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Santayanna: Por qué conquistaron Brasil

El periodista Mauro Santayanna argumenta que, a pesar de la mayor autonomía económica y la inclusión social durante los 13 años de los gobiernos de Lula y Dilma, Brasil "sufrió un ataque coordinado, ideológico y vil de enemigos internos y externos". "Primero, con la revelación del escándalo de espionaje que involucraba al país, al gobierno y a empresas que posteriormente, coincidentemente, serían acusadas de corrupción, como Petrobras, por gobiernos extranjeros", afirma; "luego, mediante un golpe de Estado iniciado con manifestaciones financiadas desde el exterior, desde la época del Mundial, y una amplia campaña de sabotaje mediático y operaciones permanentes de contrainformación, financiadas y coordinadas en muchos casos desde el exterior". Lea el análisis completo.

Crisis, Estado y Desarrollo: Desafíos y perspectivas para Sudamérica es el tema del ciclo de debates organizado por la Representación Brasileña en el Parlamento del Mercosur (Parlasur). Periodista Mauro Santayana, columnista político del Jornal do Brasil. (Foto: Leonardo Lucena)

Por Santayanna, Revista Brasil Si, como decía Von Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios, entonces, en la feroz guerra en que se ha convertido la política hoy, la misión del periodismo debería ser escribir la historia a medida que se desarrolla, si los medios no estuvieran, las más de las veces, al servicio de sus propios intereses y de proyectos de poder mendaces, hipócritas y manipuladores.

Sólo los ingenuos creen en una prensa imparcial en una sociedad capitalista –donde defiende los intereses de sus dueños y anunciantes–, y más aún en un país como Brasil, donde los medios públicos son prácticamente inexistentes, y mucho menos democráticos y de calidad, como en otras partes del mundo.

La "historia oficial" que los medios brasileños hoy intentan contar, o corroboran como un discurso casi unánime, es que vivimos en un país que ha sido repentinamente asaltado, en términos históricos, durante los últimos 15 años, por "pandillas" y organizaciones criminales infiltradas en gobiernos populistas e incompetentes que, asediados por la corrupción, intentan, a través de una justicia valiente e intachable, librarse de este flagelo "limpiando" la Nación a fuego y espada, mientras un gobierno que, pobrecito, no es perfecto, sino que fue llevado al poder por las "circunstancias", intenta "modernizar" Brasil mediante reformas tan urgentes como necesarias, para sacarlo de una terrible bancarrota en la que lo sumió el gobierno anterior.

Pero la verdadera historia que quedará registrada en los libros de historia del futuro –les guste o no a quienes trabajan en esa gigantesca mistificación– será la de un Brasil que, a principios del siglo XXI, pasó de ser la decimocuarta mayor economía del mundo al sexto lugar en los últimos 15 años –y que todavía ocupa el noveno lugar entre las naciones más importantes del mundo.

De una nación que más que triplicó su PIB, de 504 millones de dólares en 2002 a casi 2 billones de dólares el año pasado —que pagó— sin aumentar su deuda pública respecto a 2002, sus deudas con sus principales acreedores internacionales —incluido el FMI— y cuadriplicó su ingreso per cápita en dólares, además de ahorrar más de 340 millones de dólares en reservas internacionales durante ese período, transformándose en lo que sigue siendo hoy, en 2017, el cuarto mayor acreedor externo individual de EE.UU.

Un país que, según datos del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), redujo a la mitad el número de pobres, duplicó el número de escuelas técnicas federales y construyó casi dos millones de viviendas asequibles de calidad suficiente para atraer el interés incluso de altos funcionarios estatales, como los fiscales federales.

Un país que había reanudado la construcción de refinerías, barcos, grandes centrales hidroeléctricas, gigantescas plataformas petrolíferas y había descubierto, con tecnología propia, bajo el lecho marino, la mayor provincia petrolera del mundo en los últimos 50 años.

Amplió el crédito y el consumo, duplicó su cosecha agrícola, se proyectó internacionalmente en su propio continente e incluso en el africano –como lo hacen otros países de su tamaño e importancia– y forjó una alianza geopolítica con potencias espaciales y nucleares como India, China y Rusia –los BRICS–, estableciendo un banco que nació con la misión de convertirse en el embrión de una alternativa al sistema financiero internacional.

Que construía sumergibles -incluido su primer submarino nuclear-, tanques, lanchas patrulleras, aviones de carga aéreos, cazabombarderos, radares, nuevos misiles aire-aire, sistemas de misiles de saturación, una nueva familia de fusiles de asalto, para sus fuerzas armadas, mediante un fuerte apoyo gubernamental a grandes empresas de ingeniería de capital predominantemente nacional, integrando estos esfuerzos con otros países, también del propio continente, para fortalecer la defensa y la soberanía regional ante posibles agresiones externas.

Un Brasil que, por ello, ha sufrido durante los últimos cuatro años un ataque coordinado, ideológico y vil de enemigos internos y externos.

Primero, con la revelación del escándalo de espionaje que involucra al país y al gobierno, y a empresas que luego, casualmente, serían acusadas de corrupción, como Petrobras, por gobiernos extranjeros.

Luego, a través de un golpe de Estado iniciado con manifestaciones financiadas desde el exterior del país, desde la época del Mundial de Fútbol, ​​y una amplia campaña de sabotaje mediático y operaciones permanentes de contrainformación, financiadas y coordinadas en muchos casos desde el exterior del país, con la reubicación aquí de embajadores que estuvieron presentes en el desenlace de golpes de Estado similares y recientes en otros países sudamericanos, como Paraguay, por ejemplo.

Un golpe que comenzó en 2013 y finalmente se ejecutó políticamente en 2016 –basado en un argumento jurídicamente insostenible–, para el deleite de los peores elementos de la política brasileña y de nuestros competidores internacionales.

Competidores que, como hemos visto, pretendieron y pretenden no sólo detener a Brasil en el camino que seguía —el de su fortalecimiento económico, social y geopolítico— sino también destruir la economía brasileña para apoderarse, mediante una segunda ola de destrucción y desnacionalización de nuestras empresas, de nuestro mercado interno y de nuestros más importantes activos públicos y privados a precios de ganga, colocando en el poder "gobiernos" oportunistas, serviles a los intereses extranjeros y dóciles a sus dictados y deseos.

Para lograrlo, los enemigos de Brasil actuaron –y siguen actuando– en los frentes político y económico, apoyados en paradigmas tan falsos como mendaces, y que muchas veces pueden parecer contradictorios a ciertos observadores.

La principal es que la corrupción es el mayor problema de Brasil, y que es un fenómeno reciente en nuestra historia, o que supuestamente alcanzó proporciones "gigantescas" sólo después de que el Partido de los Trabajadores llegó al poder en enero de 2003.

