísEl investigador explica —y se pregunta a sí mismo: «unDurante la década de 1920, Adolf Hitler era poco más que un exmilitar de bajo rango y personalidad extravagante, a quien pocos tomaban en serio. Era conocido principalmente por sus discursos contra las minorías, los políticos de izquierda, los pacifistas, las feministas, los homosexuales, las élites progresistas, los inmigrantes, los medios de comunicación y la Sociedad de Naciones, precursora de las Naciones Unidas. Sin embargo, en 1932, el 37% del electorado alemán votó por el partido de Hitler, la nueva fuerza política dominante del país. En enero de 1933, se convirtió en jefe de gobierno. ¿Por qué tantos alemanes instruidos votaron por un bufón patético que condujo al país a la ruina?
Stuenkel continúa, relatando el ascenso del nazismo alemán: «En primer lugar, los alemanes habían perdido la fe en el sistema político de la época. La joven democracia no había traído los beneficios que muchos esperaban. Muchos sentían ira hacia las élites tradicionales, cuyas políticas habían provocado la peor crisis económica de la historia del país. Se buscaba un rostro nuevo. Un antipolítico traería un cambio real. A muchos de los votantes de Hitler les preocupaba su radicalismo, pero los partidos establecidos no parecían ofrecer buenas alternativas».
Y comenta sobre las estrategias de comunicación: «En segundo lugar, Hitler sabía cómo utilizar los medios de comunicación para sus propios fines. A diferencia del discurso burocrático de la mayoría de los demás políticos, Hitler utilizaba un lenguaje sencillo, difundía noticias falsas y a los periódicos les encantaba sugerir que gran parte de lo que decía era absurdo. Hitler era deliberadamente políticamente incorrecto, lo que lo hacía más auténtico ante los ojos de los votantes. Cada discurso era un espectáculo. A diferencia de otros políticos, era recibido con ovaciones de pie dondequiera que iba, entusiasmando a las multitudes».