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¿Por qué atacaron a Chico Buarque?

"¿Por qué detener a Chico Buarque en plena calle, en plena noche, para una reprimenda pública? La respuesta es muy sencilla. Chico, hijo de la flor y nata de la aristocracia intelectual paulista, no se alió —ni se aliaría— con los gritos de rabia que se murmuraban contra el PT, contra las clases trabajadoras, contra el proceso de igualación de las condiciones sociales en el país (lo que Tocqueville incluso llamaría democracia)", evalúa Rogerio Dultra dos Santos, de Democracia e Conjuntura; lea el artículo completo.

"¿Por qué detener a Chico Buarque en plena calle, en plena noche, para reprenderlo? La respuesta es muy sencilla. Chico, hijo de la flor y nata de la aristocracia intelectual paulista, no se alió —ni se aliaría— con los gritos de rabia que se murmuraban contra el PT, contra las clases populares, contra el proceso de igualación de las condiciones sociales en el país (lo que Tocqueville incluso llamaría democracia)", evalúa Rogerio Dultra dos Santos, de Democracia e Conjuntura; lea el artículo completo (Foto: Leonardo Lucena).

Por Rogerio Dultra dos Santos, de La democracia y la situación actual

¿Por qué detener a Chico Buarque en plena calle, en plena noche, para darle una reprimenda?

La respuesta en realidad es bastante sencilla.

Chico representa la sofisticación y el genio simple, la belleza y el sonido que las élites imaginan como exclusivos para ellos.

Chico, hijo de la flor y nata de la aristocracia intelectual paulista, no se alió –ni se aliaría– a los gritos de rabia que se murmuraban contra el PT, contra las clases populares, contra el proceso de igualación de las condiciones sociales en el país (lo que Tocqueville incluso llamaría democracia).

Chico no es un reflejo de las élites —o autoproclamadas élites— del PSDB. Al contrario, Chico representa lo que estas élites deberían ser, pero no son. Y eso las irrita profundamente.

Chico es original, mientras que los truculentos playboys de Leblon son una copia burda, pretenciosa y vacía, perdidos en ensoñaciones de exclusivismo y off-line, repugnados por su situación política kirchnerista y su inteligencia precaria y alquilada.

Y el placer perverso de estos jóvenes, alimentado por el dinero expropiado del trabajo ajeno, es destruir todo lo que no sea un reflejo. Un narcisismo voraz e inculto que se nutre de la violencia como forma de expresión cultural.

Los hijos y nietos de la élite vagabunda de Leblon, al atacar a Chico Buarque, están señalando su visión del país, su comprensión de la sociedad que ellos suscriben: quieren de Brasil la extracción fácil de distinciones y el reconocimiento de privilegios que disminuyen a un ritmo cada vez más acelerado.

Y Chico Buarque representa precisamente el lugar al que nunca llegarán. Para el bárbaro, lo que no se comprende ni se controla, lo que no se alcanza ni se alcanzará jamás, debe ser destruido.

En este asunto, lamentablemente, no hay espacio para el diálogo. Solo queda el Estado de derecho.

Pero Chico está por encima de la necesidad de reconocer a estos individuos mediante un proceso penal. Preferiría un simple desprecio. Y una nota musical como "¡Ve a trabajar, vago!".