En la economía, por otro lado, era y es necesario vender la idea de que el país está en quiebra, cuando en el grupo de las 10 principales economías del mundo, en el que fuimos incluidos después de 2002, al menos 7 países - EE. UU., Japón, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá - tienen una deuda pública mayor que la nuestra, el gobierno encontró 200 mil millones de reales en las arcas del BNDES, "adelantados" en "repago" al tesoro - en lugar de invertirse en infraestructura para generar empleo - y tenemos otros 380 mil millones de dólares - o más de un billón de reales - en reservas internacionales, acumuladas en los últimos 15 años - una buena parte de ellos, más de 260 mil millones, prestados a EE. UU., como se puede ver en la página oficial del Tesoro estadounidense: http://ticdata.treasury.gov/Publish/mfh.txt

Ahora bien, como ya hemos afirmado aquí antes, si la situación real de la deuda brasileña era y sigue siendo ésta, en relación a las demás naciones que comparten –y compiten con– nosotros el grupo de las mayores economías del mundo, ¿por qué esto nunca ha sido divulgado de forma clara, amplia y transparente por el gobierno, por los grandes medios de comunicación y sus "expertos" de guardia, desde que Dilma dejó el cargo?

Ahora bien, eso rompería la columna vertebral de la "historia oficial", la narrativa única y el sentido común que prevalecen en Internet en este momento, que constantemente afirman y reafirman:

Que el PT (Partido de los Trabajadores) es incompetente e irresponsable y llevó a la quiebra a Brasil, cuando el PIB y el ingreso per cápita se redujeron y la deuda neta se duplicó durante los gobiernos de FHC (Fernando Henrique Cardoso), a pesar de la venta de casi 100 mil millones de dólares en activos públicos a precios de ganga, a veces incluso con financiamiento del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), incluso a compradores extranjeros.

Es necesario hacer reformas -injustas, engañosas, crueles, inútiles- como la reforma laboral y de la seguridad social (veamos qué nos depara la reforma tributaria), de lo contrario Brasil inevitablemente irá a la quiebra en un futuro próximo.

Necesitamos un techo al gasto público para los próximos 20 años porque el Estado está sobredimensionado y derrochador, cuando Estados Unidos, por ejemplo, tiene más empleados públicos sólo en el sector de defensa que Brasil; la mayoría de los grandes países con los que competimos –aunque sea marginalmente– deben, como ustedes han visto, más que nosotros; cuando se endeudaron para desarrollarse y seguirán endeudándose –y armándose– libremente en el futuro; Mientras seamos gobernados por imbéciles – o por astutos individuos que trabajan para terceros – como lo demuestran los más de 200 millones de reales ganados por el Ministro de Hacienda en el exterior en los últimos 3 años – como si fuéramos una tienda de comestibles, preocupados no por la geopolítica, sino sólo, supuestamente, por los ingresos y los gastos, siendo condenados, al menos por una generación, a subir al ruedo para competir, en un mundo cada vez más complejo y competitivo, con un ojo vendado y un brazo y una pierna atados a la espalda, con naciones sin un límite real de endeudamiento, que priorizan la estrategia nacional en lugar de esta estúpida forma de suicidio nacional, o mejor dicho, de austericidio.

Finalmente, dada la supuesta situación calamitosa que vive el país, no parece haber otra opción que privatizarlo todo —o incluso entregar, en bandeja de plata, a empresas estatales extranjeras— nuestras propias empresas estatales y sus activos, a precios bajísimos y con prisas, porque funcionan mal, generan pérdidas y sirven de sinecuras, como si las empresas privadas no estuvieran habitualmente involucradas en tráfico de influencias, como si los funcionarios que supervisaron la privatización de Telebrás no se hubieran convertido después, durante años, en presidentes de multinacionales del sector en Brasil, y como si el yerno del Rey de España, por ejemplo —un exjugador de balonmano— no hubiera ganado miles de euros por reunión, en un escándalo bien conocido, "aguantando" como miembro del consejo de administración de empresas "privatizadas" al capital español por estos lares.

¿Cómo podría el gobierno Temer entregar las reservas de petróleo del presal por menos de 20 mil millones de reales, el control de Eletrobras, la empresa líder de nuestro sistema eléctrico, por 13 mil millones de reales, e incluso la Casa de la Moneda – un país que externaliza a terceros el derecho de imprimir su dinero no merece llamarse Nación – si admitió que tiene, dejado por el PT – al que acusa de haber llevado al país a la quiebra – más de un billón de reales en efectivo, a disposición del Banco Central, además de un valor mayor que el que intenta recaudar mediante privatizaciones solo en las arcas del BNDES?

De la misma forma que es necesario, en política –y en economía– vender la idea –tan falsa como la primera– de que la corrupción es el mayor flagelo del país, para justificar la muerte de la ingeniería brasileña, la destrucción de nuestras principales empresas en las áreas de energía, defensa, construcción naval e infraestructura, y la interrupción judicial de cientos de miles de millones de dólares en proyectos, obras y programas –véase el desguace y venta a Gerdau, para fundición, de 80 toneladas de acero en piezas de dos megaplataformas de Petrobras, que estaban listas para ser ensambladas–, con la eliminación de millones de empleos y la quiebra de miles de inversores, accionistas y proveedores, cuando los intereses pagados a la banca privada y la evasión fiscal –que alcanza los dos billones de reales–, además de una estructura tributaria perversa e injusta, que hace que los ricos paguen muchos menos impuestos que los más pobres, desvían miles de veces más recursos del presupuesto nacional de lo que, supuestamente –sin pruebas y con base en los rumores de “informantes” interesados ​​en salir de la cárcel a cualquier precio–, se alega que fue desviados genéricamente por la corrupción en los últimos años.

Tanto es así que la Operación Lava Jato, promocionada como "la mayor operación anticorrupción del mundo", solo logró probar, hasta septiembre de 2017, 520 millones de reales en "sobornos" demostrablemente pagados —en financiación de campañas, fondos ilícitos, etc.— a funcionarios públicos y partidos políticos por las constructoras Odebrecht, Andrade Gutierrez, Camargo Correa-UTC, Galvão Engenharia, Mendes Júnior y OAS, además de los casos de Palloc, Eduardo Cunha y el supuesto episodio del apartamento triplex atribuido a Lula, dinero que el juez Sérgio Moro autorizó a ser cobrado de esas empresas por el Ministerio Público.

Las demás sanciones monetarias, que ascienden a decenas de miles de millones de reales y que llevaron a las mayores empresas de ingeniería de Brasil al borde del colapso, fueron determinadas absurdamente por el Ministerio Público de forma absolutamente aleatoria y punitiva como condición para que las empresas participaran en acuerdos de clemencia. Estos acuerdos, como se demostró posteriormente, carecen de validez legal, ya que deben ser corroborados o avalados por otros organismos como el TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión), la CGU (Contraloría General de la Unión) y la propia Policía Federal, que compiten con el Ministerio Público y el grupo de trabajo de la Operación Lava Jato por un lugar bajo el sol o en las brasas de la verdadera Hoguera de la Vanidad, o la guerra campal, en la que se han transformado la plutocracia y el Estado brasileños.

A pesar de todo esto, Brasil no sólo perdió cientos de miles de millones de dólares en proyectos de infraestructura, empresas y devaluación de acciones, sino que también entregó –y sigue entregando– sus prerrogativas y herramientas de desarrollo a países extranjeros, a pesar de que vivimos, en este primer cuarto del siglo XXI, en un mundo cada vez más nacionalista, complejo y competitivo.

