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Ricardo Melo cuestiona las decisiones de Dilma.

"Gilberto Kassab en el Ministerio de las Ciudades es una bofetada en toda regla", afirma el columnista Ricardo Melo, uno de los más identificados con la izquierda, quien también advierte del riesgo de nuevas protestas. "La receta que el presidente ofrece a la ciudadanía es una mezcla de crisis y mediocridad. ¿De qué sirve apaciguar a las numerosas facciones en las que se divide el Congreso? Esto se vio claramente en las protestas de junio de 2013. El poder formal y la voz de la calle no siempre van en la misma dirección".

DF - DILMA/PSD - POLÍTICA - La presidenta Dilma Rousseff y el presidente del Partido Socialdemócrata (PSD), Gilberto Kassab, participan de la convención nacional del partido que formalizó su apoyo a la candidatura de Dilma/Temer a las elecciones presidenciales (Foto: Leonardo Attuch)

247 - El columnista Ricardo Melo, uno de los más identificados con el público de izquierda de Folha de S.Paulo, critica duramente en su columna a los ministros elegidos hasta ahora. El ministerio de Dilma.

"Cualquiera que tenga algún compromiso, o al menos preocupación, con los temas sociales está decepcionado con las elecciones para el nuevo gabinete. Junto con un equipo económico alineado con el sector bancario, la presidenta Dilma insistió en nombrar a personas cuya trayectoria contradice a quienes aseguraron su victoria", afirma, y ​​añade que..."Gilberto Kassab en el Ministerio de las Ciudades es una bofetada, en todo el sentido de la palabra".

Melo también advierte del riesgo de nuevas protestas, como las de junio de 2013. «La receta que el presidente ofrece al público es una mezcla de crisis y retórica vacía. ¿De qué sirve apaciguar a las numerosas facciones en las que está dividido el Congreso? Esto se vio claramente en las manifestaciones de junio de 2013. El poder formal y la voz de la calle no siempre van en la misma dirección. Pero esta última suele determinar cómo debe comportarse la primera», afirma.

Ignorar la historia es un riesgo capital. No es que a la gente le gusten las marchas, las manifestaciones diarias, las huelgas, faltar al trabajo o interrumpir el tráfico. ¡No! Pero nadie puede soportar en silencio la amenaza del deterioro de las condiciones de vida, la degradación de los servicios públicos, la pérdida de poder adquisitivo y el empeoramiento del bienestar de las familias.

Finalmente, plantea una pregunta y una exigencia: «Misterio: ¿cuáles serán los nuevos programas sociales? Dilma, da la cara».