Temer en la televisión cree que está "lucrando" con los militares; mañana, en la avenida, será el hazmerreír.
Se anuncia que Michel Temer dará un discurso televisado esta noche, con la intención de elogiarse por haber decretado la intervención federal en el sector de seguridad de Río de Janeiro. Mañana, su doble, el barco neoesclavista "Vampiro", será objeto de burla en el Desfile de Samba. Uno es la razón de ser del otro", afirma el periodista Fernando Brito en Tijolaço.
Por Fernando Brito, en Tijolaço - Para esta noche está previsto un discurso televisado de Michel Temer, en el que pretende elogiarse por haber decretado la intervención federal en el sector de seguridad de Río de Janeiro.
Mañana, su doble, el barco neo-esclavista "Vampirão", será objeto de burlas en la ruta del Desfile de Samba.
Uno es la razón de la existencia del otro.
Es el desprecio público que se le muestra –algo se le muestra, después de todo– lo que dirige sus acciones, porque verse a sí mismo tan despreciable como realmente es perturba y nubla su mente.
Michel Temer es un hombre vanidoso que busca aplausos pero sólo recibe abucheos, lo que lo convierte en un elemento peligroso para el país y para la democracia.
Cree que va a sacar "ganancias" con las extravagantes operaciones militares que nos esperan –sí, porque es necesario dar una forma "visual" a la intervención.
Error típico de un desquiciado. El agua, en realidad, favorece a Jair Bolsonaro, porque ayuda a difundir la ilusión de que las tropas pueden acabar con el crimen.
Pero a Temer le basta con que esto sirva de pretexto para resolver sus asuntos pendientes con la Policía Federal, y que los mediocres "intelectuales" digan que "había que hacer algo porque se estaba descontrolando". Obviamente, esto no ha dejado de descontrolarse durante los siete meses que llevamos autorizados los operativos militares contra el crimen.
La intervención no tiene nada que ver con el uso de fuerzas militares en apoyo de la seguridad, que, como hemos visto, fue autorizado y practicado desde finales de julio, con la llamada "Garantía de Ley y Orden" que, evidentemente, no tenía garantía alguna.
La diferencia radica en que el razonamiento principal es entregar la vida civil al "control" militar. O al mando militar, para ser más claro.
Se espera que los mandos militares –hay que reconocer que no son muy dados a la subjetividad– comprendan que están siendo manipulados por un proyecto político autoritario y que no se dejarán, como los manifestantes títeres, guiar por los hilos del poder real.
Con uniformes verdes en lugar de camisas amarillas y fusiles en lugar de ollas y sartenes, y con Jair Bolsonaro como caricatura, los militares y sus instituciones, al final, terminan heridos en la tarea que siempre se les encomienda: "atar la vaca para que otro la ordeñe".