La doctrina del servilismo, de la entrega más abyecta y desinteresada, se ha apoderado de las redes sociales y de individuos que, por desgracia para la nación, nacieron en suelo brasileño, y que no tienen reparos en pedir por internet al gobierno de Temer que entregue todo: nuestro petróleo, nuestros minerales, nuestra tierra, nuestro mercado, nuestras empresas estatales a extranjeros.

Ya no basta con despreciar al PT (Partido de los Trabajadores) y al Nordeste, ni —como se vio en las reacciones tras la muerte del turista español en un retén policial en Río de Janeiro— todo lo relacionado con las afueras de las grandes ciudades. Es necesario gritar cínicamente, vestidos de verde y amarillo, el odio reprimido durante tanto tiempo en los pulmones de un pueblo tan vil como despreciable, contra su propio país y todo lo que evoque nacionalismo, identidad brasileña y soberanía, en estos tiempos imbéciles y vergonzosos que vivimos.

La excusa siempre es la misma. Las empresas estatales, contradiciendo el mismo discurso anticorrupción que está destruyendo a decenas de empresas privadas y grupos económicos nacionales, supuestamente son más corruptas y propensas a generar empleos clientelares que las empresas privadas o privatizadas, a pesar de que quienes participaron directamente en la privatización de Telebrás pasaron años asumiendo cargos en las presidencias de grandes grupos extranjeros que se repartieron el mercado brasileño de telefonía móvil, e incluso el yerno del rey de España, especialista en balonmano, participó en la operación, ganando miles de euros por asistir a las reuniones del consejo de administración de esa misma empresa en Latinoamérica.

Con la aprobación de la enmienda que limita el gasto —que nos obliga a limitar nuestras inversiones estratégicas cuando ninguna de las mayores economías del mundo utiliza una medida similar—, la entrega de las reservas del presal a gigantes internacionales como Shell y Exxon; la "venta" de refinerías y otros activos de Petrobras a mexicanos a precios de ganga; la tan cacareada "privatización" de Eletrobras, Banco do Brasil y la propia Petrobras, a pesar de que estas empresas ya están, de hecho, "privatizadas" al tener acciones en la bolsa; la defensa de las exenciones de visas para países que no nos ofrecen reciprocidad; la creciente, y desigual, "cooperación" militar entre Brasil y Estados Unidos; La discusión en torno a la entrega de la Base Espacial de Alcántara a Estados Unidos, y la victoria de la mentalidad privatizadora que nos reclama incompetentes, como país o Estado, para cuidar de lo que es nuestro, nos está transformando cada vez más, de hecho y doctrinalmente, en esa persona que, incapaz de administrar su casa, su negocio y su familia, decide resolver el problema llamando al vecino para disciplinar a sus hijos y dormir en la misma cama que su esposa, y, pensando que está haciendo un gran negocio, le pone una correa y se muda, bolso y equipaje, a la casa del perro.

Con perdón de la imagen y del insulto –que en este caso viene muy bien a la cabeza– corremos el riesgo de transformarnos definitivamente, por la abyección explícita, en el peor de los peores países del mundo en términos de PIB, territorio y población.

La creación este año del Frente Parlamentario Mixto en Defensa de la Soberanía Nacional, con cientos de diputados y senadores, y su interacción con organizaciones dignas y centenarias como el Club de Ingenieros, muestra, sin embargo, que la nación no está sólo a merced de una patética y miserable raza de vendidos oportunistas y sin carácter.

La marcha atrás del gobierno en cuestiones como la RENCA y el trabajo esclavo nos dice que ninguna lucha es en vano cuando están en juego los derechos del pueblo brasileño y los intereses duraderos de la nación.

Es necesario, sin embargo, ampliar urgentemente la resistencia y la movilización en torno a esta y otras causas.

Ahora más que nunca, el país necesita negociar la estructuración de un frente amplio, nacionalista y antifascista en defensa de la soberanía y la democracia.

Publicado por Mauro Santayana a las 0:51 a. m. 03 comentarios

17 de noviembre de 2017

FIAT LUX, IUDEX FUX, FIAT LUX.

El ministro Luiz Fux, del STF (Tribunal Supremo Federal), quien tiene previsto ocupar la Presidencia del Tribunal Electoral Superior desde febrero hasta agosto del próximo año, se cuestionó, en una reciente entrevista con la periodista Monica Bergamo, respecto a la posible candidatura de Lula:

¿Puede un candidato que ha sido acusado formalmente presentarse a las elecciones y resultar elegido, a la luz de los valores republicanos y el principio de moralidad electoral estipulado en la Constitución? No estoy sacando una conclusión. Pero estas son preguntas que surgirán...

La respuesta sería sí, por supuesto que es posible, como ya ha ocurrido con cientos de candidatos en el pasado.

De lo contrario, el sistema judicial estaría admitiendo que una mera denuncia —posiblemente anónima— de un adversario, de ser aceptada, sería suficiente para interrumpir, para hacer imposible, durante o incluso antes de una elección, la carrera política de cualquier persona.

Aunque la pregunta sea la causante, las divagaciones del ministro Fux parecen indicar que el sistema judicial brasileño, o al menos una parte de él, está dispuesto a arriesgarse a cruzar un Rubicón peligroso e imprudente, e interferir no solo en el proceso político sino en el curso mismo de la historia, incluso si esto significa entregar el país al fascismo en las elecciones de 2018.

Si Lula es condenado en segunda instancia por un delito que no cometió —y, al menos, según la surrealista interpretación del juez Sérgio Moro y la Fiscalía de la Operación Lava Jato, quienes no concluyeron —siguiendo el mismo razonamiento débil y absurdo— que el mundo lo verá como un golpe incruento, tan injusto y absurdo como el que derrocó a Dilma en 2016—, el sistema judicial tendría que, como mínimo, investigar y posiblemente condenar, e igualmente impedir la candidatura del precandidato que ocupa el segundo lugar en las encuestas, por haber recibido y luego devuelto los fondos a las cuentas bancarias del partido, reemplazándolos con recursos del fondo del partido, dinero de JBS.

Pero ese no parece ser el camino que la anciana de la espada y la balanza esté dispuesta a tomar por estos lares.

Para que no quedara duda de a quién estaba criticando, en la misma entrevista, tras afirmar que el Tribunal Supremo no debería realizar encuestas de opinión pública para tomar sus decisiones y que él mismo no puede juzgar a una persona simplemente escuchando a la sociedad, el ministro Luiz Fux, de forma contradictoria, hizo hincapié —un amigo que advierte es un verdadero amigo— en que el descrédito del Poder Judicial, derivado de un posible cambio de postura del Tribunal Supremo en este momento, respecto a la posibilidad de prisión tras una condena en segunda instancia —un tema también directamente vinculado al futuro de Lula—, podría llevar al pueblo a «tomarse la justicia por su mano».

Retomando el hilo, o mejor dicho, la pelota que el Ministro Fux puso en juego inocentemente, como si no quisiera anticipar, aunque ya lo hacía, el resultado de la jugada, ¿no sería apropiado recordar otras preguntas, comenzando por la más obvia: qué tiene que decir sobre la diferencia entre los acusados ​​y los condenados con una sentencia firme e inapelable?

O preguntar a qué "personas" se refería Su Excelencia en la entrevista.

En definitiva, no se pueden confundir los ataques obscenos de pequeños grupos inspirados por un sentido común aparentemente distorsionado, que nada tiene que ver con el sentido común, con la opinión dominante en nuestro país.

Eso se debe a que 70 millones de brasileños aún no tienen acceso a internet, y la mayoría de los ciudadanos no tienen tiempo para despotricar en línea. Hay quienes necesitan levantarse temprano y trabajar para mantener a sus hijos y pagar impuestos; sí, al menos aquellos que dependen de la electricidad, el agua, el arroz, los frijoles y la harina para ganarse el pan con el sudor de su frente.

Como cualquier conservador, servil y sumiso que se autoproclama de "clase media", le gusta proclamar, en mayúsculas, en las secciones de comentarios de internet, que solo ellos pagan impuestos y obedecen la ley, mientras que cínicamente se autodenominan "hombres buenos".

¿O acaso el ministro Fux se refería al "pueblo" —aquellos selectivamente indignados— a quienes el odio hacia un partido político en particular llevó a las calles, vestidos de verde y amarillo, con patitos de goma y niñeras uniformadas, para derrocar a Dilma, y ​​que, a pesar de la sucesión de escándalos que siguieron, nunca regresaron?

Por otro lado, también se podría preguntar a Su Excelencia si se ha dado cuenta de que, en Brasil, desde juristas hasta la población de bajos ingresos, incluyendo empresarios, policías y fiscales, no todos apoyan o profesan el enfoque vil, punitivo y destructivo de Lava Jato al estilo Savonarol y la nociva y destructiva denuncia que se ha impuesto y transformado en norma en el país, en detrimento del estado de derecho, la ingeniería, la economía, el empleo, la estrategia a largo plazo y los intereses nacionales duraderos, o al menos un tercio de la población no estaría dispuesta, según la mayoría de las encuestas de opinión, a expresar su descontento con lo que está sucediendo votando por Lula, a pesar del ataque permanente e implacable contra el expresidente en los tribunales, los medios de comunicación y las redes sociales.

Esto, estimado Ministro, no se trata de atacar ni de defender al PT.

Pero para evitar, por el bien de esta maltrecha República que hoy celebra su aniversario, que el sistema judicial, si impidiera la candidatura de Lula debido a un delito difuso, inconcluso, condicional y controvertido, interfiera en el proceso político y electoral brasileño y apuñale por la espalda a la democracia, cambiando el curso de la historia con un simple plumazo y entregando el país al fascismo a finales del próximo año.

Además, incluso si desistir de la compra de un apartamento fuera un delito, devolver el dinero de las donaciones de campaña de una empresa bajo investigación por el sistema judicial, como ya hemos dicho, después de que ya se haya depositado en la cuenta, también sería un delito.

En última instancia, lo que importa, lo relevante, según la absurda y establecida jurisprudencia de la República de Curitiba, no es la evidencia, la comisión del delito, sino la supuesta intención —en la mente del acusador— de la persona investigada.

Es claro que, como dictan las antiguas máximas latinas, ne procedat iudex ex officio; nemo deuda - aunque sea indirectamente - esse iudex in propria causa.

Tras haber prácticamente suplicado el apoyo del exministro José Dirceu, del diputado del Partido de los Trabajadores Cândido Vacarezza, e incluso, por carta, del presidente del MST (Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra), João Pedro Stédile –entre otras figuras destacadas del partido– para ser nominado al cargo que ocupa, nadie esperaba que el ministro Luiz Fux devolviera al Partido de los Trabajadores el favor recibido.

Pero al menos debería declararse moral y éticamente inelegible para juzgar —y, por decencia, evitar dar su opinión, y más aún prematuramente, sobre— los casos que involucran a ese partido y a su principal líder.

Al menos por el motivo de que la necesidad de demostrar constantemente que no está beneficiando a sus benefactores —teniendo que castigarlos casi siempre— podría acabar afectando a su imparcialidad o embotando su juicio.

La justicia brasileña, con el Supremo Tribunal Federal a la vanguardia, necesita distanciarse de la ambigüedad, las medias verdades y las presiones circunstanciales, a pesar del chantaje; necesita dejar de decidir "contra legem" (contra la ley) y volver a adoptar la luz de la Constitución y recorrer los estrechos, y a menudo arduos, caminos de la Ley, usándola como brújula y faro para guiarla a través de la noche oscura de una nación enloquecida, en los últimos cuatro años, por la hipocresía, la ignorancia, los prejuicios y la ira, para que no se abran para el país, señor Ministro, las puertas del caos, la violencia, el oscurantismo y el autoritarismo.

Que haya luz en la justicia brasileña, y que Dios ilumine también la mente y el espíritu de Su Excelencia y de sus colegas, porque el país está sumido en la oscuridad y anhela un mínimo de decencia, responsabilidad, equilibrio y razón.

Fiat lux, Iudex Fux, Fiat lux.

Publicado por Mauro Santayana a las 0:13 a. m. 05 comentarios

BATTISTI Y LA SAMBA DE LA SUBALTERNIDAD

Este país es una vergüenza.

Como si no bastara que los candidatos presidenciales, en un gesto de incontinencia moral, saludaran la bandera de otro país y gritaran a viva voz "¡EE. UU., EE. UU., EE. UU.!" en actos públicos en Florida, y que los ministros defendieran la eliminación de los requisitos de visado para las naciones que los exigen a los ciudadanos brasileños; en un acto de sumisión explícita, otro ministro ahora defiende públicamente la postura de un tercer país en una solicitud de extradición, en el caso Battisti, afirmando que "los italianos no perdonan a Brasil por no devolver a Battisti", que para ellos "es una cuestión de sangre" y que representa "un obstáculo en las relaciones entre Brasil e Italia y en las relaciones con la Unión Europea en su conjunto".

En primer lugar, necesitamos saber a qué “italianos” se refería el ministro brasileño.

En Italia, aunque algunos consideran a Battisti un asesino, también hay quienes lo consideran inocente.

Para su información, le sugiero leer un artículo publicado en un sitio web italiano, entre muchos, que defiende a Battisti: https://www.infoaut.org/segnalazioni/ricondare-per-giudicare-il-caso-battisti-la-disinformazione-brasiliana-e-la-menzogna-italiana

Se trata de un libro del escritor argentino Carlos Lungarzo, que se puede encontrar, entre otros sitios web, en la librería Folha.

En segundo lugar, es necesario saber a qué “obstáculos” se refiere el Ministro, ya que el comercio con los italianos no ha disminuido en los últimos años y sus multinacionales siguen obteniendo enormes beneficios en estos lares, por lo que serían ellos los que más tendrían que perder en caso de una guerra comercial o boicot entre ambos países;

Además, ¿por qué los "italianos" a los que se refiere el Ministro no intentaron hablar con dureza a otros países europeos que ya habían acogido a Cesare Battisti?

¿Será porque creen que somos una república bananera, como el actual gobierno insiste en enfatizar a cada paso con sus decisiones y acciones?

Bueno, señor ministro, la permanencia o no de Cesare Battisti en nuestro país es un asunto interno brasileño, y es necesario un mínimo de decencia para no discutir decisiones soberanas –que, por cierto, ya fueron tomadas– en público, antes incluso de aguardar la eventual decisión del Supremo Tribunal Federal, y evitar inclinarse ante extranjeros y hacer alarde de las costuras de los pantalones de terciopelo.

Si a Italia no le gustó la decisión de no extraditar a Battisti, que se vaya al infierno, junto con la Unión Europea, una organización en la que hay países mucho más importantes que Italia que compartieron con Brasil hace unos años la decisión de no extraditarlo por dudas y fallas en el proceso que lo condenó, como Francia, por ejemplo, que lo protegió durante muchos años, oficialmente, sin ceder a los deseos de Roma.

Finalmente, si Battisti hubiera tenido una orientación política diferente, quizá no le habría pasado nada. Hay terroristas de derecha, responsables de más de 80 muertos y 200 heridos en un solo atentado como el ocurrido en la estación de tren de Bolonia en la década de 1980, que viven libremente en Italia, hasta el punto de haber estado involucrados en otros delitos como el escándalo de la Mafia Capitale, ocurrido recientemente en la antigua Roma, a pesar de que algunos en estas latitudes creen que la corrupción terminó en ese país tras la Operación Manos Limpias.

Publicado por Mauro Santayana a las 0:19 a. m. 04 comentarios

8 de noviembre de 2017

Al condenar a Lula en segunda instancia, el sistema de justicia interferirá en el curso de la historia y será juzgado implacablemente por ella en el futuro.

(Jornal do Brasil) - No se sabe si, si fuera candidato en 2018, Lula sería elegido por la población.

También se desconoce si, en caso de volver a asumir la Presidencia de la República, tendría la fuerza para resistir un nuevo golpe de Estado —inspirado desde el extranjero— similar al que derrocó a Dilma Rousseff.

Las intenciones de voto que lo sitúan en primer lugar en la preferencia del electorado, en torno al 35%, corresponden al porcentaje histórico de votos para la izquierda en Brasil, y sería anormal, considerando las circunstancias políticas y la flagrante guerra jurídica emprendida en su contra por la Fiscalía y la Operación Lava Jato, que el expresidente tuviera menos de un tercio de la preferencia de la población.

Considerando esto —que la izquierda está donde siempre ha estado, desde un punto de vista electoral, y que estratégicamente se sostiene por la ley de la inercia, que también opera en el universo político— el expresidente de la República, para regresar al Palácio do Planalto (Palacio Presidencial), tendría que afrontar numerosos desafíos.

La primera de ellas es romper la inacción de la izquierda, que parece empeñada en existir únicamente dentro de sus propios guetos y en dejar la iniciativa estratégica en manos de sus adversarios.

La segunda, y más importante, es convocar a los militantes y a sus simpatizantes para la ruptura esencial del discurso único, mendaz e hipócrita que ha sido construido por la derecha y la extrema derecha en los últimos 3 años. Este discurso abarca no solo la selectividad y la exageración de la Fiscalía y la República de Curitiba en su campaña contra Lula, sino también otros paradigmas falsos que carecen de sostenibilidad moral y realista, como el anticomunismo crudo, anacrónico, absurdo, abyecto y sumiso que se ha apoderado de parte de la opinión pública, y otras calumnias y verdades a medias, como la afirmación de que el PT llevó al país a la bancarrota en los últimos años al dejar —sin aumentar la relación deuda pública/PIB con respecto a 2002— 340 mil millones de dólares —o más de un billón de reales— en reservas internacionales en las arcas del Banco Central y casi 400 mil millones de reales en las del BNDES, sin mencionar la cuadruplicación del Producto Interno Bruto y del Ingreso Per Cápita, o la consolidación de Brasil entre las 10 economías más grandes del mundo, por ejemplo, durante sus años en el poder.

En términos legales, el sistema judicial alega –entre innumerables otros intentos lafontanianos de hacer que el lobo se coma al cordero– que Lula iba a comprar un apartamento en condiciones privilegiadas y luego, para evitar ser descubierto, supuestamente se retractó a mitad de camino.

Su principal competidor en las elecciones presidenciales del próximo año recibió 200.000 reales para su campaña, fondos que supuestamente provenían de JBS, pero también se alega que se retiró a mitad de campaña y ordenó que se "revirtiera" el monto, para luego reemplazarlo con otro depósito del mismo valor, esta vez supuestamente proveniente del fondo del partido de la organización a la que estaba afiliado en ese momento.

Esto significa que, siguiendo el razonamiento bizarro y retorcido del juez Moro y la Fiscalía —con el que no estamos de acuerdo—, ambos iban a cometer, como en la película "Minority Report", un "delito futuro", pero desistieron, cambiando de rumbo, para no ser atrapados con las manos en la masa.

La diferencia radica en que uno de ellos, Lula, fue condenado a casi 10 años de prisión —pena que la Fiscalía ahora quiere aumentar a más de 20—, mientras que su principal competidor ni siquiera fue investigado por recibir y luego “reembolsar” dinero a través de su partido, proveniente de una empresa que financiaba campañas políticas y candidatos de todas las tendencias y que posteriormente se convirtió en símbolo y sinónimo de corrupción ante la opinión pública, en el contexto del caos generalizado, hipócrita y desestabilizador, de la caza de brujas que ha tenido lugar en Brasil durante los últimos 3 años.

Dicho esto, quienes están en el poder pueden restablecer el orden y reducir el grado de injerencia judicial en el proceso político, que fue fundamental, también desde un punto de vista doctrinal, para el éxito del golpe jurídico-mediático-parlamentario de 2016, y permitir un mínimo de condiciones para asegurar elecciones presidenciales limpias, con la presencia de todos los candidatos que aspiran al cargo, garantizando que el candidato con más votos, sea quien sea, llegue al Palacio Presidencial.

O podría permitir, en una decisión que prácticamente todas las partes anticipaban, que Lula sea condenado en segunda instancia por este y otros supuestos "delitos" que son absolutamente surrealistas, como si una persona que ocupó el cargo de Presidente de la República durante ocho años se vendiera a sí misma por un apartamento que no recibió o a cambio de una propiedad prestada durante varios años, especialmente cuando se quiere vincular estos tremendos "sobornos" con ventajas supuestamente obtenidas en acuerdos con Petrobras, cuyos ingresos superan los 300 mil millones de reales anuales, lo que equivaldría a una intervención directa del poder judicial en el proceso político-electoral brasileño y en el resultado mismo de las elecciones de 2018.

Al hacer esto, o permitir que suceda, el Poder Judicial —considerando lo que indican las encuestas de opinión— junto con un sector de la Fiscalía que es parcial, partidista e irresponsable, no solo entregará el país al fascismo en 2019, aceptando conscientemente alterar el curso de la historia e impidiendo la manifestación sagrada, libre y democrática de la soberanía popular a través del voto, sino que también será juzgado implacablemente y, ciertamente, condenado por la historia misma en el futuro.

Publicado por Mauro Santayana a las 0:56 a. m. 05 comentarios

El fin del BNDES y la gran estafa de un Brasil en quiebra

(Revista Brasileña) - En los últimos años, y especialmente desde 2013, Brasil se ha convertido cada vez más en un país de pequeñas y grandes estafas, despreciables, sucesivas y mendaces.

Ataques a la economía, ataques a la soberanía y a la estrategia nacional, ataques contra la democracia, que culminaron en el gran golpe jurídico-mediático-parlamentario de 2016.

Pero sobre todo, se trató de ataques contra la verdad, la conciencia popular, la realidad misma y la opinión pública, mediante la creación y difusión de una serie de mentiras, fakes y falsos paradigmas que se apoyaron mutuamente en la fabricación del consentimiento para la deconstrucción destructiva de un sistema político que, con todas sus fallas —como en efecto ocurre con todas las democracias—, funcionaba con un mínimo de gobernabilidad, estabilidad institucional y equilibrio entre los poderes de la República.

Ataques destinados a sabotear y destruir un programa nacionalista y desarrollista que llevó a Brasil de la decimocuarta a la sexta mayor economía del mundo, en términos nominales, en 9 años, apoyado en el retorno del país a la construcción de plataformas petrolíferas, grandes centrales hidroeléctricas, ferrocarriles, refinerías, tanques, submarinos, barcos, fusiles de asalto, aviones de combate, aviones militares de carga aérea, multiplicando el crédito, duplicando la producción agrícola y triplicando la producción de automóviles en comparación con 2002.

De la inmensa fábrica de contrainformación fascista montada principalmente desde 2013, han surgido – y siguen surgiendo – miles de calumnias siguiendo una estrategia no escrita en la que pequeñas "noticias" cotidianas, la mayoría de ellas surrealistas, difundidas mediante la mala fe, el odio y la hipocresía, retroalimentan constantemente grandes corrientes y paradigmas mediáticos, especialmente en las redes sociales, que han adquirido un aire de certeza para el segmento más ideológicamente imbécil y apasionadamente ignorante de la población brasileña.

Una de las principales posverdades vendidas a este público, ahora transformada en discurso y adoptada como bandera y muleta por el actual gobierno y gran parte de los medios de comunicación, es que Brasil es totalmente inviable económicamente y, por tanto, necesita de un programa urgente de "reformas" y de venta de activos -tanto públicos como privados- para salir del agujero en el que dejaron el país los dos últimos presidentes de la República.

Bueno, estábamos en quiebra, o casi, en el último año del gobierno del señor Fernando Henrique Cardoso, cuando el PIB nacional, después de un desastroso programa de "reformas" y el mayor programa de "privatizaciones" -en realidad, de desnacionalización- de la economía brasileña en 500 años, terminó el año con un PIB nominal y un ingreso per cápita en dólares -según el Banco Mundial- inferior al que había sido ocho años antes, al final del gobierno de Itamar Franco, y con una deuda con el FMI de 40 mil millones de dólares.

Hoy, Brasil tiene 380 millones de dólares –más de un billón de reales– en reservas internacionales y, a pesar de la crisis, sigue siendo la novena economía más grande del mundo.

Entre las 10 principales economías del mundo, grupo al que nos unimos después de 2002, al menos siete países –Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá– tienen una deuda pública mayor que la nuestra.

El salario mínimo y el ingreso per cápita son más altos, en términos de dólares, ahora que a fines de 2002, y las deudas bruta, externa y neta son menores que cuando Fernando Henrique dejó el cargo.

Pero los medios de comunicación, los ministros, los "expertos" y "analistas" del "mercado", insisten en afirmar, a cada momento, exactamente lo contrario, que estamos en completa quiebra, y que la deuda nacional ha explotado, tal vez porque, de hecho, tienen la más flagrante certeza de que realmente han logrado transformarnos a todos nosotros, todos los brasileños, impunemente durante los últimos cuatro años, en una nación populosa de 220 millones de idiotas.

En definitiva, hay una gran diferencia entre las dificultades fiscales momentáneas, en términos históricos, causadas, entre otras cosas, por un desafortunado programa de exención de impuestos que dejó un déficit mucho menor del actual –en parte debido a los sustanciales aumentos salariales para el Poder Judicial y el Ministerio Público aprobados tras la llegada de Temer al poder– y los datos macroeconómicos de un Brasil que ya ha prestado dinero al FMI y ostenta la posición de cuarto mayor acreedor individual de EEUU, como se puede comprobar buscando en Google en el sitio web oficial del Tesoro de Estados Unidos la expresión "mayor treasuries holders".

La razón por la que el gobierno –y el sistema de contrainformación fascista, principalmente en Internet– no se jactan ante la mayoría de la población del excelente nivel de sus reservas internacionales es obvia.

Esta información contradice directamente el mito de que los gobiernos de Lula, Dilma y el PT llevaron a Brasil a la ruina hasta el punto de dejar al país en la indigencia.

Y prácticamente anula la justificación detrás de un programa de privatizaciones apresurado, antidemocrático -porque la sociedad no está siendo escuchada- y antipatriótico, que está entregando Brasil de forma apresurada y a precios de ganga a extranjeros, como ocurrió, por ejemplo, con la venta de la mayor refinería de resina PET de América Latina, recientemente inaugurada por Petrobras, en la que se gastaron 9 mil millones de reales, por solo 1.3 mil millones de reales a capital mexicano a fines del año pasado, causando un perjuicio, solo en este caso, 3 veces mayor que el que teóricamente habría generado Dilma en el caso de Pasadena, si no hubiera sido, en verdad, ya exonerada por el TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión) de esas acusaciones.

O la entrega –a través de un discurso tan hipócrita como traicionero– de las reservas de petróleo del presal a empresas totalmente estatales de otros países como Noruega y China, mientras, para consumo interno, se aboga por la “privatización” de la propia Eletrobras y Petrobras, con el argumento de que el capital privado sería más honesto y competente.

Todo esto, en un país donde, paradójicamente, a partir de una campaña legal plagada de intenciones políticas de primera, segunda y tercera, las bases del capital privado nacional brasileño y de la megaingeniería acaban de ser cínicamente destruidas –y en algunos casos, desnacionalizadas– precisamente porque ambos son considerados fuentes de corrupción y excesivamente dependientes del gobierno.

Son estas mismas razones –mentiras, manipulación y la necesidad de perpetuar el mito de que el PT llevó al país a la quiebra– las que llevan al gobierno y a los medios de comunicación a no mencionar, o intentar ocultar a la mayoría de la población, que Temer y Meirelles heredaron de los gobiernos de Dilma y Lula –cuando asumieron el poder tras el golpe de 2016– un BNDES extremadamente poderoso y eficiente, con cientos de miles de millones de reales en sus arcas.

Recursos que están desviando de las arcas de nuestro mayor banco de desarrollo, enviándolos "por adelantado" al Tesoro, con el pretexto de reducir la deuda pública, cuando ésta es menor hoy que en 2002 y ese dinero casi no hará ninguna diferencia como porcentaje de la deuda respecto del PIB al final de esta estúpida y gigantesca medida de austeridad.

No es necesario recordarle al Ministro de Hacienda –que recibió más de 200 millones de reales en honorarios por "consultorías" en el exterior en los últimos tres años– que el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) fue creado en 1952, durante el segundo mandato de Vargas, para promover el desarrollo económico y social del país, y no para generar recursos para el pago de una deuda pública que, como la nuestra, todavía está en una clasificación media desde el punto de vista internacional –si la deuda pública federal llegó a 3.4 billones en julio, y el PIB del segundo trimestre fue de 1.6 billones (o un poco menos de 7 billones), lo que el país debe equivale a poco más del 50% del Producto Interno Bruto.

No hace falta decir que los bancos necesitan dinero para funcionar, y retirarles esos recursos (en este caso, fondos públicos) equivale a cerrarlos.

Aunque, como en el caso de la idiota justificación de la caída de Dilma por "pedaleo" fiscal, el dinero que está en el BNDES, o en el Tesoro, es del mismo dueño - el pueblo brasileño - y lo que importa no es fingir que son cosas diferentes, sino, al final, gestionar esos recursos, ahorrados en los últimos años, en beneficio de todos los ciudadanos y no para trucos contables para hacerse pasar por buenos para el "mercado".

En un momento en que el país, con más de 14 millones de desempleados, sufre cientos de miles de millones de dólares en proyectos críticos –muchos de ellos estratégicos– paralizados irresponsablemente por decisiones judiciales durante los últimos tres años, y necesita desesperadamente recuperar sus empresas más grandes y más infraestructura y empleos.

La intención de desmantelar efectivamente el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social, estrangulándolo como principal instrumento estratégico de la competitividad brasileña, no sirve sólo a los intereses de nuestros competidores extranjeros.

Esto se alinea con la estrategia –seguida por el actual gobierno desde que asumió- de debilitar también al Banco do Brasil y a la Caixa Econômica, para justificar su privatización, o al menos para “equilibrar” el “mercado”, aumentando la participación de los bancos privados –tanto nacionales como extranjeros- en el sistema financiero nacional.

No es casualidad que Gustavo Franco acaba de declarar, en un seminario en Belo Horizonte, que el Banco do Brasil está listo para la privatización, como tampoco es casualidad que los contratos del programa Minha Casa Minha Vida hayan sido sistemáticamente retrasados ​​por la Caixa Econômica Federal, y se haya anunciado esta semana que las financiaciones para inmuebles usados ​​en la Caixa ahora sólo alcanzarán un máximo del 50% del valor del inmueble a adquirir.

La clase "media", especialmente ese segmento que se identifica como la vanguardia del fascismo en las redes sociales, o bien está asimilando esta noticia entera o probablemente esté bastante satisfecha con ella, así como con otras novedades de este "nuevo" Brasil, ordenado y progresista, como el regreso de los aumentos frecuentes, casi semanales, de los precios de los combustibles de Petrobras a las distribuidoras, rápidamente trasladados por las gasolineras a las distribuidoras, tan comunes en la última década del siglo XX.

Publicado por Mauro Santayana a las 0:30 a. m. 05 comentarios

7 de agosto de 2017

LAS FRONTERAS DE LA SUBALTERNIDAD

Mientras EEUU suspende la exención de visados ​​para 38 países y el número de brasileños a los que se les impide entrar en los aeropuertos europeos –principalmente los españoles– aumenta casi un 10% –fueron 923 solo en el primer trimestre–, todavía hay individuos en las más altas esferas de gobierno que abogan por la exención unilateral de visados ​​para los países llamados "desarrollados", como si tuviéramos que asumir, en el "nuevo" orden mundial, el estatus de ciudadanos de segunda clase.

Con el debido respeto a la industria del turismo, pero...

El diablo está en los "detalles".

El frenesí excitable de los de abajo –que, junto con el servilismo más abyecto, no puede contenerse en este gobierno– necesita comprender que, en las relaciones internacionales, el límite del pragmatismo y el déficit de dignidad es el criterio de reciprocidad.

No debemos asegurar a los demás lo que abierta y oficialmente insisten en negarnos.

Sobre todo cuando somos la quinta nación más grande del mundo en territorio y población y, por mucho que la desinformación fascista y mediática insista en ignorarlo, con más de 250 mil millones de dólares en préstamos, el cuarto mayor acreedor externo individual de EE.UU., por ejemplo.

Esta situación se debe precisamente a las acciones de los gobiernos que están siendo acusados, a la manera de Goebbels, de haber robado y llevado al país a la ruina.

Como decían nuestros antepasados, quien se encorva demasiado acaba enseñando las nalgas.

En el Brasil de hoy, parece que en nuestro trato con los extranjeros actuamos como si estuviéramos casi siempre, sin pudor, en consultas proctológicas permanentes.

Publicado por Mauro Santayana a las 4:14 a. m. 04 comentarios

5 de agosto de 2017

GOERING ESTARÍA ORGULLOSO: CONTINÚAN LOS VIOLENTOS ATAQUES DE EMPIRICUS CONTRA LULA EN LOS CÍRCULOS "EMPRESARIALES".

Uno de los fenómenos más llamativos del proceso histórico que vive actualmente el país es la extensión, profundidad y complejidad que ha alcanzado el amplio esquema de contrainformación fascista montado en los últimos años.

Dirigido a llegar no sólo al público en general, sino también a segmentos específicos de la opinión pública, como los jóvenes, las iglesias (católicas y evangélicas), los terratenientes rurales y los empresarios urbanos, ha operado prácticamente sin oposición desde 2013.

A falta de planificación táctica, estrategia, determinación o coordinación, la izquierda, que podría servir de alternativa a este discurso, reacciona, junto con el campo nacionalista y demócrata, de una forma tan lamentable y errática que las derrotas se suceden una tras otra con gran velocidad y facilidad, como ocurrió con el golpe jurídico-parlamentario-mediático de 2016.

No existe ningún frente pro democracia en Brasil.

No existe en el país un comité de comunicación estratégica que pueda, al menos en parte, llenar el vacío dejado por este frente, o convertirse en su brazo más activo en la defensa de la Verdad, la Libertad, el Estado de Derecho y la Constitución.

Ni siquiera una coordinación jurídica nacionalista y desarrollista que pudiera mínimamente restablecer la justicia y enfrentar el verdadero tsunami de calumnias que produce mendazmente el sistema manipulador, sumiso y fascista, en sus molinos de viento, alimentado incesantemente por el odio, la mentira y la hipocresía.

Y ni siquiera existen grupos de monitoreo dignos de ese nombre, para al menos mapear lo que está sucediendo en este contexto, en internet y en los medios tradicionales.

Cada 24 horas, en las esferas económica e institucional, bajo el pretexto de buscar la austeridad – ahora ridiculizada por los más de 3 mil millones de reales en enmiendas parlamentarias aprobadas por el gobierno – que disfraza y sostiene la entrega de la nación a los extranjeros, y bajo la supuesta defensa de la honestidad que justifica, mediante el discurso del combate a la corrupción, la destrucción de Brasil, se generan libre y masivamente cientos de ataques (miles, si incluimos las redes sociales) al Estado, a la Democracia y a la Política – en los medios de comunicación, en los órganos de control, justicia y seguridad de la República, en las entrañas de una plutocracia sin ninguna visión geopolítica ni un mínimo de sensibilidad estratégica ante el tamaño y la historia del país que está destruyendo irresponsablemente.

A las grandes empresas nacionales y a nuestros bancos públicos, que podrían servir de instrumentos para enfrentar la crisis en la que nos han sumido la propaganda, la conspiración y el sabotaje golpista desde los tiempos del Mundial, distorsionando descaradamente la verdad, invirtiendo la realidad de los hechos y creando mitos tan mendaces como absurdos.

Falsos paradigmas se propagan, como semillas de odio que brotan al tocar el suelo –como si nos hubiera dominado un complejo de inferioridad ciego, orgásmico y orgiástico–, alcanzando a millones de brasileños, en los más diversos nichos de la sociedad y regiones del país, mediante la constante repetición en las incansables "postventa" de la "posverdad", cumpliendo su misión de debilitar y destruir el Estado, desnacionalizar la economía y nuestros principales instrumentos de desarrollo, y ayudar a entregar, quizás definitivamente, el país al fascismo, envuelto en papel de regalo, en las próximas elecciones.

Para lograrlo, la alianza entre la derecha "light", el anticomunismo crudo y anacrónico y el servilismo más abyecto a los intereses extranjeros, que han encontrado terreno fértil en Brasil en los últimos años, alimentado por el prejuicio y la ignorancia, no utiliza sólo los medios de comunicación de masas, la punta más visible del iceberg que hunde al país.

Pero también los métodos e instrumentos más insidiosos, desarrollando estrategias específicas para cada tipo de público, a través de instituciones vinculadas a intereses extranjeros, como las conexiones entre la MBL y los hermanos Koch, por ejemplo.

Hay conferencias y cursos de formación de “liderazgo” promovidos y financiados por consulados y embajadas extranjeras, de países que nos espiaron incluso en esta década.

Existen "seminarios" organizados por institutos y fundaciones que "defienden" la "justicia" y la "democracia", que no sólo llevan a nuestros jóvenes a otros países, facilitando sus viajes y estudios mediante "becas", sino que también los promueven y premian con placas, diplomas, medallas, baratijas, fiestas y conferencias pagadas, por su fiel, abyecta y valiosa "cooperación" cuando alcanzan algún poder en sus carreras.

Hay cientos de sitios web sofisticados, sin fuentes claras de financiación, así como empresas de "consultoría" e "investigación" que, bajo el pretexto de proporcionar información al mercado y a los inversores, se dedican al más descarado proselitismo político y antinacional.

Esto sucede sin que ellos sean molestados o obstaculizados, la mayoría de las veces, ya sea por las autoridades o por aquellos que son calumniados sin piedad y constantemente por ellas.

Utilizando campañas mediáticas saturadas y extremadamente caras para atraer a los incautos al océano de los brasileños comunes, campañas que, debido a su alcance y difusión, deben involucrar millones de reales, principalmente en Internet.

Ahora bien, cualquiera que tenga un conocimiento básico de historia sabe que, desde el principio de los tiempos, la mentira y el miedo han sido las dos principales muletas del fascismo.

Las utiliza para recorrer el camino, pavimentado por la desinformación y el analfabetismo político, que habitualmente lo lleva al poder, para finalmente calzarse, sin abandonarlas como soporte para equilibrarse, las pesadas botas del terror y del autoritarismo.

Cuando está en la oposición, la falsedad y el prejuicio sirven al fascismo para alentar golpes de Estado.

En esa situación, para evitar que fuerzas que pudieran oponérsele suban nuevamente al poder.

En febrero de 2015, en un artículo que les recomendamos leer de nuevo, publicado en la Revista do Brasil y titulado "El 'fin' de Brasil", denunciamos la implementación —en tono de "Tengo miedo", ¿recuerdan?— de una amplia campaña mediática, dirigida principalmente a círculos empresariales, disfrazada de venta de un informe económico, que afirmaba —como parte de una estrategia para difundir y justificar el golpe— que Brasil "quebraría" ese año.

Detrás estaba una empresa de "consultoría" cuya principal misión en los últimos años ha sido explotar y apoyar abiertamente el sentimiento anticomunista y antipetista en Brasil, empleando el más vulgar sensacionalismo y el terrorismo económico descarado, la misma estrategia que utiliza en otros "mercados", como Portugal, por ejemplo.

No sólo negando los logros que el país haya podido alcanzar en la última década, sino principalmente atemorizando a un público económicamente ignorante, susceptible y contaminado ideológicamente por el discurso conservador, privatizador, sumiso y antibrasileño predominante.

Amenazándolo con la perspectiva de que regrese al poder un gobierno nacionalista capaz de devolver al país, mediante un programa de desarrollo, a una posición mínimamente soberana y digna a los ojos del mundo.

Ahora, utilizando la misma estrategia, ya denunciada, entre otros, por Fernando Brito, Tereza Cruvinel y Denise Assis – la de presentar un discurso descaradamente político, en su forma y consecuencias, como pieza de propaganda para un pseudo "análisis exclusivo" – esta misma empresa, EMPIRICUS – socia del sitio Antagonista y de Agora.inc, de EE.UU., y ya demandada por la CVM (Comisión de Valores Mobiliarios) y el Ministerio Público de São Paulo – está promoviendo otra campaña multimillonaria, que, en lugar de "EL FIN DE BRASIL", utiliza como atractivo la advertencia "LA AMENAZA QUE PODRÍA ARRUINAR EL PATRIMONIO DE SU FAMILIA".

En ella, utiliza como principal gancho el regreso de Lula -que llevó a Brasil de la decimotercera economía del mundo a la sexta, y hoy todavía novena posición, saldó la deuda con el FMI, triplicó el PIB y multiplicó por diez las reservas internacionales hasta 340 mil millones de dólares- a la Presidencia de la República y defiende también, en otra pieza de propaganda, la condena definitiva del ex presidente como factor de mejora de la situación para los inversores.

En homenaje a Goering (Goebbels era más sofisticado), vale la pena leer el facsímil de esta estafa en su totalidad:

Ahora queda ver qué podrá hacer el PT (Partido de los Trabajadores) al respecto.
El lector deberá elegir entre las opciones que se indican a continuación, tal como se hace en los exámenes del Ministerio Público:

a) Convocar a algunos economistas serios y estimular la creación de una consultora que compita –al menos institucionalmente– con Empiricus y que pueda finalmente explicar a los inversores –y a una parte del público– qué ha sucedido realmente con la economía brasileña desde 2002.

b) Que alguien haga un estudio exhaustivo de los "informes" de EMPIRICUS de los últimos años y demuestre que, entre los supuestos 1.6 millones de "lectores" que lo siguen, muchos desperdiciaron dinero -como en el caso de las acciones de Petrobras- dejándose contaminar ideológicamente y cayendo en sus promesas vacías.

c) Perseguir –como lo ha hecho en el pasado- esta pseudoconsultoría ante el TSE por campaña electoral prematura (o desinformación).

d) No hacer absolutamente nada, porque se trata de un caso típico de libertad de expresión, o porque "es irrelevante", como dice cierto juez "imparcial" de Curitiba.